I Love You Always – The Icarus Account.
Hoy era mi primer día fuera de la clínica. Se suponía que me dejarían salir por hoy y mañana por la mañana tendría que volver a mi primer clase del día. Que era algo así como matemáticas y la segunda clase era Bolitas de Papel II. De acuerdo, las clases no eran esas. Pero básicamente nos trataban como niños. Querían encontrar lo que nosotros tuviéramos catalogado como un Talento Oculto. Yo sabía cual era mi talento oculto. Hacer chiste de las debilidades ajenas… y cantar. Creo que ese también era algo como un talento.
Me crucé la mochila y salí de mi habitación. Las paredes del pasillo seguían siendo blancas. El aire aquí seguía oliendo a hospital, algo así como a alcohol, medicamentos, PH diferente y muerte con un litro considerable de desesperanza y unos 500 mililitros de locura.
Caminé hasta donde estaba la sala de espera más grande, suponía que alguien vendría por mí, tal vez sería mi madre y Rain, o alguna de esas mujeres a las que yo les interesaba como mi hermana, pero ella era una rebelde que no le gustaba estar cerca de su familia. La mayoría del tiempo se la pasaba lejos. Posiblemente para no enterarse de lo que realmente pasaba en casa. Aunque, como yo lo sabía de antemano, alejarte no te hacía desaparecer los problemas, solo los retiene un momento más. Solo los hace una bomba de tiempo.
Brendon apareció al final del pasillo con una carpeta y el señor Roco. Normalmente él ya no me consultaba y tampoco me hacía tantas preguntas. Creo que lo único que quería era que dejara de estar luchando contra el personal y él me dejaría en paz. Pronto cumpliría los dos meses aquí y yo no veía ninguna mejora o adelantamiento en mi tratamiento. Yo solo veía pastillas ir y venir de mi mesita a la hora de desayunar.
Cuando estaba por salir de mi piso, me encontré con uno de los pacientes más complicados de aquí. Roger, era un tanto esquizofrénico.
-Roger, recupérate –cuando me miró se puso en cuclillas y siguió meneándose de atrás hacia adelante -. Hey, soy yo… el real –Brendon rodó los ojos—bueno, yo solo decía.
-¿Cómo te has sentido?
- Igual que siempre –respondí mirando a mi alrededor, todo aquí eran pasillos y pasillos estaba realmente aburrido de este lugar, creo que hasta había vuelto a mi color natural. Tendría que ir a Tasmania solamente para broncearme una vez más.
- ¿No ha habido ningún avance?
- No lo creo, a menos que mi color de piel esté en la lista de mejoras –Brendon me detuvo antes de poder llegar a la sala. Me miró fijamente y se cruzó de brazos.
- No has discutido. Ni has tratado de matar a nadie, ni siquiera has tratado despectivamente a alguien en la última semana.
- ¿Quieres que me ponga a joder la vida de los que ya están suficientemente mal? Eso es enfermo Brendon. ¿Piensas tan mal de mí? –pregunté casi ofendido. Casi.
- Pienso que una persona con un trastorno tan arraigado debería de tener problemas con cualquiera –respondió con tranquilidad.
Al mirarlo me di cuenta de muchas cosas que nunca había notado. Lo observé fijamente, sus ojos, su mueca congelada en el rostro, sus fuertes músculos y sus despectivas caras. Ya estaba cansado de todo esto.
-¿Qué haces tú aún aquí? –pregunté serio-. ¿Cuándo te has preocupado por ti mismo lo suficiente como para saber si tú estás lo suficientemente cuerdo para tratarnos a nosotros?
- Como psiquiatra estoy obligado a ir al menos una vez al mes para ver si tus problemas ahora no son los míos –lo miré fijamente- ¿y de cuatrocientos pacientes que hay aquí, no has sentido que te estás volviendo un poco loco?
- El único paciente que me molesta eres tú –reí.
- ¿Desde cuándo? –pregunté y él frunció el ceño, se irguió y acomodé bien mi mochila.
- ¿Desde cuándo qué? –dijo a la defensiva. Señalé sus manos y él las puso detrás de sí con mucha rapidez-. Desde cuando tienes esos temblores. ¿Has ido al doctor? –él negó y caminó hacia atrás-. Ya lo sabes, ¿cierto? Ya sabes qué tienes. ¿Qué es?
- Nada que te importe –abrió la puerta y esperé que eso nos interrumpiera pero nadie me llamó- vete… no tienes nada qué saber acerca de esto.
