Capitulo 35

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Mis ojos se abrieron con prisa al recuperar la conciencia, no me importo que la tenue luz del lugar impactara con ferocidad en mi rostro, lo que me importaba era saber donde estaba y como había llegado hasta ahí.

Me incorpore en la superficie blanda que rápidamente identifique como una cama. Observe a todos lados con curiosidad e inmediatamente un hombre de estatura promedio llamo mi atencion. Se dio la vuelta con un plato en su mano que contenía una sustancia humeante y al darse cuenta de que yo ya estaba despierta me sonrió.

Me senté en la cama y lo observe con desconfianza, el se acerco a mi y me ofrecido el plato de sopa.

—Para que te sientas mejor —dijo.

Yo levante mis manos esposadas y le di un golpe al plato lanzandolo al piso y regando todo el liquido espeso.

—¿Por que me querías drogar? —le pregunto con mis ojos encendiéndose en llamas.

—N-no era droga, solo era un analgésico para tus heridas —por primera vez recordé las heridas que habían ocasionado las múltiples flechas que se clavaron en mi cuerpo.

Entonces mirándolo directamente a los ojos hice que se fueran cerrando de a poco hasta estar completamente selladas como si nada hubiese pasado. El me miro sorprendido y a la vez asustado, y en el momento en el que me levante retrocedió hasta chocar con la pequeña mesa que había a sus espaldas.

—¿Por que me esposaste? —mi voz era tranquila pero amenazante.

—Por mi seguridad —dijo desesperado en el momento en que me acerque un poco mas. Detuve mis pasos y le di una sonrisa maliciosa.

Aumente el calor corporal de mi cuerpo hasta que las esposas comenzaron a derretirse de a poco y empezar a gotear por mis muñecas hasta el piso. Esta vez el hombre de unos veinte años frente a mi callo al piso desmayado. Una vez el metal se deslizó por completo de mi piel salí del lugar sin importarme que el tipo se encontrara tirado en el piso. Me teletransporte hacia mi casa y olvide lo que había pasado.

Un mes después

Cuando la pequeña hada que había salvado del infierno terminó de pintar las uñas de mi mano derecha le pase la izquierda y tome el bestiario para tachar a otra criatura, las hadas. Se podría decir que ya había terminado de reclutar a casi todas las criaturas, pues solo me faltaban las sirenas, elfos y enanos, sin contar que ya había terminado con las hadas. Una vez la niña terminó de pintar mis uñas de negro baje mi temperatura haciéndolas enfriar para que se secaran mas rápido, una vez hecho abrace a la pequeña niña de alas diminutas y transparentes.

—¿Te vas, no es así? —asentí lentamente.

—Si, pero nos veremos pronto —le di una pequeña sonrisa una vez nos separamos.

—Debes encenderla en llamas —me tendió una hoja en la que dos chicos idénticos estaban dibujados y en ella se citaba sus personalidad y estaturas.

—Solo fue un dibujo —le reste importancia.

—Te sientes sola, lo veo. Por eso dibujaste a personas que crees te acompañaran —solté un suspiro e hice lo que ella me pidió. Encendí la hoja en llamas hasta que se volvió cenizas.

—Me iré a bañar, ya debo irme, pues aun me faltan varios reinos —ella asintió y yo camine con pasos lentos hacia el baño de una de las habitaciones del hermoso castillo.

A decir verdad el proceso para reclutar fue aburrido y demasiado sencillo, solo era buscarlos en el bestiario, ubicarlos e ir a ese reino a decir las mismas palabras. Soy la elegida y he venido a hacerlos decidir a que bando pertenecerán, me serviría mucho su ayuda bla, bla, bla.

Mi Ángel GuardiánDonde viven las historias. Descúbrelo ahora