Capitulo 41

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-No –Supliqué – por favor – Retrocedí unos pasos pero ya no tenía salida, me habían acorralado, y por mas que rogara nada podía impedir que se alejaran. Ambos me miraban con una sonrisa enorme, y entre ellos se notaba la complicidad. Tenían sus puños apretados, era cuestión de segundos para que atacaran. Y entonces toda aquella especie de polvillo, llamado harina cayó sobre mi cara, parte de mi ropa, y algo en mi pelo también- no se vale –protesté- ustedes son dos y yo soy sola –chocaron sus manos en un “choque de cinco” y rieron.
Luego de que Sophie se despertara de su siesta, dio la idea de cocinar un pastel, así que ahí estábamos los tres, en medio de la cocina, en un intento por cocinar. ¿Por qué un intento? Apenas habíamos avanzado y aquello se había convertido en una guerra de harina, a la cual di comienzo. Y si, ahora me arrepentía, los dos corrían en mi contra y la que estaba perdiendo, era precisamente yo.
-Ya está bien –dijo Freddy – basta –agregó y tanto su hermanita como yo nos quedamos con algo de harina en nuestras manos sin poder tirarla- vamos a terminar de una vez este pastel –
-¿Esto sirve para algo? –Mostré la palma de mis manos y él negó- okay… en ese caso –di un fuerte soplido haciendo que el polvillo volara hacia su cabello. –ups, lo siento –sonreí divertida y comencé a correr al ver que me miró molesto. Un instante después me tomó por detrás y me levantó en el aire para luego recostarme en un sillón-
-¡Hey, Soph! –La llamó- ¿Qué le hacemos a las personas cuando están molestando?
-¡Cosquillas! –Exclamó la pequeña moviendo sus manos de un lado a otro sobre mi estómago, a quién luego se sumó Freddy-
-Ya, ya...- dije entre risas, es que no podía pronunciar algo más porque la desesperación y las ganas de reir me lo impedían- 
Cuando al fin me soltaron, ambos se alejaron hacia la cocina nuevamente, delante Sophie, seguida por su hermano. Miré su espalda mientras lo veía alejarse y no lo dudé. Me levanté de golpe, corrí hacía él, di un salto y rodeé su cuello un instante para poder sostenerme, mientras le daba un beso en su mejilla. Noté que detuvo su paso unos segundos, cuando yo me adelanté, pero enseguida volvió a retomarlo.
No se como fue que sucedió, pero por fin pudimos terminar aquel pastel, y ahora solo faltaba decorarlo. Sophie tomaba un baño, en lo que Freddy preparaba una especie de crema, rosada como su hermana había pedido, para luego armarlo juntos.
Yo me encontraba sentada, a más o menos un metro de distancia de él, con los codos apoyados en la mesa, y a su vez mi cabeza apoyada en mis manos.
Lo notaba menos tenso, y más sonriente. Además en sus ojos había un brillo diferente. No lo conocía desde antes de lo de sus padres, que fue el hecho que lo cambió, pero lo conocía ahora y sabía que estaba volviendo a cambiar. ¿Qué hubiese pasado si el primer día que entró al salón yo no me hubiese acercado a él? ¿Seguiría siendo el mismo?
-¿Tengo algo? –me di cuenta, cuando me habló, que me encontraba sonriendo concentrada, y estaba mirándolo –
-No –dije tímidamente - ¿estás…estás mejor? Ya sabes…por lo que me contaste –me encogí de hombros e hice una media sonrisa-
-Si –aseguró – creo que necesitaba desahogarme, gracias.
-¿Gracias? –Me miró confundido- ¿El amargado le esta diciendo gracias a ______? 
