Reto número 2

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-Reescribir la escena de don Quijote con los molinos de viento, pero imaginándose que se enfrenta a hordas de zombies.

Espero no decepcionar, pero en el tema de los zombis soy pésima, ¡los odio y aborrezco!, y El Quijote no lo he podido terminar de leer (es bastante complicado, aunque esté en español) Así que vamos a ver que deparan los oscuros parajes de mi mente en este reto.

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Don Quijote esperaba con ansias una nueva aventura, una hazaña digna de un noble caballero como él; un acontecimiento que trajera con sigo la gloria y la fama que estaba buscando.
Sus cansados ojos vagabundeaban por el paisaje, mirando más para sus adentros que a lo que les rodeaba; el Quijote, en su mente ya planeaba sus batallas, sus discursos para aquellos que preguntaran por sus proesas... había una madeja de historias entretejiéndose en la mente de aquel hombre, que cuando por fin en el llano paisaje se asomaron unas figuras, sus ojos tardaron tiempo en percibirlas.
Al parecer, la buena fortuna estaba de su lado, ahí estaba frente a él lo que hacía tiempo buscaba, una aventura.
-¡Gigantes!- Don Quijote, ya comenzaba a arreglar su improvisada armadura. La emoción, hacia que le temblaran las manos, pero aun así  se movía habilidosamente.
-¿Gigantes?- Sancho agudizó su mirada, tratando de divisar lo que el Quijote miraba, más no lo lograba, no había frente a ellos otra cosa que no fuesen molinos de viento.
-Si amigo mio, ¡Gigantes! Las criaturas más perversas conocidas en la creación. Pero no por eso los dejaré atormentar a las buenas personas que viven en estos lares.
-Pero...
La frase de Sancho quedó en el aire, Don Quijote ya iba a todo el galope que Rocinante era capaz de dar. Lanza en mano, lista para clavarse en su objetivo. Sin embargo, cuando faltaban pocos metros para saborear su victoria, el Quijote cayó de su caballo, volando por los aires y aterrizando a los pies de su adversario.
-¿Qué ha ocurrido?- Se había girado a su caballo, esperando una disculpa por lo ocurrido.
Rocinante rechinaba con desesperación, sus patas parecían estar atadas a la tierra. Por un instante, el Quijote palideció, en ninguna de sus invenciones había concebido la idea de un ataque de muertos vivientes.
Salió corriendo en ayuda de su caballo, a quien veía forcejando contra las manos de decenas de muertos que salían de la tierra a reclamar venganza.
-¡Déjenlo en este instante! ¡Sus agresores están ahí enfrente!
El Quijote gritaba ferozmente mientras intentaba liberar a su caballo; su lanza había resultado un arma inservible con tan viles criaturas y se vio obligado a utilizar sus manos para despojar a Rocinante de las pútridas extremidades que lo aprisionaban.

A lo lejos, Sancho observaba esa "aventura" y se preguntaba cómo era posible que la imaginación de aquel hombre no tuviese límite. Había escuchado, todo lo que el pseudocaballero blasfemaba en contra del tronco, que por accidente había pisado el caballo.

Cuando por fin Rosinante se encontraba libre, Don Quijote lo movió rápidamente de lugar; primero, para ponerlo a salvo y en segundo, para poder hablar mejor con la horda de muertos que esperaban bajo la tierra.
-Han dirigido su ira a la persona equivocada, yo estoy aquí para ayudarlos, para liberarlos de esas bestias que los oprimieron y los despojaron de sus tierras.¡Únanse a mí y juntos los venceremos! ¡Unidos les pondremos fin a sus atroces vidas! Unidos, encontraremos la paz que anhelan sus espíritus.
Su discurso había funcionado, los zombies se encontraban de su lado, ahora no había manera en que los gigantes los vencieran.
Sus oponentes los miraban, y el miedo se les esparcía por todo el semblante. Sabían que sus minutos estaban contados, pues el valiente Quijote ya los había sentenciado.

-Será mejor que vaya a ayudarlo, no puedo sacarlo de su mundo de fantasía, pero sí puedo evitar que se lastime.- Sancho emprendió el lento camino hacia su amo. Quería dejarlo disfrutar un poco de su aventura, ser el héroe de sus fantasías.
Cuando se encontró por fin a su lado, Don Quijote se encontraba arrodillado, hablando con la tierra.
-¿Se encuentra usted bien?- Sancho se arrodilló a su lado.
-¡Todo bien, mi amigo! ¿Ha visto el combate? Todas esas almas peleando por su libertad. ¡No hay nada que motive más a un hombre, vivo o muerto, que la promesa de libertad! Recuerda eso bien, Sancho.
-Así lo haré.

El viento había cesado, los molinos se encontraban inmóviles, era por eso que el Quijote había dado a su enemigo por derrotado.
Ambos hombres volvieron al camino en sus respectivas montaduras, y mientras avanzaban, Don Quijote le contaba a su escudero, sobre su glorioso enfrentamiento.

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