Final

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Axel dio media vuelta, pero antes de voltearse por completo y salir se quedó pensando unos segundos. No lo presioné. En definitiva no lo haría, no era quien para hacerlo, así que esperé paciente.

El volvió a su postura y comenzó a caminar lentamente por el caminito ladeando la cabeza de un lado a otro como si estuviera cantando algo dentro de el... o como si estuviera hablando consigo mismo. No me atreví a meterme en sus pensamientos, pues creo que lo que se estaría diciendo a si mismo no me gustaría y si no lo decía en voz alta era porque no quería que lo supiera.

Cuando estuvo frente a mi cerró los ojos y suspiró profundamente.

—Tendras que esforzarte... no haré nada para recuperar esta relación, lo harás tú. Estoy cansado de ser yo quien te busque y te reconquiste, quiero sentir que de verdad te importo porque siento que no es así, que solo finges - cerró sus ojos un momento —soy tan masoquista, estoy tan herido y roto y aún así vuelvo a ti.

Negó lentamente y se dio media vuelta para irse. Joder, él me había dicho literalmente que si me daba una oportunidad.

—Axel —lo llamé. Él se dio la vuelta.

Tome sus mejillas y junte sus labios con los míos en un beso presionado. Era un roce simple, sin labios entrelazados o lengua, pero aun así mi cuerpo recibió un escalofrío al sentir mis labios sobre los suyos. Mi piel se coloco de gallina y mi corazón latía desenfrenado, o eso era lo que creía.

Habia cerrado los ojos al besarlo; así que los abrí y me aparté de él lentamente sin soltar sus mejillas. Sus ojos estaban cerrados, la expresión de su rostro era indescifrable, pero no parecía estar enojado.

Soltó un suspiro y me abrazó fuertemente. Me abrazó tan fuerte que podía sentir como mis huesos querían crujir. Deje de respirar porque dolía. Pero no me importo. Él también me había hecho muchísima falta.

—Te amo —susurré, pero no recibí respuesta.

Axel se separó de mi y con pasos lentos se encaminó hasta mi improvisada salida luego simplemente desapareció por ella dejándome feliz y a la vez algo vacía.

Deje todo donde estaba y cómo estaba y corrí hasta el castillo. Estaba ideando un especie de plan que me permitiría recuperar la confianza de Axel y a mis amigos también.

Cuando llegué a la que era mi habitación que solo consistía en una habitación con una cama y un par de muebles.

Me senté en el piso de madera de la habitación y tranquilice mi alma y mi mente para poder abrir un portal a un lugar al que nunca había ido y no podía imaginar cómo era. No tenía nisiquiera una postal; era obvio que no lograría nada.

Por ello, cambié mis pensamientos enfocándome en esa mujer que había salvado del sótano de mi casa; tiempo atrás había pensado en aquello y es que, era extraño que aquella mujer fuera condenada a vivir en el mundo de los humanos y justo en mi casa, aunque, considerando que lo más probable es que nadie volviera a esa casa y así nadie la encontraría para rescatarla.

Tiempo después de haber cambiado de pensamientos sentí la conocida sensación de ser tragada y luego expulsada de cierta forma. O así fue como lo sentí en aquel momento.

No había cerrado los ojos, así que está vez pude ver como el escenario cambiaba radicalmente y lo que fue un borrón después de la sensación se fue aclarando para dejarme en un lugar desconocido, y era obvio que era desconocido para mí, pues nunca había estado en el infinito. O ahí creía yo estar.

Hacia tiempo que había perdido la sensibilidad, pero en ese momento sentía el piso frío, el aire que rozaba la piel desnuda de mi cuerpo y gracias a ello la piel se me erizó. Era placentero y a la vez abrumador poder sentir todo.

Mi Ángel GuardiánDonde viven las historias. Descúbrelo ahora