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«Lola Calvin — Norman White»

Cuando la rubia salió disparada de la escuela al darse cuenta que su vida realmente peligraba, no contó que Norman volvería a encontrarla mientras se ocultaba en el mismo salón donde yacía Trenton moribundo, pero tampoco pensó que el austríaco llegaría muy herido a donde ella estaba.

—¡Maldita zorra! ¡Huiste como un cobarde! —le gritó y ella palideció al verlo entrar al aula cojeando y con el cuerpo sangrando.

—Yo no... —titubeó.

—Voy a dejar que me atrape la policía solo para que me lleven al hospital—siseó, haciendo una mueca—pero tú vas a llamar a Gilbert y decirle que venga por ti lo más rápido posible.

—No. Por favor, ya no quiero seguir con esto... —chilló.

—¡Eres mía, idiota! Y vas a obedecerme—le espetó furioso y como pudo, sacó un teléfono de su pantalón—ahora llama a tu casa, pedazo de basura.

Lola, con el corazón desembocando, comenzó a marcar el número de su casa con los ojos grises de Norman sobre ella. Hizo lo que le ordenó y le comentó a Gilbert, el que cuidaba a su madre en el sótano, que lo vería en la escuela lo antes posible y después Norman le arrebató el teléfono para darle indicaciones.

—Vas a llevar a la rubia a su casa y vas a encerrarla en el sótano con su madre en lo que yo regreso, ¿okey? —jadeó y cerró los ojos, reteniendo el aliento, su respiración era dificultosa gracias a que se estaba desangrando y quizás tenía un pulmón dañado—quiero que estén vigiladas día y noche. No dejes que ninguna salga a la calle. Y si intentan escapar o hacer algo sospechoso, les disparas en la cabeza. Ya tienes mi orden.

«Shelby Cash — Egon Peitz»

Ese mismo día, pero en la noche; después de haber recibido la definición de "esclava" más de una vez, Shelby se hallaba recostada en la cama en ropa interior mirando con atención la tv. Egon había ido a la tienda 24 horas por algunas chucherías, ya que, las de ella se habían acabado. De haber podido, hubiese llevado consigo el libro que Egon le había obsequiado, pero fue todo tan rápido, que se olvidó de muchas cosas. Suspiró contrariada y se dedicó a echarle un vistazo a su teléfono que cargaba a un lado de la cama. Al encenderlo, el aparato vibró tanto que estuvo a punto de tirarlo. Entraron los mensajes preocupados de sus padres. Encontró un solo mensaje de Thomas y lo abrió. Era extraño que solamente a él le importase leer.

«Ya sé todo de ustedes. Douglas se llama Egon y es un criminal austríaco. Y bueno, tus demás amigos también lo son, excepto tú. Pero lo curioso es que me agradan y voy a ayudarlos.»

Entornó los ojos con terror. No respondió porque no estaba segura de cómo responder. Ya había perdido a Aubrey y no estaba dispuesta a perder a alguien más que era inocente. Frunció las cejas y esperó a que Egon regresara. Suspiró agobiada y miró al techo. De pronto alguien llamó a la puerta y sonrió levemente. Él había regresado, pero enseguida recordó que Egon había llevado la llave y le dio escalofríos. ¿A quién demonios se le ocurriría tratar de entrar a una habitación ocupada? Sin decir que ahí dentro habitaba la "pareja" de un asesino serial. Se apresuró a ponerse como pudo los pantalones y la blusa. El pomo comenzó a girar con la intención de abrir la puerta y ella gruñó. Sostuvo el pomo al contrario y abrió de golpe. Y un cuerpo escuálido le cayó encima y se deslizó adentro sin miramientos. Precipitada, Shelby se levantó y se puso en guardia. Miró al sujeto que estaba de espaldas mirando a todos lados.

—¡Largo de aquí! —gritó molesta. Entonces el tipo se dio la vuelta y sus ojos dementes encontraron los suyos. No parecía un loco, pero sus ojos sí.

—¡No! ¡Tengo órdenes estrictas de encontrar a Egon Peitz! —gruñó, yéndosele encima. Shelby cayó de espaldas fuera de la habitación con el sujeto sobre su cuerpo.

Dark Beauty © Libro 1. (TERMINADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora