Reto número 51

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Reescribe un cuento de hadas clásico.

Mi favorito es la bella y la bestia, pero como no tengo nada que objetarle a esa historia, y ahora que lo pienso, me dicen cuentos clásicos y sólo puedo pensar en las princesas, creo que Disney tiene la culpa.

Todo sé siente frío y oscuro, hay cierta quietud aquí que me desconcierta. Sí miro hacia arriba distingo colores que no había visto jamás. Son luces de colores, los rayos jamás habían producido algo así. Dentro de mi estómago hay algo que me tirá hacia abajo, que me dice que no debo de investigar, es la sensación que más amo, el miedo, porque con él crece la excitación y todos mis sentidos se ponen más alerta.
Miro a mi alrededor, no hay nadie; ni fisgones, entrometidos, ni hermanas ¡ni padre! Todos deben de seguir en la fiesta. Me apresuro a subir, no sé cuanto tiempo de suerte tenga; mientras más avanzo, pienso en lo que podría encontrar y en lo que me dirán sí se enteran de lo que hice. Papá me mirará con sus ojos acusadores, los que pone cuando piensa que algo no está bien conmigo; mis hermanas se secretearan ente ellas y después convencerán a papá de que todo esto es una etapa ¡sí, claro! Soy diferente a ellos, no entiendo porque después de tanto, aún no lo han entendido y se niegan a aceptar la realidad.
Conforme subo, el frío se intensifica, y la corriente es más fuerte. Suena tonto que lo diga viviendo debajo del mar, pero el aire huele a humedad; no a la humedad salada que es propia del mar, sino ese exquisito olor del agua de lluvia. Siempre he imaginado que el agua de lluvia tiene los aromas de los lugares por donde las nubes se fueron abasteciendo de agua. Esa mezcla de cierto dulzor, como un alga marina tierna (quitando el pescado y la sal, pero es lo mejor con lo que la puedo comparar).
Lloverá en algunos instantes, y a juzgar por las nubes y los rayos que vi, será una gran tormenta. Pero agudizando aún más mis sentidos, logró captar otros aromas y otros sonidos. Una de las luces que llamaron mi atención hace brillar el cielo, es color rosado y naranja; no viene del cielo, como los rayos, sino que ha ido a reventar ahí ¿pero cómo?. Hay una estela de polvo debajo de donde la luz apareció; siento de nuevo el nudo en el estómago y me apresuro a nadar, no quiero perder mi rastro, ni estar aquí afuera cuando comience la lluvia.
...
-¡¿Te has vuelto loca?! ¡Salvaste a un humano! ¿Por qué?
Mi padre está furioso, pero yo también lo estoy.
-¿Querías que lo dejara ahí a que se ahogara? ¿No eres tú el que siempre me ha dicho que debo ayudar a quién lo necesita?
-De tu misma especie, Ariel. ¡O al menos de tu mismo reino!
-Una vida es una vida, padre. No me arrepiento de lo que he hecho.
-¿No?
Veo en sus ojos que está vez de verdad me he excedido con mis palabras. Está furioso y en ese estado es impredecible.
-Veamos si esto te ayuda a dejar de tener empatía por los humanos.
Me apunta con el tridente, el nudo en el estómago ni siquiera ha tenido tiempo de formarse. Todo mi cuerpo me duele y siento como mis aletas se desquebrajan. Siento una horrible opresión en el pecho y pierdo la conciencia.
El calor es lo que me despierta, calor que no había sentido en la vida. Abro los ojos y veo a las gaviotas sobre mi cabeza, quiero moverme pero todo se siente extraño. Intentó no entrar en pánico pero al mirar mi cuerpo descubro que la aleta a desaparecido, ha sido remplazada por un par de piernas. Son horrendas, fascinantes, pero horrendas.
Estoy en la playa donde dejé a aquel muchacho. El que me ha metido en este lío. La verdad es que le doy demasiado crédito, yo sola me lo he buscado, tarde o temprano iba a colmar la paciencia de mi padre y una mirada de reproche ya no sería lo único que recibiría de su parte. Pero no entiendo que quiere que haga. Todos sus poderes de señor del océano los utiliza para enseñar ¿que se supone que voy a aprender de todo esto?
Me quedo recostada en la arena, pensando y es cuando escucho los pasos de alguien acercándose. Me giro y veo una mujer, es algo mayor y aunque sé que está tratando de comunicarse conmigo no entiendo ninguno de sus sonidos. Sólo entiendo, por la expresión de su rostro, que está preocupada, confundida y quizá hasta asustada. Cuando llega a mi lado se quita su mandil y lo pasa por encima de mi piel. No entiendo porque lo hace, pero no se lo impido.
Pasó semanas en el castillo, he aprendido a caminar en mis detestables piernas, entiendo ahora un poco de su lenguaje y ellos me entienden a mi (en ocasiones más por mis señas y mis dibujos, me vi obligada a aprender, es más fácil comunicarse por medio de imágenes).