- Yo no, pero sabes que siempre puedo decirle las cosas a Jamaica por ti.
- Jordan no tiene que saber nada…
- No pero en algún momento tendrá qué cuidar de su padre –él me empujó con ambos puños hasta la puerta haciéndola sonar.
- ¡Hey! –la voz de Alex nos distrajo a ambos y nos hizo separarnos-. ¿Qué demonios está pasando aquí?
En la sala de espera, había solamente un par de sillas alrededor de un pódium. Las cortinas eran blancas y el piso de un raro color negro. Había una figura extraña formada por los distintos tonos en él. Era como algún tipo de… ying yang. Miré a Brendon y él solo dio unos pasos hacia atrás-. Vuelve mañana por la mañana.
Dicho esto, cerró la puerta frente a mi rostro. Me le quedé mirando un tanto sorprendido por su repentina agresividad. La puerta roja de madera tallada era mucho más vieja de lo que realmente parecía. Podía ver cuan desgastada estaba. La cerradura incluso era muy antigua y todavía funcionaba. Creo que era lo único viejo que había aquí… además de alguno que otro viejo psiquiatra.
Ninguno de ellos hablaba conmigo. Creo que era porque era propiedad de Longford, pero sabía que había algunos que trataban de hablarme. Siempre había un viejo de barba blanca que trataba de llamar mi atención en el comedor. Yo no le prestaba mucha atención porque sabía que no debía de meterme con nadie que no fuera Brendon, pero su mirada azulada siempre me hacía sentir algo incómodo. Como si tratara de experimentar conmigo.
-¿Harry? –me giré al recordar que Axel era quien había venido por mí. Al verlo él sonrió y me dio un fuerte abrazo. Reí y lo empujé-. ¿Qué? ¿Ya no me amas? ¡Creí que éramos del club de UltraMachosCalientes!
- Es una hermandad –rodó los ojos y lo abracé de nuevo-. ¿Ya viste al suegro que te cargarás?
- ¿Qué me cargaré? –preguntó alzando una ceja haciéndose el inocente.
- Oh vamos, ¿me vas a negar que has estado tratando de tener sexo por internet con Jamaica? –soltó una fuerte carcajada que me hizo sonreír-. Por favor, le digo que es bonita y casi se me cae la cara de lo rojo que me pongo.
- ¿Y? Eso no significa que seas impotente sexualmente y de una imaginación realmente poderosa –rió y me empujó hacia un lado-. Venga, que las mujeres están esperándote. Mira que me han obligado a mantener mis manos fuera de sus guisos y tengo demasiada hambre. Debería darte vergüenza que hasta un hombre como yo haga un ayuno por tu culpa.
- ¡Uy, no te vayas a poner tan flaco!
- ¡Estoy muriendo! ¡Mira, casi estoy en los huesos! –dijo dramáticamente. Rodé los ojos y seguimos caminando y hablando hasta que logramos encontrar un taxi.
…
Al llegar a mi casa, que era donde se suponía toda la familia se reuniría para ‘recibirme’, me encontré con los invitados más peculiares de la historia. Estaba mi padre, con Lorely y sus dos niños. Mi madre, con el padre de Landon y él. Mi hermana, Jamaica, Nicky, Axel y por supuesto, Rain.
Saludarlos a todos no fue un problema, estar sentado en la gran mesa con todos a mi alrededor sí que lo fue. Principalmente porque eran casi unos contra otros. No hablaban mucho entre todos. Que mi madre viera quién era la otra no era de su agrado, y que mi padre ahora conociera a su reemplazo era casi como una patada en el estómago. Yo, sin embargo, estaba disfrutando de la vista que tenía al frente.
Nicky estaba sentado sobre las piernas de Rain. Ella hablaba sin parar sobre lo que hacía en Tasmania. Él hacía preguntas y seguía mirándola como si fuera una joya. Lo podía ver por el brillo que había en sus ojos. Lo podía sentir. Sabía que él podría quererla sin siquiera esforzarse y ella lo hacía tan fácil. Porque si tú no te dedicabas a ver los defectos de la gente, ella podría pasar totalmente desapercibida. Sus medicamentos le habían hecho demasiado bien. Ella cambiaba muy poco y a veces duraban solo minutos antes de que volviera a ser ella. Desde que estaba aquí, no la había visto cambiar ni una sola vez.