-No hagas que me arrepienta de todo esto –
-Tienes que ponerle un poco de humor Leyva –reí en lo que ponía un poco de crema en su nariz-
-Lamento interrumpir –la voz de una chica nos hizo girar al instante para ver quien era-
-No interrumpes nada – respondió Freddy volviendo su vista al bowl con la preparación-
-¿Cómo estás? –pregunté amablemente-
-Bien, solo vine porque sentí muchas risas, pensé que habían hecho una fiesta sin mi, es decir, en esta casa nunca se oyen risas – sonreí mientras el ojimiel fruncía el ceño ante la broma de Carmen- es verdad –dijo poniéndose a la defensiva- la única que ríe aqui es Sophie. ¿Cómo era el apodo que ______ te había puesto Freddy? –
-¿Amargado? –cuestioné y él me miró serio-
-Si ese, le queda perfecto –Si quizás le quedaba perfecto, pero últimamente ya no encajaba con él- y entonces… ¿ustedes dos...? ¿Son amigos, o qué? –ninguno respondió y aproveché que mi celular comenzó a sonar para alejarme un poco de ellos y de ese momento algo incomodo-
-Mathew –dije en forma de saludo-
-¿Dónde estás? –Su pregunta me tomó por sorpresa- ¿Dónde estás ______? –volvió a preguntar insistente-
-¿Qué pasa? –
-Recibí otro mensaje - ignoré su comentario, todavía no comprendía porque se alertaba tanto-
-Matt, por milésima vez no me van a hacer nada, ¿entiendes?, si hubiesen querido hacerme algo, ¿por qué no lo hizo el hombre ese aquella noche que me encontró sola?
-No se _____, no es tan sencillo esto, ¿podrías venir para tu casa? Aqui vas a estar más segura
-Está bien –bufé- solo para que no me molestes más. ¿Está Bryan contigo? 
-Si-
-No le digas que estoy en casa de Freddy ¿si? – 
-¿Por qué no pueden saber que estas aqui? –Me sorprendí al escuchar a Sophie detrás de mí –
-¡Soph! Qué lindo vestido te pusiste –sonreí mientras cortaba la llamada y ella me miraba expectante- bueno, son cosas de mi hermano, pero luego vas a entenderlo ¿Si? –Asintió y salió corriendo al ver a Carmen en la cocina-
-¿Sucede algo? – Preguntó Freddy acercándose-
-No, solo que Bryan quiere que vaya a casa –mentí-
-Estoy pensando en que no se como se va a tomar esto- 
-¿”Esto”? –Enarqué una ceja y puso los ojos en blanco- ¿estás admitiendo que hay un “esto”?
-No empieces –contestó serio y reí-
-Me voy antes de que mi pesado hermano venga a buscarme –lo saludé con un beso en la mejilla y me separé sonriendo- chau…Leyva–murmuré y el negó con la cabeza-
-¡Mañana! –Exclamó cuando estaba a punto de cerrar la puerta –
-¿eh? – dije confundida-
-Mañana vamos a salir –colocó una mano en el bolsillo de su pantalón y con la otra rascó su nuca- 
-¿Una cita? –cuestioné-
-Como quieras llamarlo –estaba nervioso y pude percibirlo- a las ocho, paso por ti, 
-¿Estás loco? ¿Y si está Bryan? Mejor nos encontramos en algún lugar, ¿A dónde tienes pensado ir? - 
-Nos encontramos en la heladería que está a unas cuadras de tu casa –respondió-
-Oh, ya entiendo, es sorpresa –reí- ¿quién iba a decir que había un chico romántico ahí escondido?-
-No llegues tarde –ordenó- si hay algo que odio, es esperar, suelo molestarme
-De todas maneras tu te molestas por todo –hice una mueca y me fui sonriendo-

¿Qué me pondría? No podía ir muy simple, tampoco muy arreglada, ese era el estilo de Gaby y por supuesto que no era el mío. Tal vez podía ponerme algún pantalón con unos zapatos y una blusa algo suelta, no, eso era muy aburrido.
