Capítulo 24

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El día estaba bastante caluroso

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El día estaba bastante caluroso. Podría decirse que el invierno por fin había culminado. Al fin podría tostarme en el sol como un pollo y descartar mi piel de albina. 

Observé por la ventana y el sol me cegó dejándome con los ojos de chinita. Cerré la cortina intentando bloquear los rayos del sol. Caminé hasta mi espejo y me observé detenidamente. Estaba más flaca de lo normal, ¿Un punto a mi favor?. Estaba demasiado blanca, ¿Un punto en mi contra? Mi cabello estaba más largo y ondulado como si hubiera utilizado la onduladora en mi pelo. Tenía un brillo dorado que hacía que llamara la atención más de lo normal. Mis ojos almendrados estaban muy expresivos, mis pestañas estaban más negras y largas. Mis labios estaban de un color rosa muy bonito. Definitivamente, hoy había amanecido arrasadora.

Es día de conquista gata seductora.

Sonreí mientras me colocaba un vestido de color turquesa que llevaba un moño de color negro en la cintura, resaltando aún más mis curvas. Me coloqué unos tacones negros de mediana altura, que dejaban mis piernas más largas y atractivas. Recogí mi pelo en una coleta alta dejando caer algunos mechones en mi rostro. Me maquille de manera natural para no parecer un panda andante por la ciudad. Y por último, me coloqué la cadena que había tomado prestado de Iam.

En realidad se la robaste.

Hice unas poses seductoras que más bien parecía un bambi drogado tratando de quedarse en pie. Salí de la habitación y saludé a mi padre con la voz más cantarina y alegre que podría haber salido de mí.  Camine hasta la puerta principal y salí al patio. Una luz cegadora me atacó, el dia estaba demasiado claro para mi gusto.

-Hola chuck. –Saludé al perro negro de mi padre mientras le acariciaba la cabecita. El perro movía su colita como si fuera el día más feliz de su vida. Caminé hasta el auto y coloqué las llaves para encenderlo.

-¿A dónde vas? –Una voz familiar me habló en la ventanilla del auto. Me giré rápidamente a mi izquierda para visualizar a la persona que me había dirigido la palabra y me encontré con unos ojos mieles bastante familiares.

-¿Scott? –Pronuncié con desconcierto.

¿Qué carajos hace él en mi casa?

-Hola Jay, vine a buscarte. –Una sonrisa hermosa se enmarcó en sus labios. Abrió la puerta del conductor y me tomo de la mano para ayudarme a bajar del auto.

-¿Por qué me buscabas? ¿Cómo sabias mi dirección? –Miré a mí alrededor observando si alguien más se encontraba en aquel lugar. Pero no había absolutamente nadie más. Ni siquiera pude encontrar el vehículo de Scott. -¿Cómo llegaste aquí?

-Demasiadas preguntas Jay –Me tomó de la cintura pegándome a su cuerpo. Automáticamente me tensé por completo e intenté alejarme de él pero su agarre era demasiado fuerte. –Tranquila no te haré daño, solo cierra los ojos.

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