CAPÍTULO 12

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-Vamos a la fiesta de la costa ¡por favor te lo suplico! Te prometo que haré lo que quieras por toda una semana

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-Vamos a la fiesta de la costa ¡por favor te lo suplico! Te prometo que haré lo que quieras por toda una semana. -Pam estaba empezando a ser un absoluto fastidio para mí. Revoleé los ojos y le rogué a Dios paciencia para seguir soportándola.

-Ya te dije que no quiero ir. -Repetí por décima vez. Vi como hacia un berrinche con sus manos mientras entraba a la cafetería.

Nos sentamos en una de las mesas más lindas y cómodas de todo el lugar que prácticamente ya tenía nuestros nombres escritos. Aproximadamente hace cuatro años que frecuentamos esta cafetería y siempre, sin excepciones, nos sentábamos en el mismo lugar, a lado de la ventana obviamente.

-¡PORFAVOR JAY! SOLO POR ESTA VEZ -gritó y la miré paranoica pues todos nos miraban como si fuéramos dos locas eufóricas. Pam estaba de cuclillas enfrente mío con las manos cruzadas. -No me levantaré hasta que me digas que sí.
Rodé los ojos y la fulminé con la mirada. Era tan caprichosa.

-Está bien, pero si esta vez me dejas plantada te juro que te estrangularé con mis propios dedos.

-¡Entendido! -Alzó sus manos en el aire inocentemente. Revoleé los ojos.

Definitivamente tienes que parar de rodar los ojos o te quedarás bizca.

-Ahora regálame una donas y un chocolate caliente para cerrar el trato. -Dije sonriente. Ella revoleó sus enormes ojos avellanas.

-¡LUKE! -gritó ella llamando la atención de uno de los meseros del local, él se acercó con una sonrisa en sus labios mientras nos saludaba con una mano. -Mi amiga gorda quiere una caja de donas y un chocolate caliente -la miré mal. Luke rió y tomo su libreta.

-¿Sólo eso chicas? O se les ofrece algo mas -pregunto mientras iba anotando el pedido en su libreta.

-Y yo quiero un pedazo de tarta de frutilla y un café -Inquirió ella mientras jugaba con unos de sus mechones negros. Él asintió mientras iba anotando todo en su libreta y luego se alejó.

-¿Crees que deba comprarme un vestido para la fiesta o llevo uno de mi armario nada más? -dijo ella con preocupación mientras yo me encogía de hombros dándole a entender que daba igual. Giré mi cabeza hacia la ventana y me quedé allí con la mirada perdida hasta que algo llamo mi atención. Una camioneta negra aparcó y un chico de cabello negro y ojos azules bajó de ella. Sabía perfectamente quien era él. Se dirigió a la puerta de la cafetería y entró.

-Aquí están sus pedidos señoritas. -el mesero puso mi chocolate caliente y mis donas enfrente mío mientras seguía mirando al chico de ojos azules.

-Gracias -respondió Pam amablemente mientras el mesero se iba. -¿Qué carajos miras? -dijo ella mientras dirigía su mirada en la misma dirección que la mía.

-Nada. -respondí rápidamente, pero ya era tarde ella lo había visto.

-¡Oh por dios! ¿De donde mierda salió ese galán de Hollywood? Tiene que ser mío -Espetó ella mientras lo miraba seriamente. Fruncí el ceño y reí. En el momento en que reí él poso sus ojos en nosotras. ¡Se veía tan lindo!

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