Reto número 52

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Escribe un relato de un personaje que encuentra una corbata y no sabe cómo ha llegado allí.

¡Voy tarde!¡Voy tarde!¡Voy tarde! La reunión comienza a las 11 y todo esto de tener que ayudar a Marta con los niños me ha robado la noción del tiempo. Ahora entiendo porqué está enferma, despertarse temprano y no tener ni 5 minutos de respiro para uno mismo hasta que Dorian y Lizzy estén cambiados, arreglados, desayunados, con mochilas listas y refrigerio en mano para ir a la escuela.
Elinor me lo había advertido la noche anterior. "Deberás levantarte por lo menos una hora más temprano, sino el tiempo te va a comer." Le había sonreído y la había hecho creer que lo había entendido, sólo para que ella se pudiese relajar y dormir. Pero el despertador permaneció a la misma hora ¡y todo se salió de control! Ahora sólo ruego que mi jefe haya tenido el mismo contratiempo que yo.
Llegando al trabajo, veo a todos muy tranquilos, excepto por Louisa. Puedo distinguir la cara de preocupación de mi asistente.
-¡Señor Rogers! Pensé que no iba a llegar. La sala de juntas ya está lista y el Señor Wailer dijo que en unos minutos se presentaría, recibió una llamada urgente y la fue a contestar a su oficina.
Entro apurado a la sala de juntas, Louisa se ha encargado de traer la computadora, lápiz y papel. Reviso de nuevo mis notas, que había dejado en el bolsillo interno de mi saco. Por fin me doy un tiempo para relajarme, ya todo está bien. Pero cuando Louisa entra a la sala de juntas con el café y me mira, sus ojos parecen alarmarse y siguiendo el recorrido de sus ojos busco cual es el problema.
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-Papá sólo metió en mi lonchera un paquete de galletas. ¿Te dio a ti lo demás, Lizzy? Quizá por estar tan apurado metió el refrigerio de ambos en tu lonchera.
Mi hermana la abre y veo que está disgustada, de aquello que ha encontrado. Parece un pedazo de tela muy largo... Creo que es lo que papá se pone en el cuello para ir a trabajar ¿cómo se llama?
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Louisa tiene que utilizar la simpatía que le tiene Henry para convencerlo de prestarme su corbata. Le debo un favor y le prometo llevarla a almorzar a su lugar favorito.
Aunque es muy extraño, recuerdo haber tomado mi corbata del cajón, la había dejado encima de la barra de la cocina cuando les hice el desayuno a los niños porque no quería ensuciarla. ¿Dónde la habré dejado?
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Al final terminamos comiendo en la cafetería de la escuela y mi hermana y yo nos prometemos que cuidáremos bien a mamá para que se recupere pronto y sea ella la que nos prepare el refrigerio, la comida de aquí es malísima. Aunque Lizzy encontró un uso para lo que papá le puso en la lonchera y ahora parece la más popular de las niñas con su nueva diadema. Quizá mañana las demás niñas también les pidan a sus papás el pedazo de tela que se amarran al cuello.

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