¿Qué demonios haces aquí?

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Capítulo 31

Daehyun

Subí las escaleras a paso apresurado, el hospital era enrome y contaba fácil con unos 20 pisos sin embargo a pesar de su inmensidad era un lugar frio podía sentir el viento  helado de la madrugada a través de las ventanas, me calaba en el rostro, podía sentir la nariz congela y las manos cubiertas por una fría capa de sudor pegajoso, no lo entendía ¿Por qué el y no yo? ¿Por qué el idiota ese la había salvado y yo no? No lo podía aceptar. Seguía corriendo. Frustrado. Era como si el destino se  riese de mí, como si el universo entero me escupiera en la cara que no era suficientemente bueno para estar con ella. ¿Era joda cierto? Tenía que ser una puta broma. 

-Disculpé, Nataly Grey – dije jadeando una vez que había llegado al escritorio, en donde una señorcilla de baja estatura posaba sosteniendo una taza de café.

-¿Grey? – Dijo arqueando las cejas – Déjeme, revisar… espere un momento por favor.

Dejo  de lado  la taza de café que ingería, para hojear en algunos expedientes, su rostro permanecía sin expresión alguna, ocasionando que me creciera la impaciencia y mi cuerpo no tardo en manifestarlo, de pronto me hallaba chocando el pie contra el piso desesperado.

Ella suspiro.

-Tranquilo muchacho, según los registros, solo tiene unos cuantos  rasguños en el rostro, no hay quemaduras de tercer grado ni traumatismo en ninguna parte del cuerpo… lo único grave que presenta es la debilitación de los pulmones…

-¿En dónde está? ¿La puedo ver? – hable rápidamente con la necesidad creciente por mis arterias, como cuando estas enfermo y la cura está a unos cuantos pasos pero por alguna razón no puedes llegar a ella. 

-Habitación 202… pero…

No la deje terminar, le dedique un “Gracias” rápido y poco audible. Sin pensarla mucho me dirigí nuevamente a las escaleras, en momentos de desesperación no confiaba en los elevadores. Iban 20 escalones cunado sentí el ardor en la piernas, pero no ese ardor que indica que el musculo está trabajando si no, ese ardor que solo la ansiedad puede dar, ese maravilloso ardor que te indica que no hay vuelta atrás y que estas a punto de enfrentar el problema. Sin excusas.

Los números negros resaltaban en la superficie blanca, inhale profundamente antes de abrirla.

Mierda. La imagen, era todo menos bonita.

Él estaba en una silla inclinado ligeramente hacia a ella, aferrando entre sus manos la pequeña mano de la susodicha. Y en ese momento tuve que retenerme para no saltar encima de él y no matarlo. “Respira” me pedí “este es el momento en que debes guardar la calma” me recordé, intentando convencerme de que era lo mejor. Sin embargo podía sentir la presión en las manos empuñadas y podía jurar que mis nudillos se habían vuelto blancos por el esfuerzo. 

Aclare mi garganta para que el notara mi presencia.

Viro lentamente hasta que sus ojos se cruzaron con los mios, su gesto cambio de expresión simultáneamente mientras se ponía de pie.

-Dae… - dijo en un leve murmullo.

-Sera mejor que te vayas a descansar – dije fríamente. 

-Dae por favor, no hagas esto…- hablo cansado en tono suplicante.

-¿Hacer qué? – Gru;i 

-Esto… Por favor Dae, no quiero pelear, no contigo.

Demasiado tarde.

-Entonces haz lo que te pedio, te recuerdo que esa chica de ahí es mi novia.

-¿Entonces no hace falta recordarte quien la salvo?

Estúpido destino, tenías que cagarla.

Al ver que no respuesta prosiguió.

-Dae, eres como un hermano para mí y no sabes cuánto me duele que esto este pasando. – susurró

-No con ella – pedí- Te conozco Guk, has estado con infinidad de mujeres desde que debutaste, además estabas en una relación…

-Te equivocas – interrumpió – Lo mío con Eun, era una farsa, además no hace falta recordarte, que si estas en donde estas es gracias a mí.

-¡callate! – le ordene violentamente – No te atrevas a meter a mi familia en esto, esto es entre tú y yo.

-Fui como un padre para ti, idiota, cuando te echaron de tu casa por seguir “sueños sin sentido” ¿Quién estuvo ahí? Cuando todo el mundo te dio la espalda, cuando nadie creyó en ti, estuve noches enteras escuchándote, cuidándote ¿Ya se te olvido?  Que fui yo quién te metió a la compañía ¿Eso también se te olvido? Quieres hacerme el jodido favor de recordar.

Me quede callado un segundo.

-Sigue tus sueños y pelea por lo que quieres – lo mire – tú me lo ensenaste ¿Acaso se te olvido? Me dijiste que encontrara algo por lo que valiera la pena luchar, y lo eh encontrado… aunque eso signifique, luchar contra ti.

-¿Esa es tu decisión? – me miro firmemente.

-Si – respondí decidido

-Bien, que comience la Guerra entonces – en extendió la mano.

-Que comience – dije apretándola.

Segundos después él había desaparecido por la puerta.

¿Nunca han sentido que no están destinados a ser lo que quieren ser? tenemos una idea muy clara de nuestro futuro o del que queremos que sea nuestro futuro, pero al final te das cuenta que simplemente no puede ser. Eso sentí cuando la vi, pálida, fría como un cuerpo sin vida. Sus labios que antes solían ser carmesí hoy parecían una extraña mezcla de azul con morado, pero el que ella parecería muerta viviente no era el único echo que me destrozaba, sino que el chico que la había salvado había sido otro ¿Nunca han sentido esa impotencia? Esa rabia que te carcome, que te dice que no eres lo suficientemente bueno.

  -Señor las visitas terminaron hace 20 minutos, debe marcharse – la pequeña enfermera me miraba con una especie de mirada desaprobatoria.

-Lo siento, lo que pasa es que eh llamado a su hermano y me pidió que me quedara hasta mañana, el llegara alrededor de las 8.- El tono de mi voz era cansado y no separe la vista de la camilla en la que reposaba.

La enfermera soltó una especie de bufido, reviso el formato que llevaba en las manos y finalmente me clavo de nuevo su mirada.

-Debes ser el señor Jung, bueno espero que disfrute su estadía. – dijo con cierta ironía al cual no di importancia.

Se desvaneció a los pocos segundos por el corredor.

Tome asiento de nuevo frente ella, tome sus manos y las examine, tenía unos cuentos rasguños en las palmas, me estremecí al verlas. Estaba fría. Escuche que los doctores habían dicho que era por la falta de oxígeno sin embargo eso hacia todo menos calmarme.

-Lo siento – murmure – Nuevamente no pude llegar a tiempo. 

One way love (B.A.P fanfic)¡Lee esta historia GRATIS!