-¿Entonces qué piensas hacer ahora? –preguntó mi padre a Landon, quien estaba a mi lado y se encogía de hombros a cada pregunta que le hacían-. ¿Publicarás tu libro?
- He encontrado una editorial –respondió- no harán una gran tirada pero es posible que se publique en algunas buenas librerías de la ciudad.
- ¿Ah sí? –pregunté y él se encogió de hombros, como siempre-. Bueno, felicidades –él medio sonrió y me dio un golpe con su puño en mi hombro. Miré a mi madre y ella me volteó a ver con media sonrisa-. ¿Qué?
- Andrew –el padre de Landon- y yo… nos vamos a casar.
Parpadeé con velocidad y lo primero que hice fue ver a mi padre. Él miró a mi madre con media sonrisa y asintió a forma de aprobación-. ¡Felicidades! –dijo Nicky rápidamente.
Es posible que fuera un niño bastante listo. Pero no sabía cuanta historia y heridas habían sobre esta mesa. Lo único que pude hacer fue sonreír y desearles lo mejor en silencio. Mi boca no reconocía lo que eran los buenos sentimientos, las esperanzas a futuro y realmente lo deseaba. Deseaba ser optimista. Deseaba tener una vida como ellos.
-¿Alguien más tiene buenas noticias que quiera compartir con el grupo? –pregunté y casi la mayoría alzó las manos-. Bueno, díganme.
- Yo –inició papá- me casaré también con Lorely… y nos mudaremos a Bristol –abrí mucho los ojos, aunque no estaba tan apartado, me parecía extraño que él se fuera de aquí.
- Vaya pues… felicidades –logré decir- ¿me dejarán ver a mis hermanitos? –ambos asintieron, creo que no esperaban que yo dijera eso.
- Por supuesto… siempre estarán esperando por su hermano –murmuró Lorely, luego volteó a ver a Rain, quien simplemente bajó la mirada- y hermana…
- Ay mamá –susurró Axel- haremos lo mejor que podamos, ¿si? –ella tratando de no hacer una gran discusión simplemente asintió y volvió al vista al plato.
- ¿Alguien más? –pregunté- ¿Axel?
- ¿Yo? –dijo sorprendido de que le llamara. Asentí y él aclaró su garganta, probablemente estaba organizando sus ideas-. Bueno, me quedaré aquí a hacer mi servicio social… haré mis horas en la clínica en la que el Doctor Longford trabaja así que… me mudaré por al menos dos meses –sonrió y miré a Jamaica quien silbaba sin parar.
- Mamá está feliz –dijo Nicky divertido- Mira, se está poniendo rojita. Es culpa de Axel.
- Oh, si yo no he dicho nada… -dijo Axel mirándola fijamente. Ella se encontró con su mirada y volvió a bajar la cabeza cubriendo su rostro con su cabello. Negué y miré a Rain.
- ¿Te quedarás aquí con él?
- Solo una temporada –respondió sacudiendo el cabello de Nicky dejándolo completamente despeinado- tengo un paciente qué cuidar aquí.
- Uy, ¿está muy enfermo? –se encogió de hombros.
- Cuando está conmigo parece muy normal. Pero cuentan las malas lenguas que cuando está solo comienza a ponerse raro. Que incluso habla dormido –entrecerré los ojos-. Lo único que quiero es que se acostumbre a vivir con tantas oscuridades y a demostrarle que aunque la gente a veces tenga un pasado, no todos nos dejamos arrastrar por él. Estamos aquí para anclarlos a la realidad.
- Pero entonces, ¿por qué nos sentimos de todas formas tan miserables?
- Porque has nacido en la oscuridad, ¿cómo saber cuando es la luz lo que ves? –preguntó y yo simplemente me enredé mirando sus ojos. Sus ojos y ese azul tan poderoso.
- ¿Cómo saber si no es un pedo atorado lo que tienes? –preguntó Axel haciendo a todos mirarlo-. Lo siento, el ambiente estaba muy tenso.
Jamaica soltó una carcajada y Nicky le lanzó un chícharo a la cabeza haciéndolo lanzarle otro a cambio. La comida se volvió una guerra y los adultos en sus generales al mando.
En cambio yo, tenía solamente una misión. Tal vez si hablaba con otro psiquiatra, uno que no tuviera una sola idea de cómo había sido mi pasado y yo le hablara como realmente había sido, éste me curaría. Tal vez todo mejoraría, tal vez.