Capítulo 3

32.6K 3.7K 868
                                    


Mis ojos no podían ver nada, solo oscuridad por todos lados y el sonido de algunas rocas chocando con otras, empecé a maldecir por lo bajo por haber sido tan insensata al meterme en el sótano a estas horas de la noche, nada bueno pasa cuando eso sucede.

Recordé que yo había bajado con mi móvil, así que empecé a tantear la superficie rocosa en busca de él, al sentir algo totalmente liso lo tomé y era el, lo encendí y resulta que estaba al revés, lo volteé e ignoré la pantalla totalmente destrozada y busqué la linterna con vehemencia, al encontrarla la encendí e iluminé todo el lugar, no podía negar que mi corazón latía desbocado y mi respiración estaba totalmente errática. Poco a poco me fui poniendo de pie y sentí que mi rodilla escocia, la tenía raspada, de seguro fue después del metro de caída libre.

Mas allá de donde estaba se encontraban unas escaleras, pero las ignoré totalmente e iluminé hacia mi frente, era un pasillo algo rustico, paredes rasposas y el piso lleno de rocas, al final de este solo había una sola cosa, una celda, la curiosidad invadió mi sistema y gracias a lo insensata que me había vuelto empecé a caminar en esa dirección. Aquí abajo solo se escuchaba el sonido que provocaban las piedras cuando chocaban unas con otras al ser pisadas y daba gracias por eso, pues sería más difícil si anduviera escuchando ruiditos por todos lados, eso me pondría más paranoica.

Al estar frente a frente a la reja pude notar que era de barrotes gruesos, además de que tenía un candado, pero era algo pequeño y se notaba oxidado, iluminé hacia atrás de mi para confirmar que no viniese nadie, algo estúpido si, y luego tomé una piedra algo grande y empecé a darle al candado hasta que cedió, lo abrí lentamente, luego halé la reja.

Lo que encontré después de ella era absurdo, una simple caja de madera vieja, la tomé con mi mano libre y decidí abrirla arriba, este lugar me ponía los pelos de punta.

Recorrí el pasillo prácticamente corriendo y subí la escalera que estaba ahí, pero para subir por completo tuve que quitar un trozo de madera que había quedado, al hacerlo terminé de subir y corrí hacia las escaleras del sótano, luego cerré la puerta fuertemente y corrí hasta mi habitación dejando todas las luces encendidas, al entrar cerré de golpe la puerta y puse seguro.

Puse la caja en el piso en medio de la habitación y me alejé de ella, retorcí mis dedos hasta que me decidí por abrirla, si hay arañas puedo pisarlas, pensé. Aun de pie abrí la caja lentamente y suspiré al ver que solo habían fotos, me senté en el piso y fui sacándolas una por una, era una señora con una niña de cabellos rubios y ojos azules oscuro, la niña iba creciendo cada vez más hasta convertirse en una chica de al menos 16 años, cuando vi la última foto mi boca se abrió en sorpresa y sin dudarlo me levanté del piso y corrí hasta el espejo y me vi en él.

Esos ojos grises que se miraban a ellos mismos a través del espejo no parecían míos, se veían tan ajenos a mí, pero lo que si podía identificar como mío totalmente era ese cabello rubio que iba creciendo en la raíz dejando ver que el negro no era natural, era teñida, ¿pero y los ojos azules? yo no puedo ser la chica de esa foto, o sea, somos idénticas pero nuestros ojos son diferentes, ella los tiene azules y yo grises.

—Tal vez somos gemelas —dije en voz alta para mí misma —¿pero dónde esta ella? ¿habrá muerto? de seguro, el doctor dijo que no tenía más familiares vivos —suspiré frustrada y volví hacia la caja para guardar todo.

Debía dejar de pensar en el pasado, el tarde o temprano volvería a mi si así debía ser. Puse la caja de madera en el escritorio vacío y empecé a arreglar toda la ropa que había comprado, no era mucha, solo la necesaria para una semana, luego la lavaría y me la pondría otra vez. Luego de terminar me coloqué la pijama y me lancé a la cama a dormir, pero la verdad era que tenía miedo, así que me levanté y empujé la cama hasta la pared, me lancé otra vez y me pegué a la pared, ahora si me propuse dormir, mañana sería otro día.

Mi Ángel GuardiánDonde viven las historias. Descúbrelo ahora