Reto número 18

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-Escribe un relato que involucre agua como elemento relevante de la historia.
¿Quién creen que no trae ánimos de escribir? Es que tengo hasta mañana para terminar unos regalos de Harry Potter y están un poco complicados. Pero bueno... algo corto pero bien.

Llevaba caminando un buen rato sin dirección, me acababan de despedir de mi trabajo por la negligencia de un compañero que me adjudicaron a mí. Fue desastroso, pero no me quejé, él tenía una familia que dependía de su salario y yo estaba por mi cuenta; ya encontraría algo que hacer.
Pero aún sabiendo que mi suerte no era tan mala, me sentía vacía; todo lo que había construido esos últimos años se acababa de esfumar, tendría que empezar de cero y eso, aunque no lo quisiera admitir, me aterraba.
Cuando sentí el frío deslizándose por mi rostro, fue cuando por fin miré a mi alrededor. Estaba en lo alto de una colina, cerca de un barranco y el frío que había sentido se debió a una gota de lluvia, que fue la primera del torrencial que se avecinaba.
Traté de regresar a la ciudad, pero la lluvia no me dejaba a ver, fue tal la cantidad de agua que las nubes estaban descargando, que su peso y fuerza me hicieron caer.
Estaba atrapada en la corriente, yo no me preocupaba del rumbo que estaba tomando, yo simplemente quería salir a flote, no quería ahogarme. Cerré mis ojos, esperando que todo terminara pronto y después de un momento, sentí que la fuerza que me arrastraba disminuía. Aún estaba rodeada por agua, pero sentía que por fin tenía el control de la dirección que quería tomar. Abrí los ojos y me descubrí en medio de un lago, rodeada por montañas. Las nubes seguían descargando agua, pero ahora era una leve llovizna.
En cuanto mi cuerpo me lo permitió, porque estaba un poco entumecido, nadé hasta la orilla y me quedé ahí, recostada; recuperando el aire que había perdido. A los minutos escuché una voz detrás de mí; era una pareja de ancianos, que me dieron cobijo y techo hasta que se calmó el clima. Eran unas personas muy agradables; aunque vivían humildemente y muy alejados de la ciudad, se notaba que eran felices, tenían todo lo que necesitaban para ser felices.
Me dieron direcciones para regresar a la ciudad y cuando, después de un largo viaje, vislumbre las luces de la ciudad, me di cuenta de que volvía a sentirme atrapada en la tormenta, en la monotonía de trabajar día a día para sobrevivir y cubrir las apariencias que me pedía la sociedad.
Llegué a mi casa, empaqué mis cosas, tomando solo lo que necesitaba y vendiendo el resto. Dejé esa vida atrás y regresé al lago, para pensar cuál sería mi siguiente movimiento.

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