Epílogo

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—La vida da muchos giros inesperados, no ¿Por qué diablos hablar en tercera persona si los giros me los dio a mi?

《Tal vez por qué te la das de escritora》

Rodé los ojos ante los comentarios de mi propia conciencia.

—No se que decir —cerré los ojos frustrada.

《No tienes que saberlo, solo sentirlo》

—A la mierda, lo que salga en el momento eso diré, a todo esto ¿Por qué estoy hablando conmigo misma?

—Tal vez porque Mich y Kira están en el mundo de Hielo, Jay, Mika y Malkon en el de Fuego y Snaiderx y Lucero en el de Aire siendo las parejas más felices del universo después de nosotros, claro. Sin mencionar que tu hija y Annabelle están vueltas locas arreglando las cosas de la boda y mi mamá anda con un arcángel y te encontrabas sola.

Me di la vuelta para observar a Axel con una sonrisa, el llevaba una camiseta blanca y pantalones grises, además de que sus pies estaban descalzos.

—Me he acostumbrado a encontrarte hablando sola todo el tiempo —rió un poco para luego acercarse a mi y darme un pequeño beso.

—Solo faltan dos días —susurré mientras lo abrazaba.

—Después de cuatro meses con el anillo al fin te podré poner otro —me sonrojé.

—Eso se podría malinterpretar —él se quedó pensando un rato y luego río como estupido.

—¿Sabes que follaremos como conejos el día de nuestra luna de miel? —ahí si que me sonrojé como loca.

—¿Puedes dejar de hablar de eso? —él me miró suplicante.

—Es inevitable cuando me tienes más de una semana en abstinencia —hizo un puchero y se acercó mucho a mi para besarme y apretarme el trasero.

Me separé algo deprisa.

—Solo faltan dos días, ya falta poco —me di media vuelta y rogué a Dios por que se alejara.

—No quiero —dijo como niño pequeño y me dio media vuelta para besarme otra vez - es que mira como me tienes —pego su masculinidad a mi y sentí lo duro que estaba.

—Axel ya —el soltó un suspiro, se alejó y se lanzó a la cama.

—Hablando en serio —su actitud cambió drásticamente para poner una completamente seria —¿Pensaste en lo que te dije?

Bufé en respuesta y me puse a mirar por la ventana tratando de ignorarlo.

—Esto sera un nuevo comienzo para nuestras vidas ¿No crees que ya es hora de que los dejes morir? —negué —suéltalo, ya te vengaste, déjalo ir... osea no literal, me refiero a que ya dejes las torturas. Han pasado cuatro meses.

Sin responderle salí de la habitación con pasos apresurados. En definitiva le había estado dando vueltas al hecho de que aun conservaba a las trillizas y a Lucifer en el calabozo, los había estado torturando de todas las formas posibles, pero creo que ya era hora de acabar con eso. Debía ser feliz y dejar todo el dolor atrás, eso significaba llevarlos al olvido y estaba segura de que en el infinito sufrirían.

Entre al calabozo ansiosa, iba a acabar con ello antes de arrepentirme una vez más.

El guardia que cuidaba la puerta me sonrió y abrió la puerta. Entre, tome una espada que estaba enganchada en la pared y me acerque a los cuatro cuerpos que estaban atados de manos y pies en sus respectivas sillas y les corté la cabeza a cada uno para que no me quedaran dudas de que ya estaban muertos. Fue tan instantáneo que dudé de que se dieran cuenta o que al menos sintieran.

Mi Ángel GuardiánDonde viven las historias. Descúbrelo ahora