Reto número 24

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-Escribe un relato que termine con un cliffhanger.

Los calambres en mis piernas son casi insoportables, pero la adrenalina me hace seguir adelante; puedo sentir el miedo de Vanessa en su respiración, aún sostengo su mano entre la mía, ambas nos damos ánimos para seguir adelante, nos seguimos empujando la una a la otra. El bosque se hace espeso a momentos, y cualquier roce de los árboles nos ponen histéricas. La luna, que antes me parecía una fiel amiga, se ha convertido en una acosadora, un faro que le dice a nuestro perseguidor dónde encontrarnos, es como si estuviésemos marcadas.

Había sido la idea más pésima del mundo, nuestros padres nos habían advertido, pero él se veía tan amable, seductor... Sí, se podía percibir la amenaza en su sonrisa y su mirada, pero ambas creímos que superándole el número y con nuestros leves conocimientos en defensa personal, podríamos salir ilesas de cualquier situación. ¡Grandísimas idiotas! No creímos lo que los demás nos decían, pensamos que eran historias para atraer a los turistas. Solo cuando las luces de la fogata brillaban más vivamente y la luna por fin apareció, en el momento que, como la pequeña de capa roja, nos dimos cuenta que algo iba mal. El color de sus ojos había cambiado, sus dientes comenzaron a crecer... No pensamos demasiado, lo arrojamos sobre la fogata cuando aún podíamos y echamos a correr; nos creímos a salvo después de unos minutos carrera, pero el aullido que desgarró el silencio de la noche, nos demostró lo equivocadas que estábamos.
"Corran a la iglesia." Nos habían dicho los lugareños "Guarden estos rosarios de plata" La anciana los había escondido en nuestros bolsillos después de vernos con él. "Estarán seguras dentro de tierra Santa." Como nos habíamos reído de la anciana en ese momento.
Las luces de la ciudad se alcanzaban a vislumbrar en el horizonte, Vanessa y yo apretamos el paso. Faltaban solo unos kilómetros. Nos permitimos sonreír, todo iba a estar bien, nos aferrábamos a esa esperanza, hasta que escuchamos las ramas crujir detrás de nosotras.
Comencé a llorar, no quería morir. Vanessa apretó mi mano más fuerte, animándome. Corrimos y seguimos corriendo, la iglesia ya estaba frente a nosotras, mi amiga ya estiraba la mano para abrir la puerta ¡clap!

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