Las cosas aquí no son muy diferentes que en casa, también soy extraña para ellos y cuando me ven cuchichean o me miran de manera extraña.
No he tocado el océano desde que llegué aquí; sigo un poco indignada con papá.
Después de un tiempo, vuelvo a encontrar al muchacho a quién salvé, pero él no sabe quién soy. No lo culpo, ese día estaba moribundo, tenía mejores cosas en las cuales pensar que en mí. Me explica que es un príncipe y que ese es su castillo. Que me ha acogido y que está muy feliz con mi progreso.
Hay algo muy lindo en sus ojos y en la forma que me mira, él no me hace sentir extraña.
No le he contado a nadie de donde vengo, a papá no le gusta que los humanos ronden por las aguas cercanas al palacio, no quiero poner a nadie en peligro; además, dudó que me crean sí se los cuento, para ellos las sirenas y los reinos bajo el agua son sólo historias de piratas y de hombres ebrios. Cuentos para dormir (la primera vez que los escuché decir eso me eché a reír y ellos temieron que me estuviera volviendo loca).
Erick pasa sus tiempos libres platicando conmigo, viendo mis progresos y enseñándome nuevas cosas. Los humanos tienen "libros" que es de donde sacan casi todas las cosas que saben. Y a Erick le gusta leer y a mi me gusta que me lea.
En mis primeros días en el palacio fui una moza, ayudaba en los quehaceres y todas las tareas que pudiese hacer. Conforme aprendí a comunicarme con ellos y a aprender más actividades, Erick dijo que tenía un gran potencial como para estar lavando trastes ( aunque cuando él no está en los alrededores, sigo haciéndolo, creo que es lo menos que puedo hacer por Mildred, que fue la mujer que me trajo aquí. Aún así, tengo muchas obligaciones y cosas que hacer. Erick quiere volverme una erudita, quiere que me case con él y le ayude a dirigir el reino, pero para eso necesito estudiar más. El problema es que entré más aprendo, más quiero conocer. Los libros son geniales, pero quiero ver todo lo que describen; las montañas, los ríos ¡la nieve! Hay tantas maravillas en la superficie que me cuesta mucho trabajo quedarme quieta.
Cuando se lo digo a Erick se molesta en un principio, me grita y rompe cosas, después llora y yo lo sostengo hasta que se calma. Quiero explicarle que no es su culpa que yo sea así y aún temiendo que no me crea, le cuento quién era yo antes de que él me conociera y todo lo que había pasado para que terminara donde estaba.
Papá tenía razón, después de la mirada de despecho y odio que me lanzó Erick, no sentí mucha empatía por los humanos. Él me corrió del palacio, me llamó loca y me dijo que me fuera a hablar con los peces; que había sido un estúpido al pensar que podría hacer de mí una esposa.
Me fui hacia la playa en medio de lágrimas y me metí entre las olas esperando que algo pasara. Le pedí perdón a mi padre y cuando sentí que todas mis esperanzas se desvanecían escuche a alguien llamarme.
Miré rápidamente entre las olas, buscando a mi padre o a mis hermanas, pero no había nadie. Volvieron a decir mi nombre y me di cuanta que era Mildred la que lo hacía, ella estaba a la orilla, mirándome.
Me dijo que no tuviera miedo, que todo iba a estar bien y que no le tuviera recentimientos a Erik pues él era un hombre de hechos, después me dio una concha, dentro se encontraba una perla.
-Tu padre nunca te dejó sola, pequeña. Él te ama demasiado. Y ha visto que te has desarrollado mejor en este mundo que en el nuestro; él quiere tu felicidad, pero no quiere perderte. Así que te propone esto: Toma la perla e incrústala en tu ser, ella siempre te mostrará el camino a casa.
-Pero no puedo llegar a casa con esta forma. -Le digo a Mildred señalando mis piernas.
-La perla también te cambiará. Pero sólo cuando te encuentres dentro de agua salada.
Es el regalo más hermoso que me ha dado mi padre.
Me convertí en una erudita por cuenta propia, y no fue para ser una buena esposa, sino por el gusto de aprender. Mi padre y mis hermanas me reciben siempre con una sonrisa después de mis excursiones. Ninguno entiende por qué lo hago, pero ya no me miran de manera extraña, por fin me entendieron.
Mildred resulto ser una de las consejeras más viejas y fieles de mi padre, y mi íntima amiga.
He conocido a varios hombres en mis aventuras, pero con ninguno he tenido la necesidad de hablar de mi pasado y mi condición, aún con aquellos de mente abierta o fanáticos de las criaturas mitológicas (así es como nos llaman). No, nadie aún me ha hecho sentir normal bajo el influjo de su mirada. Pero no me preocupa, aún me queda mucha vida por delante y muchos lugares por conocer, ya aparecerá alguien digno de escuchar mi historia y que entenderá sin juzgar.

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