Capitulo 47

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Me dejé llevar hasta el fondo y una vez ahí observé una celda grande con un animal dentro, mi boca se abrió con sorpresa al ver a Elai ahí dentro. Sus ojos estaban cerrados y se veía demacrada aun estando en su hábitat natural.

Sin pensarlo dos veces fui hacia la jaula y aún sabiendo que estaba debajo del agua, sabía que podía hacer hielo, según un documental que vi en Animal Planet.

El hielo fue enfriando el agua y este solito se fue expandiendo alrededor de toda la jaula sin derretirse. Luego con todas mis fuerzas comencé a golpear y Demi me ayudó hasta que esta cedió y pudimos romperla. Quite los escombros de mi camino y fui directo a Elai. Coloque la palma de mi mano sobre una de sus perlas y le fui pasando un poco de vitalidad, la suficiente para que pudiera moverse.

Esta no se si fue mi imaginación pero creo que sonrio.

Sube, te llevaré hasta la entrada del bosque helado.

Hice lo que me pidió y subí sobre su lomo colocando a Demi delante de mi. Elai se levantó despacio y comenzó a nadar hacia delante.

Una nostalgia horrible me invadió, el lugar que una vez visité junto con Axel no era lo que una vez era. Todo estaba completamente destruido, podíamos ver criaturas muertas en el fondo y el color que una vez tuvo ya no estaba, todo estaba en ruinas y las plantas marchitadas.

No quise decir nada, sabía que a Elai le dolía ver su reino así.

Llegamos a la orilla tiempo después y sin pensarlo nos bajamos. Agite la mano en dirección a Elai y terminamos de nadar hacia la orilla. Ambas estábamos empapadas y sacamos de nuestro sistema toda esa agua que nos había ayudado a acostumbrarnos al medio. Respirabamos con dificultad, pero minutos después nos recuperamos. La ayudé a ponerse de pie y continuamos nuestro camino hasta el bosque helado yo tomé a Demi de la mano y corrimos por la arena hasta que llegamos a una especie de muro de hielo que protegía el bosque.

—Observa si ves una entrada —yo pase mi vista por el lado derecho mientras que demi la pasó por el lado izquierdo.

Su manita tironeo de la mía y yo mire hacia donde señalaba. Era un agujero en el piso. Caminamos hasta el y yo miré por él. Parecía ser seguro. Yo entre primero y luego Demi colocándose a mi espalda y agarrándose de mis hombros. Me deslice por el hielo en forma de tobogán hasta que caímos en la nieve.

El bosque estaba oscuro, los árboles estaban aún más cubiertos de nieve que la última vez que estuve aqui, el frío era más palpable y se sentía más tenebroso.

Deje que mis alas salieran por si tenía que protegerme, entonces escuche unos pasos venir hasta mi. Coloque a Demi frente a mi y nos cubrí con las alas dejando un pequeño espacio frente a mi para poder ver.

Justo por ese pequeñísimo espacio paso una flecha y la detuve justo antes de que impactara directo en mi frente. Y ese simple detalle hizo que me diera cuenta de que no era un simple guerrero, se trataba de alguien más importante, esa puntería no la podría conseguir cualquier persona.

Sin previo aviso me levanté y lancé dagas de hielo en todas las direcciones posibles. Luego volví a cubrirme a mi y a Demi. Preste atención y cualquier cosa que hubiese estado por ahí ya estaba muerta, pero para prevenir volvi que lanzar dagas de hielo.

Tome a demi de la mano y corrí con ella atravesando el bosque con dificultad. Hasta que llegamos a la salida de este. Y sin meditarlo corrimos hasta la enorme entrada del laberinto.

Suspire un par de veces y me coloque de rodillas para hablar con Demi.

—Cariño, no te separes de mi, puedes perderte y si eso pasa nos retrasariamos.

Mi Ángel GuardiánDonde viven las historias. Descúbrelo ahora