CAPÍTULO 34

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De pronto la lluvia cayó con furia

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De pronto la lluvia cayó con furia. Una fuerte ráfaga de viento chocaba contra las paredes y ventanas del lugar haciéndolas vibrar. Las luces comenzaron a tiritar unos segundos hasta que se apagaron por completo, haciendo que la oscuridad se apodere de la habitación. Y ahí estaba yo, con una ansiedad inexplicable. Mi corazón latía con fuerza mientras mi frente y mis manos se empapaban de sudor. Me sentía confundida y engañada. Sentía una furia inmensa correr por mis venas.

-Cálmate por favor. –Suplicó la castaña con terror.  La misma que se decía llamar Anabett. La misma que hace unos segundos confesó ser mi hermana. –Lastimaras a alguien, tranquilízate por favor.  –Imploró mientras miraba con pavor el huracán que arrasaba todo a su camino. Sentí una impotencia inmensa, quería que ella desapareciera, no aguantaba soportar la idea de que ella tuviese parentesco conmigo. Eso era imposible.

-Déjame en paz. –Espeté mientras sentía una energía oscura correr por mis venas. La tormenta empeoró. Las personas que se encontraban dentro de la cafetería gritaban y corrían hacia sus autos con el objetivo de  despejar el lugar y refugiarse. Todo era un caos pero por alguna razón yo no sentía pánico. La ráfaga de viento se agravó haciendo temblar de manera violenta las ventanas y las tejas del techo.

-¡Cálmate Lunn! –Exclamó con el terror pasmado en sus grandes ojos avellana. Estaba loca, eso ocurría. Yo estaba loca, esto no puede estar ocurriendo. Es todo resultado de mi imaginación, yo cree esto y quería que todo desapareciera inmediatamente. Una sonora carcajada estalló de mis labios sin pizca alguna de gracia, mi cuerpo se relajó y la tensión disminuyo. Automáticamente el huracán cesó.

-¿Lunn? –Exclamé con un tono amenazante mientras daba unos pasos hacia Anabett. -¿Me acabas de llamar Lunn? –Tenía unas ganas inmensas de darle una cachetada para hacerla entrar en razón.

-Lunnael  Langel, esa eres tú. –Al oír sus palabras las ganas de agredirla aumentaban. Definitivamente si ella no entraba en razón yo terminaría arrancándole los pelos por confundirme con la persona más despreciable del planeta.

-Soy Jazmine Colbeck. –Respondí con seguridad mientras levantaba mi mentón y la desafiaba. –Si viniste hasta aquí para fastidiarme solo vete antes de que mi paciencia se acabe. –Inquirí mientras me proponía a salir de aquel lugar.

-¿No recuerdas el pasado? ¿Nuestra infancia, nuestra familia, nuestro hogar? –Inquirió ella haciendo que un hielo recorriera mi columna dorsal mientras unas piezas se armaban en mi cabeza trayendo recuerdos a mi mente. Recuerdos que nunca antes había tenido.

-¡Oye, corres muy rápido espérame! –Dije con una voz  aguda mientras corría detrás de una niña hermosa de cabellos color café.

-¡Apresúrate Lunn! –Exclamó la niña mientras corría hacía el bosque. -Nuestra madre nos regañará si nos demoramos. –Intenté alcanzarla pero en mi trayecto tropecé con una roca y caí cerca de un charco de agua. Antes de levantarme observé mi reflejo en el agua. La imagen de una niña preciosa de cabellos rubios con la carita sucia se plasmó en el agua. Era yo…

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