Reto número 16

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-Invéntate un pasado para ti: ¿dónde creciste? ¿a qué te dedicas? Haz que sea lo más diferente posible al real.

Nací en una pequeña isla en medio del Pacífico, era un lugar siempre soleado, de clima agradable y con las personas más amables que pudiesen existir, o eso es lo que me cuentan mis padres, yo jamás tuve la oportunidad de conocerlos. Nací con una de las peores enfermedades para una isleña, yo era alérgica al sol, así, como un vampiro. Mi piel era blanca, al punto de parecer translúcida; todos me tenían miedo, no sabían si yo era un buen presagio o la peor ave de mal agüero que les pudo haber sucedido. Pero como dije, las personas de la isla eran amables, y entre todos, ayudaron a mis padres a juntar dinero para poderse mudar. Ahora que lo pienso, quizás no fuesen tan buenos, solo querían deshacerse de mí. En fin, mis padres y yo abandonamos la isla y fuimos a una ciudad en Europa, que al parecer, nadie conocía, sólo iban ahí los despechados y los que, como yo, podían poner un pie en la luz solar.
Ahí crecí, en ese pequeño paraje despoblado de vegetación, con un cielo siempre gris y una amenaza diferente en cada esquina. Mis padres dejaron de sonreír, su vida comenzó a ensombrecerse, acorde a su nueva residencia. Yo, por mi parte, al no conocer otra cosa, era muy feliz. Jugaba con lo que me encontraba, hacia fuertes de nieve, junto con su castillo y sus habitantes (por lo general siempre había nieve, sino era eso, jugaba con hollín)
Mis padres no pudieron tolerar más el ambiente, y cuando yo tenía 10 años, nos mudamos de nuevo, esta vez a un lugar donde había tanto sol extremo, como el cielo más cerrado que se pudieran imaginar. Me inscribieron en un internado y ellos se fueron a la parte soleada a hacer su vida. Cuando los visitaba (porque ellos me rogaban que yo lo hiciera) era muy doloroso para mí. Cubría completamente mi cuerpo (en el trayecto de la mudansa, el sol tocó mi piel por primera vez y no fue nada agradable.) usaba una capa de 2cm de bloqueador solar en mi cara y cuello, y me hice aficionada a confeccionar los sombreros más gigantescos que pudiesen existir.
A mis 15 años, siendo una estudiante sobresaliente, entre a la universidad, en donde busque la cura para mi mal, pero por más que hacía, por más que probaba, no tenía solución.
Un día salimos a la playa mis amigos y yo, era un día soleado/nublado y todos estaban en el agua, excepto por mi, yo estaba en la arena, con mi sombrero/carpa, cubriéndome. Pero verlos a todos chapoteando y riendo me hicieron hacer la mayor tontería de mi vida; pensé que si me introducía al agua lo suficientemente rápido el agua me serviría de protector contra el sol y mi piel no se dañaria. Así que camine hasta la orilla de la playa, arroje el gorro y... No pude siquiera dar un paso, en cuanto el sol me tocó mi piel se petrificó.
Me llevaron a urgencias, porque aunque mi piel estaba inservible y petrificada, mis órganos estaban perfectamente bien. Entrando al hospital. Mis amigos trataron de ponerme en una camilla, pero por su mala coordinación me resbalé de entre sus manos, estrellándome en el piso. Todos guardaron silencio. Me miraban sumamente preocupados, pues mi piel se desquebrajo y varios pedazos de ella se encontraban esparcidas por el lugar, pero a mí no me dolía nada. Me incorporé, temiendo lo peor, esperando ver mis músculos en donde antes había piel, pero no fue así. Con toda la curiosidad de un niño fui arrancando los pedacitos de piel petrificada que se encontraban aún pegadas a mí y debajo de ellas, se encontraba una piel color canela, perfectamente saludable. Todos miraban impresionados y pronto se unieron en la tarea de ayudarme a desprenderme de mi antigua prision.
Mis padres dijeron que había tenido el mal de la serpiente, que solo era necesario cambiar de piel.
Ahora soy una persona errante, visito a las personas con enfermedades raras, les doy apoyo y tratamiento y les cuento mi historia. Además, trato de estar siempre en lugares soleados, no quiero jamás volver a la oscuridad.

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