Reto número 28

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-Escribe un relato en el cual el personaje principal se despierta con una llave agarrada en su mano. Céntrate en cómo llegó a tener esa llave y qué abre.

Clap, clap, clap. Escucho que alguien toca a la puerta, pero no quiero abrir, me siento cansado. Clap, clap, clap. No importa qué tan insistente sea, ya se irá; Clap, clap, clap ¡Maldición! Aún con los ojos cerrados cambio mi posición para salir de la cama, pero me doy cuenta que no puedo, parece que el espacio es reducido. Abro mis ojos para tratar de ver el problema, pero no encuentro diferencia entre abierto y cerrado, estoy rodeado de una oscuridad abrazadora. Quiero estirar mis pies, pero no puedo, intentó lo mismo con mis brazos, pero no se alejan más de 10 centímetros de mi cuerpo. Trató de no entrar en pánico; con la yema de los dedos, voy recorriendo el perímetro de lo que me rodea, es liso pero no se siente como el plástico o el metal; calmó mi respiración y es cuando descubro el aroma a madera. Creo que me encuentro dentro de una caja de madera. El pánico me invade otra vez ¡un ataúd! ¿Estoy dentro de un ataúd? Siento la desesperación engullirme, pateo con fuerza, tratando de romper mi confinamiento, pero no hago más que lastimarme los pies. La ansiedad me hace llorar, pero rápidamente limpio mis lagrimas, eso no me ayudará a salir de ahí. Llevo mis manos hacia mi pecho, un gesto involuntario que he tenido desde niño, y es cuando siento que hay algo sobre él. Mis dedos perciben una superficie fría, dura, rugosa y pequeña, con bordes irregulares ¡una llave! ¿Por qué tengo una llave? ¿Los ataúdes usan llaves? No me detengo a pensar en la respuesta, sino que comienzo a buscar el cerrojo. Nada, estoy rodeado de una superficie lisa.
¡piensa! ¿Qué sucedió?¿cómo terminé aquí? Cierro los ojos y trató de concentrarme. ¡Había escuchado golpes en la puerta! ¿Puerta? ¿Fue la puerta lo que escuché? Me concentro más. No había escuchado los golpes de la puerta de mi casa, se habían escuchado más potentes, más cercanos ¡incluso había sentido el eco del golpe sobre mi espalda! ¡Mi espalda! Con mucho esfuerzo, giré mi cuerpo para quedar sobre mi vientre y volví a tocar la superficie con la yema de mis dedos ¡ahí estaba el cerrojo! Introduje la llave sin pensarlo y la puerta se abrió, haciendo que mi cuerpo cayera contra el duro y frío piso.
Después del impacto, escuché el sonido de varias personas riéndose, abrí los ojos y ahí estaban mis amigos.
-Págame, te dije que si iba a poder salir aún estando ebrio- Le dijo Luis a Jorge.
Ebrio...Ahora recordaba, la fiesta en la casa de Daniel, el show de magia, yo autoproclamandome el mejor mago. Había caído dormido por el exceso de alcohol y mis amigos aprovecharon para probar que tan cierta era mi palabrería. Eran unos idiotas, y yo también lo era. Después de que pasó la resaca y todos comimos, no dejaron de contar y reírse sobre la anécdota que me acababa de suceder.

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