𝟒𝟐. 𝐓𝐈𝐄𝐌𝐏𝐎

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⪻ 𝐀𝐫𝐢𝐚𝐧𝐧𝐚  ⪼

A lo lejos escucho las olas del mar, percibo el sonido que ocasiona el agua cuando va y viene, parece que está en calma, recuerdo el último día que papá me llevó a la playa, tenía seis años, lo enterré en la arena mientras que mamá llenaba de bloqueador cada centímetro de su piel.

Mi risa se combina con la de mis padres, la arena masajea mis pies y los rayos del sol se impactan en mi cabeza, miro a mi alrededor, lo tengo todo pero de pronto el mar es más agitado, las olas son estruendosas y una nube gigante se ha interpuesto entre el sol y mi coronilla.

Papá no está, mamá parece no escuchar mis sollozos, estoy asustada, el aire frío seca mi traje de baño, mis dientes chocan y mis pequeñas manos intentan darme calor pero es inútil.

Quiero abrir los ojos pero mis párpados son tan pesados igual que mi cabeza, hay una luz blanca, el techo es blanco y las paredes son del mismo tono, no sé dónde estoy, lo último que recuerdo es la lluvia y aquella luz verde.

Ladeo ligeramente mi cabeza, hay un hombre acostado en el sofá, entrecierro los ojos y logro aclarar mi vista, es él.

Observo mi mano derecha, tengo un catéter y alrededor de este hay moretones, un sonido constante llama mi atención, nunca había escuchado algo así más que en las películas.

Mi mente empieza a mostrarme algunas escenas, la mirada de Enzo llena de decepción, mis sollozos, la lluvia cubriendo el parabrisas y los murmullos de diferentes personas.

Llevo mi mano hasta mi vientre, como si se tratara de un transductor, necesito saber que él o ella está bien.

—Enzo... —abre sus ojos y se levanta rápidamente, ya no percibo decepción en su mirada, ahora es tristeza.
—¿Dónde estoy? —

—Tuviste un accidente, amor  —

—Enzo, yo... escucha, necesito que vayas por el doctor, necesito preguntarle algo —no quiero decirle nada, más bien no sé cómo hacerlo.

—Ari, tranquilízate, no quiero que vuelvan a hacerte dormir —algunas lágrimas caen por la comisura de mis ojos.

—No, Enzo, yo, fui a tu departamento porque necesitaba explicarte lo que pasó en realidad con Santiago —

—No tienes que explicarme nada, sólo necesito que estés tranquila —su mentón tiembla y su voz se entrecorta.

—Es que no me estás entendiendo, también necesitaba contarte algo, algo importante —baja la mirada y segundos después rompe en llanto.

El monitor cardíaco sigue marcando mis latidos y no entiendo porque lo hace, no siento mi corazón, no siento nada, no es necesario que Enzo me lo diga, sé que ya no está aquí, se ha ido.

Cuando alguien muere te cuesta dejarlo ir, es demasiado doloroso despedirte pero en esa oscuridad hay una luz reconfortante, los recuerdos, recuerdas el rostro de esa persona, su voz, hay fotografías y pertenencias que contienen su esencia, su olor, seguirá contigo por un rato más, pero ¿cuál será mi luz reconfortante? ¿qué recuerdos me quedan?...

Nunca lo conocí, no ví su rostro ni escuché su voz, no hay fotografías ni pertenencias que contengan su esencia, su olor, nada me queda.

Ser madre no estaba en mis planes pero en el momento que aquella prueba arrojo positivo me sentí completa y justo ahí caí en cuenta de que las mejores cosas no se planean.

—Perdóname —Enzo levanta su rostro.

—No, no, perdóname tú —limpia mis lágrimas con su pulgar y con cuidado pega su frente a la mía. —Si hay algún culpable ese soy yo, debí estar a tu lado —

—Esperé demasiado, por eso estamos aquí, en esta situación —acuna mi rostro entre sus manos. —Y ahora ya no está —

♣︎

Enzo salió a la cafetería, según él ya había comido pero conozco a la perfección la actitud que toma cuando miente, cruzó esa puerta de mala gana pero debo cuidarlo.

El brazo y la pierna comenzaron a doler pero la enfermera me administró un medicamento y el dolor desapareció, excepto el que llevo por dentro.

La puerta se abre pero no es Enzo, es Víctor, trago saliva con la esperanza de que ese nudo en mi garganta desaparezca pero sigue ahí.

—Hola, ¿cómo estás? —trae consigo un ramo de flores, rosas rojas, no me conoce, si  lo hiciera sabría que las odio.

—Bien —ese maldito nudo crece y crece.

Se acerca y se sienta en la silla que Enzo dejó junto a la camilla.

—No pude quedarme, ya sabes, el trabajo —asiento. —Pero toda la noche pensé en ti, tuve miedo —lo miro.

—¿Miedo de qué? —

—De perderte —regreso mi mirada al frente y río con sarcasmo. —Me importas Ari, siempre me has importado —

—No mientas, desapareciste, nos dejaste, a mamá y a mí —

—Lo sé, pero estoy aquí, no seas egoísta y déjame entrar en tu vida —

—¿Egoísta? —niego.
—Nunca te he prohibido entrar a mi vida, te fuiste porque esa fue tu decisión y no me quedó otra opción más que respetarla —

Se levanta, me dedica una mirada y camina hasta la puerta.

—Nunca dejaste de ser mi princesa, la princesa Ari —abre la puerta y se va, dejándome con las ganas de un abrazo suyo.

Parece que tenemos todo el tiempo del mundo pero no es así, las manijas nunca se detienen, por nada ni por nadie, esperé el momento correcto para contarle a Enzo la verdad y alguien se encargó de hablar por mí.

No tenemos tiempo, al menos no de sobra, hay que aprovechar cada segundo, atesorar cada oportunidad porque nunca sabes cuándo será la última vez...


꒦꒷♡꒷꒦︶︶꒦꒷♡꒷꒦︶︶꒦꒷♡꒷꒦

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𝐄𝐍𝐙𝐎 𝐕𝐎𝐆𝐑𝐈𝐍𝐂𝐈𝐂 - 𝐔𝐍𝐍𝐎𝐓𝐈𝐂𝐄𝐃 𝐄𝐒𝐒𝐄𝐍𝐂𝐄Donde viven las historias. Descúbrelo ahora