𝟒. 𝐄𝐒𝐓𝐄 𝐄𝐍𝐙𝐎

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𓆩 𝐄𝐧𝐳𝐨 𓆪

Mi respiración no es estable en estos momentos y no es para menos, el tenerla tan cerca me ha dejado contemplar más su rostro, sus pestañas son cortas pero muy rizadas, me gusta la manera en que aprieta sus labios y frunce el ceño cada vez que el algodón tiene contacto con mi piel, lo hace con cuidado y sin prisa.

—¿Te preocupas por mí? —ha detenido sus movimientos.

—Sí...

Mis ojos recorren cada centímetro de su rostro y en cada uno de ellos encuentro perfección, nunca me había sentido tan atraído hacía alguien y menos en tan poco tiempo.

Quiero besarla pero no sé cómo vaya a reaccionar y eso me asusta, no me gustaría perder a la única persona con la que me siento en paz pero ya no puedo resistir ni un segundo sin probar sus labios.

Tomo su cabeza y la acerco a mí, mi labio duele por la fricción pero no quiero parar.

—Voy a lastimarte —dice un poco preocupada.

—Hazlo, haz lo que quieras conmigo, tienes mi consentimiento Ari.

Lo que dije va más allá de la situación con mi herida, no me molestaría que Ari me termine lastimando, sólo quiero disfrutar el corto o largo tiempo que pase a su lado, eso es lo único que importa.

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Mis manos están sobre su pequeña cintura y por la manera en que nos estamos besando es claro que ambos queríamos lo mismo.

—¿Puedo? —entre mis dedos tengo el dobladillo de su blusa, asiente con la cabeza y sin pensarlo dos veces la retiro.

Nuestros labios vuelven a juntarse, nuestra respiración es más agitada, su entrepierna está rozando mi miembro que ya se encuentra duro.

Interrumpe el beso y se levanta, comienza a desabrochar su pantalón y lo desliza hasta los tobillos, estoy inmóvil, su cuerpo es demasiado perfecto y no puedo dejar de verla.

Me retiro esta playera horrible y la lanzo al piso, Ari vuelve a sentarse encima de mí pero no sobre mi erección, con sus delgadas manos ubica mi cinturón y lo desabrocha, luego hace lo mismo con mi pantalón, me levanto un poco y los deslizo ligeramente junto a mi boxer.

Ari muerde su labio inferior y sonríe, deja de hacerlo al mismo tiempo que toma mi pene, sus suaves manos acarician toda mi longitud de arriba a abajo, cierro los ojos y echo mi cabeza hacía atrás, al abrirlos me percato de que un hilo de saliva se dirige hacía mí pene, mi mandíbula se tensa y Ari comienza a masturbarme.

Es delicioso lo que está haciendo pero quiero entrar en ella de una buena vez así que tomo su cadera y la empujo hacía mí, mi punta roza contra su estorbosa y húmeda tanga y decido hacerla a un lado.

—No podía sentirte completamente —sonrío y ella me responde de la misma manera. —¿Quieres continuar? —

Vuelve a besarme pero toma mi pene y lo coloca en su entrada, suelto un pequeño gemido al sentir como voy abriéndome paso dentro de ella, se siente demasiado bien.

Sus caderas comienzan a moverse lentamente, detrás de ella se encuentra una tv y por lo tanto puedo apreciar el movimiento de su trasero.

Su cuello y clavículas están frente a mí y comienzo a dejar besos húmedos sobre su piel, sus gemidos están tan cerca de mi oído que me hacen estremecer, aprieto su cadera con fuerza y la ayudo un poco a subir el ritmo.

Siento algo deslizarse por mi mentón y al dejar de besarla me percato de que se trata de sangre, la herida se abrió, Ari se da cuenta y se detiene.

—¿Estás bien? —luce asustada.

—Lo estoy, había tiempo que no me sentía así de bien —sonreímos a la par, con cuidado y sin salir de ella la recuesto en el sofá.

Sus ojos recorren mi pecho y abdomen, me gusta la manera en que me mira, es una mezcla de ternura y fogosidad, su pupila está tan dilatada que el verde de sus ojos no es visible.

Me acerco nuevamente para besarla y empiezo a entrar y salir despacio, acaricia mis hombros y espalda, no puedo apartar mi vista de sus perfectos pechos que tiemblan cada vez que la lleno por completo.

Mi frente está contra la suya, nuestro sudor se mezcla y algunos gruñidos escapan de mi boca, ya no puedo retenerlo más, he terminado afuera pero no pude evitar ensuciar sus piernas.

—Dios, que rico —tenso mi mandíbula al escucharla decir eso, interrumpo los besos en el cuello para responder.

—Delicioso, Ari.

Me recuesto en la otra esquina del sofá, busco en mi pantalón la cajetilla de mis cigarrillos y enciendo uno, palmeo mi pecho y rápidamente recuesta su cabeza sobre mí.

—¿Por qué vives sola? —siento la necesidad de saber la respuesta.

—Mi madre es mexicana, mi padre es de aquí pero nos abandonó hace unos cuatro años, así que mi madre decidió regresar a México —

—¿Por qué no fuiste con ella? —

—Porque aquí están las personas que más quiero, aunque hay veces que extraño a mamá —se encoge de hombros y suelta un suspiro.

—Es difícil estar lejos de tus seres queridos, eres muy valiente —depósito un beso en su cabeza.

—Cuéntame algo de ti —

—Nunca me habían dicho eso, por lo regular saben todo de mí por las redes —gira su rostro hacía mí y me sonríe.

—Cuéntame algo de este Enzo

—Ammm, me gustan las fotografías —

—Eso ya lo sabía —frunzo el entrecejo.

—¿Si? —

—Sí, basta con poner atención, todo tu Instagram está lleno de fotografías muy interesantes, mis favoritas son en las que posas como si no te dieras cuenta y las improvisadas, ¿te gusta la pintura verdad? —siento un tipo de calorcito en el corazón, ese que dejé de sentir hace tiempo.

Me gusta que Ari pregunte esas cosas, que le importe saber más de este Enzo, que su tema de conversación sea más profundo y eso me haga sentir especial.

—¿Te quedas a dormir o tienes que regresar a tu departamento lujoso? —levanta una ceja.

—Decido quedarme aquí, Ari.

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𝐄𝐍𝐙𝐎 𝐕𝐎𝐆𝐑𝐈𝐍𝐂𝐈𝐂 - 𝐔𝐍𝐍𝐎𝐓𝐈𝐂𝐄𝐃 𝐄𝐒𝐒𝐄𝐍𝐂𝐄Donde viven las historias. Descúbrelo ahora