Dilema: razón vs corazón

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Capítulo 11

Desperté a su lado, envuelta entre sus brazos, el rayo de luz tenue que entraba por la ventana, golpeaba su rostro delicadamente, enmarcando perfecto sus facciones, su piel dorada resplandecía con aquella mañana, tan hermosa, tan perfecta que dolía. Sus brazos me sostenían firmes brindándome una seguridad que solo la fragancia de su piel podía darme  y por un instante, solo por un instante me sentí completa, como si la pieza que faltaba por fin se hubiese anexado.  

-Buenos días – murmuro a mi oído.

Suspire.

Era hora de despertar.

 Aquella persona era una droga, a la cual me volvería adicta tarde o temprano, el tacto de su piel quemaba mis entrañas, los sentimientos que revoloteaban en mi estómago no eran una broma, le quería tanto, le deseaba tanto que el solo hecho de pensar en soltarlo dejaba un vacío ardiente en mi pecho, pero por más que este ardiera, me reusaba a ser la otra, la imagen sonriente de JiEun, me atormentaba, ahora no sería capaz de mirarla a los ojos, definitivamente, Yongguk representaba el paraíso, que por desgracia, no era mi paraíso, era el de ella, en ese triángulo amoroso yo era la intrusa, no podía ignorar ese importante hecho, no importaba cuántas veces me dijese que me quería o me abrazase con ternura, siempre seria “esa” la que vive en las sombras de una pasión prohibida, el pensamientos de eso me causaba nauseas, me sentía mal, horrible y sobre todo sucia, muy sucia.

Me levante desganada del sofá, y camine hacia a la puerta.

-Te espero en el auto. – dije sin voltear a verlo, no soportaría su mirada en aquellos momentos.

Camine hacia el auto y subí sin fuerzas, contemple mi reflejo en el retrovisor, maldición era un desastre, la maraña que llevaba por cabello, revoloteaba por toda mi cabeza, bufe mientras lo sostenía en una coleta, el apareció unos minutos después tomando su asiento en el lado del conductor.

Su presencia me pesaba, sentía unas pequeñas punzadas en el pecho, como pequeñas espinas clavándose poco a poco, aquel sentimiento me obligo a llevar mis piernas y apretarlas contra el pecho, escondiendo mi cabeza en medio de estas.

-¿Qué pasa? – pregunto impaciente, mientras echaba a andar el carro.

Me mantuve en silencio, ignorando la pregunta, no me moví ni un solo milímetro, permanecí en aquella posición fetal que me protegía, no quería verle, estaba confundida, una parte de mi estaba segura de que él me quería, pero la otra creía fielmente que el chico frente a mí, no era de fiar, que las cosas que él decía, no cuadraban, que aun que las bellas palabras que murmuraba a mi oído, me hacían sentir completa, todo aquello podía ser solo el resultado de un espejismo, una ilusión, una triste llama que se encendió por accidente, y que eventualmente se convertiría en ceniza.

-Háblame – soltó mientras apretaba la mandíbula.

 Lo podía sentir tenso a mi lado, podía sentir su mandíbula apretada, su postura rígida  y sus puños aferrados al volante, el descontento que este presentaba, emanaba de su cuerpo ráfagas electrificantes que calaban mis huesos, la tensión se sentía por todas partes, sofocándome, aquella situación me confundía aún más ¿Qué diablos pasaba por su mente? No, más bien ¿Qué diablos pasaba por, mi, mente? No podía respirar, los pensamientos iban de ahí a allá y de allá para acá más se reusaban a llegar a una conclusión.

El rechinido de los neumáticos interrumpió mi guerra mental, de pronto sentí que el estómago bajaba hacia mis pies violentamente, y volvía a su lugar  de la misma manera, el vuelco del carro había provocado que me aferrara al asiento cual gatito asustado, todo había pasado tan rápido, al principio pensé que había sido un choque, pero al ver a mi compañero, descubrí que solo había desviado su dirección sacando el carro de la carretera.

-¿¡Qué te pasa!? – pregunte jadeante.

Él se hallaba desecho en su asiento, las manos abiertas sobre los muslos, y la vista pérdida en el cielo, su respiración era irregular, la tensión de sus hombros había desaparecido, pero no podía descifrar que emoción poseía su cuerpo.

-Necesito que me hables, que me respondas sinceramente – murmuro con un hilo de voz sin mirarme. – Todavía, ¿Dudas de mí? – su mirada me penetro.

-No lo sé – dije agachando la vista. – Una parte de mi quiere creerte, pero la otra…- Me calle, no quería terminar la frase, escucharla dolía más que pensarla.

El sostuvo mi mirada en los que parecieron ser los 5 segundos más largos de mi vida, y en un movimiento inesperado y brusco, sus manos se prensaron a mis hombros, de pronto lo tenía de frente, a escasos centímetros de distancia, se le podía sentir molesto y desesperado, la forma en que me sostenía me daba escalofríos, escalofríos que recorrían mi cuerpo, pero hasta cierto punto no desagradaban del todo.

-Nat, no sabes la impotencia que siento…

-Lo sabría, si me lo dijeras – murmure mientras sostenía su mirada

-No está en mis manos – dijo mientras agachaba la vista, podía percibir la tristeza en sus palabras.

Permanecí en silencio.

-¿Recuerdas la conversación que tuvimos en el desván? – pregunto mientras, posaba su mano mi mejilla.

-El día que me preguntaste, si me gustaba el sushi – los recuerdos de aquel día, provocaron que se me escapara una sonrisita.

-Si ese día – suspiro -¿Recuerdas lo que te dije?

Para ser sinceros, los recuerdos de ese día me resultaban borrosos, intentaba recordar, pero todo el esfuerzo solo lo hacía más complicado, no había nada que me recordase alguna frase memorable o importante que me ayudase a comprender la situación.

-Naty, no te puedo decir ciertas cosas, simplemente no se me permite, pero – se detuvo un momento para contemplar mi rostro que lo miraba absorta – Te quiero, y no quiero, que te sientas así, y que al llegar con los demás te refugies en – se tensó - el.

Aquello me resultaba confuso, ¿El? ¿Se refería a Daehyun? ¿Que acaso había una posibilidad de que este estuviese celoso? Todo se hacía más y más imposible de comprender, él tenía novia, sin embargo casi podía asegurar que ese “Te quiero” era sincero, diablos, estaba tan confundida, la razón me gritaba que era mentira, pero el corazón, el corazón me gritaba desesperadamente que él era el indicado.

Suspire, él se acomodó de nuevo en su asiento, y yo lo hice a su lado, pose mi cabeza en su hombro, lo sentí tranquilo mientras conducía el carro de nuevo a la carretera.

-Te he causado, muchas molestias – murmure – perdóname.

Lleve mis labios hasta su mejilla, y la bese cariñosamente, en aquella guerra, el corazón se presentaba victorioso. 

One way love (B.A.P fanfic)¡Lee esta historia GRATIS!