CAPÍTULO 32

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Después de traer a la abuela a la casa Iam había desaparecido, como de costumbre

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Después de traer a la abuela a la casa Iam había desaparecido, como de costumbre. Mi abuela no había parado de hablar de Iam durante todo el almuerzo y mi madre me había preguntado cómo unas diez veces quien era el bendito Iam por el que la abuela no paraba de parlotear. Obviamente le mentí y dije que era un compañero de la preparatoria con el cual me había encontrado y decidí darle un aventón por simple amabilidad. La abuela por su parte se dispuso a comentar con emoción todas las historias aburridas sobre la antigüedad que Iam le había contado.

Después del aburrido almuerzo subí hasta mi habitación y me coloqué una chaqueta pues el clima comenzaba a refrescar, al parecer esta noche se vendría un huracán bastante escalofriante. Tomé mi celular junto con mis auriculares y me dispuse a escuchar unas canciones lentas, me recosté sobre mi cama mientras cerraba mis ojos dejándome llevar por la calma de la canción.

Un castillo blanco en lo alto de la montaña rodeado de niebla. Eso fue lo primero que vi al llegar a ese extraño lugar que parecía sacado de una película de terror con una pizca de fantasía. Un camino de flores blancas me guió hasta dentro del castillo, extrañamente me sentía atraída a ese lugar. Al entrar sentí el aroma de las velas de los preciosos candelabros que colgaban del techo, el lugar llegaba a ser irreal de lo hermoso y delicado que se veía. Un espejo colgado en una de las paredes llamó mi atención, me acerqué hasta quedar frente a él y vi mi reflejo. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Estaba vestida con el mismo vestido que Lunn llevaba en la foto que Pam había encontrado en la habitación de Iam.

-Ayudame… -Una voz femenina susurró detrás de mi. Me giré rápidamente para ver al individuo que había hablado. Me quedé atónita.

-Tu… -Tartamudeé mientras trataba de controlar el terror que recorría mi cuerpo. Frente mío estaba parada una chica idéntica a mi con cabellera castaña. Tenía una expresión dura, una mirada perdida y su piel se veía demasiado pálida, como si estuviera viendo a un fantasma. Sabía perfectamente quien era ella, incluso los recuerdos de aquella vez en la que fui secuestrada volvieron a mi mente. Aquella vez yo la había visto, ella era Anabett.

-Tienen que ayudarme… -Volvió a murmurar mientras yo trataba de alejarme de ella y correr pero me era imposible, sentía como si mis piernas no respondían, estaba paralizada. Anabett dio un paso hacia mí y el pánico aumento en mí haciéndome temblar, cerré mis ojos y sacudí mi cabeza con fuerza deseando desaparecer de aquel lugar. De pronto oí una canción de fondo. 

“Heathens” de Twenty one pilots sonaba en mis oídos a través de mis auriculares, abrí mis ojos de golpe y visualicé mi habitación. Suspiré mientras intentaba tranquilizarme. Solo había sido un sueño, un muy mal sueño.  Miré por la ventana y me percaté de que ya había oscurecido y estaba lloviendo. Busqué mi celular debajo de mi almohada y miré la hora, eran las ocho de la noche. Me maldije por dentro mientras me levantaba torpemente de mi cama. Había quedado con Iam de vernos después del almuerzo, pero viendo el inconveniente de que me quedé dormida nuestro encuentro no pudo ser.  Rebusqué entre mi ropa unos pantalones pues los pantaloncillos cortos que llevaba puestos me helaban las piernas. Después de unos segundos rebuscando me topé con una fotografía dentro de mi armario. Era la fotografía que Pam había encontrado en la habitación de Iam. De pronto sentía como la sangre se me helaba al recordar mi sueño y lo idéntica que me veía a aquella fotografía.

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