-¿Por qué hay tanta ropa tirada? –Preguntó mi hermano-
-Estoy pensando en regalar lo que no uso –dije inventando un rápida excusa-
-¿Tu no tendrás una cita? -¿sabía que saldría con su amigo?-
-No… -se cruzó de brazos y supe que lo sabía- bueno si
-¿Con quién? ¿No será Luis otra vez no? –okay, si adivino de la cita, pero por lo menos no sabía con quien era-
-No lo conoces –
-¿Estudia? ¿Trabaja? ¿Cuántos años tiene? –
-¡Bryan! ¡Eres peor que papá! –Exclamé- mejor ayúdame, ¿dices que use este vestido? –
-¡Definitivamente no! es muy corto, y si intenta propasarse yo lo mato –reí, el vestido estaba apenas unos cinco centímetros sobre las rodillas-
-Hola –saludó Matt que recién llegaba- wow ¿que pasó aqui? –Bryan puso los ojos en blanco y se fue- ¿tenés una cita?
-Algo así –respondí concentrada en mi ropa-
-Oh –comprendió al instante- no _______, definitivamente no-
-Si Matt, definitivamente si –
-Esto se nos está yendo de las manos, primero dijiste que simplemente te gustaba, después que ya no le ibas a hablar, y ahora vas a tener una cita. Sabes que no es muy bueno que salgas con él y mucho menos ahora que no paro de recibir amenazas
-Matt por favor, no me hagas esto –supliqué-
-¿Entendes que es peligroso? –
-Si, lo sé, pero no puedo llamarlo y decirle “oh no puedo ir Freddy, hay un tipo que quiere matarme y manda a su gente a que me persiga, por lo tanto estoy segura en mi casa con Matt que es un agente”-
-No puedes ir, eso es todo, si vas llamó a Sara y le cuento todo lo que está pasando-
-Okay –respondí enojada con una idea en mente- 

Ahora estaba camino a mi cita, era simplemente especial decir esa palabra cuando a Freddy se refería, ¿por qué? Sencillo, no era una cita como cualquier otra, por lo menos para mi no lo era.
¿Cómo hice con Matt? Le dije a mi hermano que lo invitara a alguna fiesta, y que insistiera hasta que dijera que si. Sabía que iba a funcionar. Claro que prometí que me quedaría en casa mientras ellos no estaban “porque había recapacitado sobre el peligro que corría saliendo con Freddy” tonterías.
Al final en cuanto a mi vestimenta, logré encontrar un vestido color verde agua, que iba justo hasta la cintura y luego caía holgado y lo combiné con unos zapatos de color negro, en cuanto al cabello, me coloqué una tiara negra con una moña en un costado.
Llegué a la heladería y busqué a Freddy con la mirada, debía de estar allí, porque me había demorado unos diez minutos. Lo encontré de espaldas hacia mí, recostado en un árbol.
-Soy alguien que lamenta su demora –dije luego de cubrir sus ojos- ¿te vas a molestar conmigo?
-Puedo hacer una excepción –quitó mis manos y volteó para quedar frente a mí- estas…-se quedó en silencio observándome y me ruboricé –muy linda –murmuró-
-Gracias, tu estás muy apuesto Leyva–respondí divertida, llevaba un pantalón negro justo, con una chaqueta larga marrón, y calzaba unos zapatos negros también- ¿y a donde vamos a ir? –Señaló su auto indicándome que subiera- ¿no vas a decirme? Con que misterioso –sonrió y abrió la puerta del copiloto para que entrara- solo para saber, ¿aún no tienes permiso de conducir cierto?- negó y suspiré- genial –dije de forma irónica-
Paramos en un lugar un poco descampado y tengo que admitir que tuve algo de miedo al principio, no porque Freddy pudiera hacerme algo, sino porque estaba bastante oscuro y no era algo que me agradara. Nos internamos en unos árboles, alumbrando con una pequeña linterna, hasta que llegamos a una zona donde había un lago, rodeado de luces blancas y un puente de madera que lo cruzaba. Sobre el pasto había un sendero que finalizaba en una mesa, que tenía puesto un mantel blanco, unas velas encendidas, y estaba servido como para dos personas.
-¿Qué es esto? –pregunté sonriendo-
-Esto es todo para ti –susurró en mi oído haciendo que el millón de mariposas volvieran a revolotear en mi estomago-
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¿Puedo Amarte? {Freddy Leyva y tu} (EDITANDO)¡Lee esta historia GRATIS!