Capitulo 39

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“Los ángeles no se enamoran de monstruos.”

 

 

Justin:

Tenía 5 llamadas perdidas de Ryan, y otra docena mas de ____. Pero yo sólo había respondido a una. Y sólo fue un mensaje. Ryan había vuelto a llamar después de que lo recibiera. Estaba preocupado y quería venir a buscarme. Mi cabeza estaba hecha un lío y le dije donde me encontraba. Era él después de todo, mi mejor amigo, mi hermano, podía pedirle ayuda a él.

Esta mañana había vuelto a llamar Tony. Dándome una dirección y un nombre. Luke. Yo no sabía nada, no tenía ni idea de donde me estaba metiendo. Con Watson nunca podías estar seguro de nada. Pero aún así fui, porque tenía que hacerlo. No había discusión. Dejé a ____ dormida en su cama y me escabullí por la ventana haciendo el mínimo ruido posible. El plan funcionó porque ella no notó nada hasta horas después y para entonces todo estaba hecho.

Tony me había enviado a otro círculo. Me había obligado a volver a luchar. Había roto la promesa que le hice a ____ y había vuelto a pelear. Y había ganado, pero no me sentía así. No notaba que fuera una victoria real. ¿Por qué? Todos estos años había estado peleando por conseguir dinero para mi abuelo, y esas victorias eran reales. Las celebraba, me sentía bien conmigo mismo. Pero esta no, esta fue bajo presión. Si no, la harían daño.

Así que todas y cada una de las veces que golpeé a mi contrincante solo sentí ira, miedo. Y no iba dirigido hacia él. Sino a la persona que estaba observándome tras sus matones. Viendo que si fallaba, que si le defraudaba, daba por terminado todo.

Lamí mis labios y me apoyé contra la pared relajando mis músculos. Ryan me había dicho que debía contárselo, que debía ser sincero con ella. Y yo había querido poder hacerlo. Pero todas las veces en las que lo intentaba me la imaginaba muerta, con una bala en la cabeza. Y nunca lo hacía. Me echaba para atrás. Era un cobarde con la única persona con la que debía ser valiente.

Pero, tal vez, con esto la salvaba.

Revolví mi pelo con una mano y rasqué mí nunca intentando aliviar la frustración. ¿Podía cagarla todavía mas? Por supuesto que sí, era un experto en eso.

Saqué mi móvil del bolsillo. ____ había mandado un mensaje.

De: ____

Te echo de menos.

¿Qué ha ocurrido?

Por favor, responderme.

Apreté el móvil entre mis dedos. Mentirla era lo que mas me dolía. Pegué un fuerte puñetazo a la pared. Y me dejé caer al suelo. Apretando mis rodillas a mi pecho, hundí mi cabeza entre ellas.

Ten huevos, Bieber.

Pero, ¿qué iba a decirla? ‘Hola, cariño. Sí he vuelto a pelear, sí casi mato a gente a golpes, sí me estoy convirtiendo en alguien al que odio, sí todo esto es por protegerte. Y sí, no voy a pararlo.’ No podía. Ella me odiaría. Jamás me miraría a la cara.

La única opción eran mentiras.

Para: ____

Pronto estaré contigo.

Fue una falsa alarma al final.

Esclavos de la noche.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora