𝟒𝟒. 𝐌𝐄 𝐄𝐒𝐓𝐀𝐒 𝐒𝐀𝐋𝐕𝐀𝐍𝐃𝐎

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⪻ 𝐀𝐫𝐢𝐚𝐧𝐧𝐚  ⪼

Desde que subí al auto mi corazón parece estar descompuesto, mi pecho sube y baja varias veces por minuto, mis uñas quieren clavarse en el forro de los asientos y el cinturón de seguridad no me brinda mucha confianza, ese accidente más que dañarme físicamente me dejó miedo y no sé cuánto vaya a tardar en liberarme de el.

Enzo me conoce y sabe que estoy aterrada, posa su mano sobre mi pierna y ese gesto es suficiente para pausar el huracán que se formó en mi mente.

Estoy distraída observando el camino o, mejor dicho, alerta, como si tuviera poderes mentales para evitar cualquier accidente, quiero sonreír por las tonterías que pienso pero Enzo se ha desviado.

—¿A dónde vamos?, debías dar vuelta a la derecha —sonríe sin apartar la vista del frente.

—Dije que te llevaría a casa —

—Por eso, te pasaste —

—Vivirás conmigo Ari, en el departamento —dice con bastante seguridad y parece que no tengo derecho de apelación.

Me considero una persona independiente, mucho de hecho, desde pequeña me ha gustado realizar las cosas por mi misma, sin ayuda de nadie, me satisface mirar hacia atrás y apreciar todo lo que he logrado pero con una pierna rota y un brazo en las mismas condiciones me impedirá valerme por mí misma, sólo que no quiero incomodarlo.

—¿Por qué tomaste esa decisión?, ni siquiera me lo consultaste —

—¿Cuánto medía la habitación del hospital? —frunzo el ceño, no entiendo que relevancia tiene en la conversación.

—No lo sé, a pesar de estar semanas ahí no me di la tarea de pensar en eso, ¿qué tiene que ver? —

—Pudiste caminar en la habitación sin ningún problema, ir al baño, ducharte, pero en tu casa caben mínimo seis habitaciones de esas, no te dejaré sola —

—Entiendo que te preocupes pero puedo hacerlo —

—Sé que puedes, pero será más fácil si tienes a alguien que te ayude, lo siento pero esta vez no cederé ante tus peticiones —me mira y sonríe.

♣︎

Entramos al ascensor, presiono el botón que tiene marcado el número siete, el movimiento repentino me desestabiliza y de pronto recuerdo aquel día que también tuve un mareo solo que la causa fue producto de algo que ya no existe, parpadeo varias veces intentando que las lágrimas que se formaron no caigan por mi mejilla.

Nos detenemos pero es el piso número cinco, las puertas de abren y dos chicas entran, me miran de arriba a abajo y murmuran entre sí, intento no prestar atención pero intuyo de que están hablando, es un momento incómodo, el oxígeno parece no ser suficiente y como si Enzo tuviera la capacidad de leer mi mente toma mi mano otra vez y todo esa ansiedad se esfuma.

Las puertas se abren y salgo lo más rápido que puedo, por un momento creí que nadie recordaría ese vídeo pero me equivoqué, es tan jodido que cualquier cosa sea suficiente para ser juzgada igual que una bruja de Salem.

—Bienvenida a su hogar, señorita Álvez —sonrío ligeramente.

La puerta se abre y lo primero que observo es a mi pequeña gatita, un picor se instala en el tabique de mi nariz, Aranza está más delgada, muchos dicen que los animales no tienen conciencia pero estoy segura que su corazón es más valioso que el de un montón de humanos.

—Matías me ayudó a cuidarla pero no quiere comer bien —me siento en el sofá y Aranza rápidamente se sube en mis piernas.

Mientras la acaricio mi llanto se desborda, en mi mente le pido perdón por haberla dejado tantos días.

Enzo nos mira desde el otro sofá, sus ojos se cristalizan pero antes de que sus lágrimas se asomen se levanta y entra al baño.

♣︎

—No soy el mejor cocinando pero me esforcé —pone un platillo con pasta bolognesa frente a mí.

—Se ve deliciosa, ya no soportaba más gelatina —llevo un poco de pasta a mi boca, cierro los ojos, el sabor es exquisito.

—¿Te gustó? —asiento.
—Te eché de menos —bajo la mirada y de a poco dejo de masticar.

♣︎

Enzo me entregó una maleta con algunas de mis pertenencias, ropa, zapatos, maquillaje, todo excepto mi cepillo de dientes, no sé cómo decirle que lo olvidó pero tampoco quiero pasar la noche sin lavarme los dientes.

—¿Te faltó algo? —

—Mi cepillo de dientes —

—Iré por uno, no tardo, ¿necesitas algo más? —niego con la cabeza, luego toma las llaves y sale.

Mientras Enzo regresa preparo un cambio de ropa para usar después de bañarme, tomo las muletas y me dirijo al baño.

Pienso en una técnica para no mojar las férulas pero no encuentro ninguna, suspiro profundamente y exhalo por la boca, me siento tan inútil.

Enzo ha regresado y aún estoy observando la regadera, como esperando que una luz celestial me ayude.

—¿Qué haces ahí? —deja las llaves y se acerca de prisa.

—Quiero bañarme pero no sé cómo hacerle —

—Puedo ayudarte —lo pienso por unos segundos, me ha visto desnuda pero en otras circunstancias.

♣︎

El agua tibia sale por los orificios de la regadera, estoy sentada en una de las cuatro sillas que hacen juego con el comedor, los dedos de Enzo están entre las hebras de mi cabello, el olor del shampoo es delicioso, dulce pero no empalagoso.

Justo frente a nosotros está un espejo redondo, observo nuestro reflejo pero su rostro lleno de concentración me tiene atrapada, se encarga de cubrir la esponja con suficiente jabón y luego la pasa por mi piel, sin prisa, con delicadeza, como si tuviera entre sus manos algo tan frágil, y lo soy.

—Gracias —me mira a través del espejo.

—¿Por qué? —

—No sabes lo mucho que significa que estés aquí —está enjuagando mi cabello así que aprovecho para liberar mis lágrimas y que se combinen con el agua jabonosa.

—¿Lavando tu cabello? —intenta bromear.

—Haces mucho más que eso, me estás salvando —cierra la llave y se hinca frente a mí, luego toma mi mano.

—Nos salvamos juntos Ari, no importa cuánto tiempo nos lleve, estaremos bien, sólo quédate conmigo amor, es lo único que necesito.


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𝐄𝐍𝐙𝐎 𝐕𝐎𝐆𝐑𝐈𝐍𝐂𝐈𝐂 - 𝐔𝐍𝐍𝐎𝐓𝐈𝐂𝐄𝐃 𝐄𝐒𝐒𝐄𝐍𝐂𝐄Donde viven las historias. Descúbrelo ahora