CAPÍTULO 13

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Sentía cada parte de mi cuerpo completamente adolorido, como si me hubieran maltratado y luego habrían cortado cada parte de mi cuerpo para después volver a coserme con un hilo de muy mala calidad

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Sentía cada parte de mi cuerpo completamente adolorido, como si me hubieran maltratado y luego habrían cortado cada parte de mi cuerpo para después volver a coserme con un hilo de muy mala calidad.

Sí, así de mal me sentía. Mi cabeza iba a estallar en cualquier momento como una bomba de los nazis. Mi cuerpo se sentía absolutamente sin energía. Abrí mis ojos con muchísima dificultad. Todo daba vueltas y se veía borroso. Forcejeé mis ojos intentando ver nítidamente mi alrededor, pero todo daba giros y me resultaba casi imposible.

Pestañeé varias veces y visualicé una camilla enfrente a la mía en donde una chica completamente idéntica a mí se encontraba con los ojos cerrados. Era absolutamente igual a mí a diferencia de su melena, ella la tenía de un color café oscuro mientras yo la tenía rubia. Intente levantarme de golpe pero un fuerte tirón en mis muñecas me detuvo. Mire mis muñecas y vi que estaban esposada cada una por el tubo de hierro de la cama.

Me estremecí al ver que un suero de sangre estaba conectado a mi cuerpo y al de aquella chica. Era mi sangre. Yo le estaba dando mi sangre a aquella chica, y no era bajo mi voluntad.

¿Qué clase de experimento macabro era esto?

Estaba espantada, sí. Pero la rabia consumió al miedo. Me enfurecí. Sea la persona que sea no tenía el derecho de hacerme esto. No tenía mi consentimiento, ni nunca lo tendría. No iba a ser la rata de laboratorio de nadie.

Forcejeé las esposas de hierro intentando liberarme pero resultaba imposible. Me retorcí como una lombriz que se estaba chamuscando en el sol, intente liberarme de todas las maneras posibles, pero simplemente resultaba imposible. De repente sentí un fuerte pinchazo en mi brazo. La vista se me nublo y todo se volvió negro hasta que perdí el conocimiento.

-¿Jay? Despierta osa dormilona -una voz familiar me llamaba, pero me resultaba casi imposible abrir mis ojos. -MALDITA SEA JAY DESPIERTA ¿ACASO ESTAS ENFERMA? -El grito me desconcertó haciéndome despertar de golpe, pero al ver la cara de mi padre enfrente de mí, me tranquilice. Un alivio recorrio mi cuerpo.

Fue sólo una pesadilla.

-Hola... -mi voz fue apenas un susurro. No tenía fuerzas para hablar, me sentía muy débil. Mi padre me miro entrecerrando los ojos.

-¿Te sientes bien? -su voz denotaba preocupación.

-Si... solo tengo mucho sueño -Mentí, obviamente.

-Está bien, puedes seguir durmiendo si quieres solo vine a despertarte porque Iam vino a verte, pero puedo decirle que venga más tarde si quieres. -Mi padre se levantó del borde de mi cama y se dirigió a la puerta.

¿Iam vino a verme?

De pronto sentí una energía recorrer mi cuerpo y rápidamente respondí.

-Ya bajo, me cambiare y bajo. -Mi padre asintió y luego cerró la puerta marchándose.

Me froté los ojos un poco confundida. ¿Porqué tuve esa horrible pesadilla? Daba igual. Me encogí de hombros mientras me decía a mí misma que tenía que dejar de ver tantas películas de terror que me hacían alucinar y tener pesadillas como una enferma mental.

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