40

10K 747 21
                                    

«Norman White»

En la mañana, a la hora del almuerzo, el mismo policía de la noche anterior llegó a arrojarle un trozo de pan y una botella de agua con una sonrisa radiante; como si le encantase ver el sufrimiento de los demás. Norman le devolvió la sonrisa y cogió la botella de agua, ignorando por completo el pan rancio; y borrando la sonrisa del policía.

—Eres el sujeto más raro que he visto.

Norman, mientras bebía de la botella, alzó sus rubias cejas y asintió. Cuando bebió toda el agua, agregó ensanchando su sonrisa:

—Sé buen samaritano y no me dirijas la palabra.

— ¿Por qué debería de obedecerte? —inquirió el sujeto con aires de suficiencia. Norman no respondió y siguió mirando al vacío. Haciendo irritar la paciencia del policía, quién presa de la indiferencia del rubio, se apresuró a abrir la puerta de la celda. El austríaco clavó de pronto sus ojos grises en él y esbozó una sonrisa maquiavélica, dejando perplejo al hombre de uniforme policíaco.

— ¿Ves que rápido puedo hacer que me obedezcas sin que yo te lo diga?

— ¿Obedecerte? —el policía junto las cejas con desdén.

—Cierra la puerta otra vez, es por tu bien.

La boca del policía se contrajo en una firma línea recta y sopesó la advertencia. Cogió de nuevo las llaves y volvió a cerrar la celda, siendo presa del escrutinio de los demás reos.

—Te vas a quedar tres días aquí—le ladró con desprecio—ni si quiera vendrán a buscarte y probablemente te quedes más tiempo.

Norman solo se limitó a asentir con aire despreocupado. Ya después se encargaría del idiota, lo que ahora tenía en mente era llevar a cabo su plan de huida. Era la primera vez que lo atrapaban en prisión, ya que siempre había logrado escapar. Y por eso su nombre no estaba dentro de los más buscados como lo estaba Egon. Egon. De solo pensar en él le provocaba toda serie de demencia con respecto a la mejor manera de matarlo junto con su amiga. Shelby Cash. A ella la iba a matar de todas maneras porque le había propiciado una paliza cuando robaba en su casa. Vaya coincidencia...

«Shelby Cash»

Lo único que albergaba en su cabeza era Egon Peitz. ¿Era posible que se hubiese deshecho de Evan por puro coraje? Pensar en Evan torturado y muerto le causó escalofríos. Se quedó pensativa mientras su madre le detallaba lo que sabía.

—... ¿tienes alguna idea de quién pudiera haberle hecho algo?

— ¡Douglas no lo mató! —exclamó en un arranque de locura; dejando perpleja a su madre—es decir, no sé. Discutió con Douglas, pero él se fue mucho antes de que Evan se fuera.

—No pensé en Douglas—su madre frunció el ceño, descontenta.

—Sigo alterada. Y con esto de Evan creo que he empeorado.

—Ya, cariño—le palmeó la espalda y suspiró—la que me preocupa es Caroline. No quiero que lo sepa, ya que, es probable que al chico le haya ocurrido algo grave.

—Tiene que saberlo.

— ¿Podrías decírselo tú? Charlie no tiene el valor de hacerlo y yo tampoco.

—Mamá...

—Por favor.

La tristeza que albergaba en los ojos de su madre la conmovió. Y asintió sin dudarlo. Ahora ella tenía que hacer la peor parte. Miró con compasión a su madre y esta apretó los labios tratando de sonreír.

— ¿Ahora tengo que hacerlo? —preguntó con incertidumbre.

—Cuando estés lista, cariño. Pero que sea hoy—se levantó y se acercó a la puerta con aire despistado—por cierto, hace un momento llamaron ese par de gemelos queriendo hablar contigo, les dije que no. Pero dejaron dicho que vendrían a verte más tarde y quiero que aproveches para cortar amistad con ellos y Douglas. ¿Okey?

Dark Beauty © Libro 1. (TERMINADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora