Reto número 38

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-Escribe un relato sobre piratas. Describe los movimientos del barco y cómo afecta a los personajes.

Tengo un miedo con este reto, soy muy fan de piratas del caribe y por lo que puedo recordar, es la única historia de piratas que me sé; así que espero que mi mente no haga copy paste de eso.

Me inclinó nuevamente sobre la barandilla y no sé que es lo que sale de mí. Es la tercera vez desde que zarpamos que he vertido el contenido de mi estómago en el mar; creí que en la segunda ocasión había quedado completamente vació, pero me equivoqué. Noto la mirada de varios hombres, sé que se están burlando de mí, de mi poco aguante contra la marea. En mi defensa, es la primera vez que me subo a un barco e incluso, que veo el mar. Mi aldea fue destruida, mejor dicho saqueada y quemada hasta sus cimientos por bandoleros. Ayudé a unos pocos a escapar, pero yo lo perdí todo; mi casa, mi rebaño de ovejas, incluso a mi hermano, quien era el único familiar vivo que tenía. Odié y repudié a esos canallas por días; después de tranquilizarme y llorar mi pérdida, vi todo como una señal. Desde pequeños, mi hermano y yo habíamos soñado con viajar por el mundo, descubrir nuevos lugares y tener aventuras como las que los trovadores llegaban a contar a la aldea. Queríamos ser los protagonistas de las historias, tener fama y fortuna; obviamente, las cosas no tomaron ese rumbo y conforme crecimos, fuimos olvidando los juegos de niños y las historias y metas que nos habíamos planteado. Quedamos al cuidado del rebaño y nos asentamos en la aldea, como todos nuestros antepasados los hicieron antes que nosotros. Se podía decir que la estirpe Gins jamás había sido aventurera, y mi hermano y yo no habíamos logrado romper ese paradigma. No. Fuerzas externas tuvieron que intervenir para que nada me atara y pudiese realizar lo que me había prometido en mi niñez. Solo que encuentro muy lastimoso que mi hermano hubiera tenido que dar su vida para hacer mi vida más interesante. Así que, una vez que los sobrevivientes estuvieron a salvo, yo partí hacia lo desconocido, y la verdad aún no entiendo como terminé en este barco. Recuerdo haber recorrido los pueblos en busca de alguna aventura y escuchar las historias de un viejo bucanero, que me animaron a viajar hacia la costa. Cuando vi el océano, sentí que yo era un insignificante punto en ese inmenso azul, y por alguna razón me pregunté si dentro de él existiría un mundo como el de la superficie, con aldeas y todo eso. También recuerdo la cantina y a las personas que estaban buscando tripulación para un barco. Por un momento me interesé, pero cuando escuché que estaría bajo el mando de piratas, descarté la opción inmediatamente. Después de eso, me había ido a dormir. Lo próximo que sabía, era que había despertado con la urgencia de regresar la cena. Me han asignado como mozo del barco, tengo que mantenerlo aseado (creo que es un castigo por haber ensuciado la cubierta cuando me desperté). No he visto al capitán y no sé a donde nos dirigimos; lo que sé es que el primer oficial es una persona codiciosa y avara, solo está esperando la oportunidad para saquear al próximo barco que se cruce en nuestro camino. He querido hacer algo al respecto, pero sería inútil, soy solo yo, me superan fácilmente en número. Trato de no pensar mucho en ello, simplemente me limito a hacer mis deberes, maravillarme por la inmensidad del océano, rogar al cielo que no se nos cruce nadie en el camino y esperar a que toquemos puerto pronto y pueda escapar. Todos los hombres a bordo parecen estar enfermos o ebrios, no sé distinguir mucho lo uno de lo otro. Al parecer la constante exposición al sol, les ha derretido el cerebro. Se ríen de la nada, hablan solos, algunos parecen más espectros andantes que hombres. Quizá no soy el único que está aquí contra su voluntad.
Pasan los días y el horizonte sigue despejado, las bodegas siguen bien abastecidas, a excepción del alcohol, al parecer en alta mar es más común beber alcohol que agua (me dijeron que los hace sentir mejor y duerme sus sentidos, así no se vuelven locos por el aislamiento). Comencé a hablar con algunos de los tripulantes, todos son hombres sin nada que perder; algunos están por voluntad propia y otros no (como sospeché). Parece ser que la taberna es una trampa, quien se aloja ahí es reclutado consciente o inconscientemente.m
Después de la primera semana, el capitán hizo su aparición. Es un hombre ya mayor con una gran barriga. No parece la clase de persona que estaría al mando de nada. Sin embargo, su primer oficial y contramaestre le son fieles, ellos saben mantener el orden y disciplina en el barco (siempre pensé que las personas que se dedicaban a robar no tenían ese tipo de conducta, me parecían animales que hacían lo que su instinto les decía). Y al parecer sí tenemos un objetivo fijo; estamos al acecho de los barcos que vienen del nuevo mundo. El capitán dice que vienen cargados con tesoros que están más allá de nuestra imaginación. Sé que ellos se refieren a mucho oro y joyas, aunque eso para mí jamás fue un tesoro, aunque ahora que no tengo nada, no me vendrían mal algunas monedas. Así podría tener mi rebaño nuevamente.
Después de 2 semanas, ya no noto como antes los sonidos que hace el barco; como el crujir de la madera, el sonido del viento al pasar entre las velas, los golpes de los aparejos... Incluso mi estómago se ha acostumbrado al movimiento de las olas (ya no tengo que limpiar la cubierta tan seguido) ademas, mi piel ha adquirido una nueva tonalidad (pero mi cerebro aún no se derrite, o eso creo). Días atrás nos encontramos una embarcación, pero eran pescadores, no de mucho interés para nuestro capitán, que no es tan mezquino como creí que era; después de pedir amablemente (de verdad fue amable, no hubo necesidad de sacar las armas, pero creo que el barco de por sí intimida bastante) una cuota a los pescadores (que no les perjudicó mucho) los dejó ir. Y nosotros seguimos nuestro camino. He comenzado a entrenar con la espada, no porque quiera hacer daño a nadie, pero tampoco quiero morir. Espero solo herir  y no matar, no creo que pudiera vivir con esa carga en mi conciencia. Estaba dormido después de una larga jornada (nos había tomado por sorpresa una tormenta y logramos sobrevivir por nuestros esfuerzos y la habilidad de nuestro capitán), cuando el primer oficial hizo sonar la campana, lo que significaba que por fin habíamos dado con nuestro objetivo. Me mandaron a los cañones, y fue un alivio, solo tenía que tratar de destrozar los mástiles del otro barco, no matar a nadie (o eso creí) La adrenalina y la emoción del momento cegaron todo mi uso de razón, solo mi instinto de supervivencia me guiaba. Los cañones quedaron inutilizados debido al contra fuego, me vi forzado a subir a cubierta y apoyar en lo que pudiera. Noquee a varios marinos, pero la cubierta estaba sumamente resbaladiza  y estropeada, lo que hacia difícil moverse por el lugar. A parte, una nueva tormenta se formaba sobre nosotros y eso hacía que el barco se moviera violentamente. El capitán me hizo una seña, quería que lo ayudara a abordar el otro barco. Fuimos juntos y quitamos del camino los obstáculos que nos rodeaban. Llegamos a la cabina del capitán, buscando los tesoros de los que venían cargados. Los ojos de de ambos nos brillaron cuando nos iluminó el color dorado de los lingotes de oro. Cuando salimos del camarote, mis compañeros tenían la situación bajo control. Los marinos que quedaban estaban arrodillados, quietos a punta de cañón.
-El barco es nuestro capitán.- le informó el primer oficial.
-Muy bien. Ahora- se dirigió a los marinos.- Esto será muy sencillo. Nosotros tomaremos su botín y sus armas. Soy un hombre piadoso, pero no estúpido. - La tripulación rió- No tocaremos sus provisiones, porque están algo lejos de su destino. Dejamos en sus manos la decisión de regresar a abastecerte o seguir su camino a casa. Vi a algunos marinos con la intención de contestar, pero el metal contra sus cabezas se los impidió.
Cargamos el botín y bajamos a la bodega para ver que más encontrábamos. Fue una suerte que no llevaran esclavos, no hubiese podido ser parte del maltrato hacia ellos. El capitán cumplió su promesa y partimos. Ahora que ya estábamos cargados fijamos curso hacia puerto. Era un lugar visitado constantemente por piratas, lugar de perdición y vicios. Mis compañeros intentaron convencerme de acompañarlos, pero yo ya tenía planes. Había logrado atacar un barco sin matar a nadie, pero no esperaba tener esa suerte otra vez. Así que mientras todos se divertían, yo me fui. Comencé un viaje nuevo, solo que parte de mí se quedó en el mar. Quizá algún día pueda regresar, solo espero que sea en circunstancias diferentes.

Lo sé, lo sé. No hay mucha piratería, pero las palabras se me estaban yendo y si seguía por esa línea, posiblemente hubiese terminado con una historia de más de 5 páginas.

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