Capítulo 2

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 —Yo soy Charlotte —dije con una sonrisa de lado.

—Un gusto Charlotte —contestó con una sonrisa.

Yo me recosté del marco de la puerta esperando a que dijera algo más.

—Bueno, viendo las condiciones de tu jardín me ofrezco a ayudarte con el, claro, si no tienes a alguien que se ocupe —su ofrecimiento vino acompañado de otra sonrisa.

—Oh, eso sería genial, pues justo ahora tengo que empezar a limpiar la casa para poder habitarla —mi corazón se emocionó al saber que no tendría que hacer esto sola.

—Pues bien, vengo en una hora para empezar —sonrió otra vez mostrando su perfecta hilera de dientes blancos, se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia su casa.

Me adentré otra vez en la casa cerrando la puerta detrás de mí. Al observar bien la casa me di cuenta de que tenía demasiadas cosas, por lo que empezaría a botar las que no necesitaría o las que estuvieran más viejas de lo permitido.

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Cinco horas después ya tenía parte de la casa limpia y a un muy sexy Malkon sin camiseta podando el jardín de enfrente. Él ya había hecho lo mismo con el de atrás y debo admitir que lo observé por la ventana más veces de las que quisiera admitir.

Volví a la cocina a continuar lo que estaba haciendo. Mientras lavaba los platos y alacenas iba memorizando todos los lugares que había limpiado que eran las dos habitaciones de arriba y los dos baños al igual que el pasillo, había retirado todas las cortinas que cubrían las paredes y me encontré con que la casa por dentro era de color café y beige, habilité la lavandería y el baño de abajo, limpié las escaleras, el recibidor, el comedor y la sala, ahora estaba con la cocina y solo me faltaba la terraza y el camino que daba hacia la puerta. Había sacado muebles y un montón de cosas que yo no utilizaría y así la casa quedó más despejada y con más espacio libre.

Terminé de colocar los vasos y platos en su lugar y como ya había limpiado el resto solo me quedaba limpiar el piso. Cuando termine salí a la sala y me encontré con Malkon y lo que suponía eran platos de comida.

—No hemos comido y por eso traje comida, debes estar hambrienta al igual que yo —le di una sonrisa de boca cerrada.

—Gracias, Malkon —me desplomé en el sofá de color azul turquesa ante el cansancio que arropaba mi cuerpo —estoy cansada, sudada y hambrienta.

—Y te creo, estoy igual, pero por suerte ya terminé con tu jardín —sonreí, pero mi sonrisa se borró por completo al ver como comenzaba a colocarse la camiseta.

¡No! mejor quítate ropa en vez de ponerte.

Cuando terminó me pasó un plato y pude ver que contenía arroz, carne con col y espárragos. Comencé a comer a la par de él y supuse que no quería hablar porque no dijo nada, yo no sabía que decir así que preferí callar. Aunque pensándolo bien, debería preguntar algo, este chico apenas y lo conocí hace unas horas y como de la comida que me trae con toda confianza ¿Y si me envenena? Bueno, no tanto así, él no debe tener nada en contra mía.

Al terminar de comer él se puso de pie y yo lo imité.

—Bueno, si necesitas algo vivo al frente —señaló por la ventana su casa.

—¿Como puedo agradecerte el que me hayas ayudado? —dije algo sonrojada.

—No tienes que —hizo un ademan con su mano restándole importancia.

—Oh, claro que sí, primero me ayudas con el patio de en frente y el de atrás y después me traes comida, debo agradecerte de alguna forma —él sonrió ¿siempre sonreía tanto?

Mi Ángel GuardiánDonde viven las historias. Descúbrelo ahora