Tal vez él sea el indicado

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Capítulo 20

¡Idiota! ¡Idiota ¡Idiota! ¿¡Cómo se le ocurre tirarse!?

Me levante de un jalón, sintiendo como la sangre me recorría el cuerpo, las salpicaduras del refresco me mojaron los zapatos y parte del short, no le di importancia, corrí desesperada, exasperada, quería correr más rápido, mover las piernas y los brazos más rápido, quería alcanzarlo y tenerlo aquí de nuevo. Con gritos desesperados atorados en la garganta y una fiel determinación me aproxime a la orilla, sacándome los zapatos el short y la blusa, el pánico creció cuando recordé, el idiota no sabía nadar, “maldición” masculle mientras me dejaba caer, los segundos en  el aire fueron inmensurables, no recordaba una caída tan lenta, al caer la sal se me pego a los pulmones ¿Dónde diablos estaba? ¿Qué acaso ni siquiera sabía flotar? ¿A qué clase de estúpido se le ocurre saltar así? ¡Idiota! ¡Idiota! Intente tranquilizarme mientras lo buscaba en medio de la bruma, el pequeño rayo de sol alumbraba solo una pequeña parte del inmenso mar que nos embargaba, no estando totalmente segura de que diablos sucedía sacudí los brazos sintiendo como se volvían más livianos conforme avanzaba, dándome cuenta como la adrenalina fluía en mí. Me había inundado en un mar de desesperación, literalmente inundada, mientras buscaba su cabello café, su piel morena… algo que me recordara que era real y que estaba vivo y por fin lo encontré, con los ojos cerrados y los hombros hundidos como si estuviera sumido en un sueño profundo y en ese instante pensé lo peor… ¡Daehyun! ¡Daehyun! Quería gritarle, estire los brazos para alcanzarlo, iban 3 intentos fallidos cuando me empezaron a doler los brazos, me aferre a la idea de que tenía que alcanzarlo  y así fue el tacto de su piel era helada y no cálida como siempre, lo arrastre hasta la superficie con una fuerza sobre humana, como el de una madre que mueve montañas y carros para rescatar a su hijo, una vez arriba tome aire, jadeante examine la situación buscando opciones, la única coherente era nadar a la orilla, que no estaba lejos aproximadamente a unos 80 metros, pero cargando dos cuerpos, parecían 80 kilómetros, me acerque al borde del acantilado en el que estaba apenas unos minutos, sintiendo como descansaba la espalda al pegarla.

-¿Nat…?

Su voz estaba apagada, pero despertó varios sentimientos encontrados quería gritarle y regañarlo, incluso golpearlo, pero… pero por otro lado quería abrazarlo sentirlo cerca, cálido de nuevo, así que no pude responder, seguramente rompería en llanto de nuevo.  

-Veniste…

-¡Cállate idiota por supuesto que vine! ¿Cómo puedes creer que te dejaría morir? ¿Estás loco? Idiota…

-Nat..

-¿¡QUE!? 

-Pega los pies a la roca…

-¿De qué diablos hablas?

-Es zona de clavados, quiero decir, los turistas ven a los clavadistas aquí porque es seguro para ellos, el borde del acantilado sirve como una especie de banqueta para llegar a la orilla.

Lo mire anonadada, dándome cuenta que su peso ya no recaía en mí, y por la expresión de su rostro me percaté de que hacía rato que ya no lo sentía.

-solo pega los pies – insistió al ver que seguía pegada al borde como araña.

Lentamente baje los pies a la roca tardando más segundos de los que necesitaba y no porque tuviera desconfianza, sino porque no acababa de comprender aquello.

-Ahhh… - dije cuando me había parado en la roca y el agua me llegaba ligeramente abajo del pecho.

Soltó una risita que me molesto mucho.

-¡Idiota! – se me cerro la garganta.

Se acercó y me envolvió en sus brazos, no era el primero de esos abrazos que reconfortaban, ya hacían varios que me daba, pero aquel era diferente, no sabía exactamente que era, pero aquel me calmo más que ninguno, quizá porque esta vez era el quien pensaba que estaba perdiendo, pero fuese como fuese, en sus brazos siempre hallaba paz.

-Pensé…que te perdería… enserio- dije entre sollozos

-Nat, estoy aquí, todo estará bien, yo no te voy a traicionar.

-idiota, no lo vuelvas a hacer – me aferre más fuerte.

-Pídemelo y lo diré las veces que haga falta, estoy aquí y no te traicionare.   

El corazón es un camino que se va llenando con la luz de otras personas, nuestros faros, evidentemente en aquellos donde la luz es tenue o inexistente la oscuridad los consume cayendo presos de una infelicidad enorme, a veces cuando la luz más brillante se apaga creemos estar a oscuras, confiamos sólo en lo que vemos, pero lo que vemos es apenas una ínfima parte de la realidad, entonces hace falta sentir con más atención, más de cerca, la vida, el misterio, es todo eso que escapa a la mirada por algo cerramos los ojos cuando besamos, o cuando hacemos el amor es porque así vemos más, vemos  mejor. Hay una luz esperando que la sientas para brillar contigo, lo más importante no siempre es lo que vez, sino aquello que tienes que encontrar.

-Natalie… - murmuro Daehyun mientras escalábamos de nuevo el acantilado.

-¿Si?

-¿Estas enojada?

Suspire, después de darle vueltas en la cabeza por tanto tiempo, había llegado a la conclusión de que no estaba enojada, pero me las pagaría, de eso estaba segura.

-No…

-Tienes que admitir que fue una buena jugada.

Me detuve ¿Qué diablos decía?

-Tienes problemas – dije contemplándolo

-cuestiona lo que quieras mi salud mental, pero al menos logre desnudarte.

Mire hacia abajo, contemplando el top y el short de licra que llevaba siempre arriaba de la ropa interior, ahora empapados y ceñidos aún más al cuerpo.

-Ja ja ja que divertido – dije mientras volvía a caminar.

Sentí un jalón en el brazo, y sus labios quedaron a escasos centímetros de los míos.

-Dicen que es mejor pedir perdón que pedir permiso… así que…

No lo entendí hasta que sus labios me besaron la mejilla cerca muy cerca de los labios casi casi tocándolos.

-El próximo será en la boca, y me lo darás tú.

Caminamos juntos, quizá, solo talvez, este chico sea el indicado. 

One way love (B.A.P fanfic)¡Lee esta historia GRATIS!