Capítulo 38

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Cuando el fuego cesó y mi vista fue clara pude ver como el dragón frunció el ceño al no verme rostizada.

—¿Como? —pregunto anonadado.

—Creo que debes suponerlo —mire hacia arriba y me alivie al ver a Jay y Mich intactos. Ellos descendieron un poco hasta colocarse a mis lados.

—Se supone que era un hombre —mi enojo fluyo a través de mis venas al escuchar su notable machismo, entonces, algo que nunca había podido hacer paso.

De mis manos comenzaron a salir una enormes llamas que envolvieron al dragón adentrando su cuerpo en un calor infernal e insoportable hasta para alguien con la piel tan fuerte y resistente como la de el.

—¿Vas a matar al último dragón que queda? —la voz de Jay me hizo salir del pequeño trance en el que me había adentrado. Pestañee un par de veces antes de hacer que las llamas se esfumaran.

El fuego había sido tan fuerte que las monedas de oro debajo del dragón se derritieron un poco. Este cayo al suelo agotado y se podían apreciar algunas quemaduras en su piel.

—La próxima vez que vayas a expresarte delante de mí; procura no ser tan machista, de lo contrario te irá peor —Un pequeño quejido se hizo presente, pero a los minutos después se puso de pie y debajo tenia oro fundido.

—Disculpe, su alteza —la risita de Jayden hizo que perdiera la compostura seria.

—Diablos, Jayden, contigo no se puede —me trague la risa que tentaba con salir y suspire para luego hablar.

—Explica cómo aun estas vivo si en el bestiario apareces extinguido —el dragón se recompuso mostrando la criatura tan intimidante y sofisticada que era. Su piel escamosa se había regenerado y ya no tenia esa actitud desafiante y de superioridad que antes tenia.

—Nos hemos ocultado aquí durante años, los enanos han construido su pequeña ciudad sobre la nuestra con la finalidad de hacernos pasar desapercibidos —explico.

—¿Hemos? osea que hay más —afirme lo ultimo con sorpresa.

—Cuando un grupo de ángeles caídos empezaron la cacería de bestias que no tuvieran transformación para ocultarse de los humanos nosotros nos escondimos y hemos vivido aquí durante siglos —una sonrisa brotó de mis labios ante la emoción de conocer a esos seres que el bestiario aparecia tachados.

—Dios —mi sorpresa y emoción eran palpables, esto era mejor que encontrar un tesoro —¿Donde estan los demas?

—Abajo —el dragón se dio la vuelta y extendió sus alas para empezar a tomar vuelo.

Los chicos y yo lo seguimos de cerca hasta que el se lanzo por un enorme agujero y sin dudarlo tambien nos dejamos caer por el. La brisa que chocaba con nuestros rostros era implacable, entonces cuando vi que el dragón se protegía con sus alas yo hice lo mismo creando así un extraño torbellino. Un fuerte golpe me hizo soltar un pequeño gemido de dolor, pero gracias a mis alas no fue tan fuerte.

—¿Qué fue eso? —me adentre en la mente del dragón como un hacker se adentra en archivos codificados, era tan sencillo romper la concentración de cualquier ser para mi.

—Un conjuro de agua, si no hubieses pasado después de mi tal vez nunca lo hubieses logrado.

No dije nada más hasta que lo vi extendiendo sus alas para poder descender despacio. Hice lo mismo y poco a poco fuimos llegando hasta el piso. Al mis pies tocar tierra me enfoque en mi alrededor. Enormes pasillos de tierra eran iluminados por una especie de hongo brillante, la luz no era tan potente, pero era suficiente y supongo que con el tiempo te acostumbras a ver de esa forma.

Mi Ángel GuardiánDonde viven las historias. Descúbrelo ahora