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" ― Y sin embargo, lo que buscan podría encontrarse en una sola rosa o en un poco de agua..

― Seguramente ― respondí.

Y el principito agregó:

Pero los ojos están ciegos. Es necesario buscar con el corazón.

Yo había bebido. Respiraba bien. La arena al nacer el día estaba de color miel. Me sentía feliz también con ese color de miel. ¿Por qué habría de apenarme?

― Es necesario que cumplas tu promesa. ―Me dijo suavemente el principito que, de nuevo, se había sentado cerca de mi.

― ¿Que promesa?

― Tu sabes... un bozal para mi cordero... ¡soy responsable de esa flor!

Dibujé, pues, un bozal. Y sentí el corazón oprimido cuando se lo di.

― Tienes proyectos que ignoro...

Pero no me respondió y me dijo:

― Sabes, mi caída sobre la Tierra... mañana será el aniversario...

Luego, después de un silencio, dijo aún:

― Caí muy cerca de aquí... ― Y se sonrojó.

Y de nuevo, sin comprender por qué, sentí un extraño pesar. Sin embargo se me ocurrió preguntar:

― Entonces no te paseabas por casualidad la mañana que te conocí, hace ocho días, así, solo, a mil millas de todas las regiones habitadas. ¿Volvías hacia el punto de tu caída?

El principito enrojeció otra vez.

Y agregué, vacilando:

―¿Tal vez, por el aniversario...?

El principito enrojeció de nuevo. Jamás respondía a las preguntas, pero cuando uno se enrojece significa "si" ¿no es cierto?.

―¡Ah! ― le dije― Temo...

―Debes trabajar ahora. Debes volver a tu máquina. Te espero aquí. Vuelve mañana por la tarde...― Me respondió.

Pero yo no estaba muy tranquilo. Me acordaba del zorro. Si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco..."


Dicen que cuando hay un encuentro, también hay una despedida.


Las mejillas de Yuichiro estaban húmedas por las lágrimas. No dejaban de bajar una tras otra, todas empujando a la que tenían al frente.

―¿Mika? ― Llamó por tercera vez cuando escuchó un par de pasos que se acercaban, fueron los correctos, pues su nombre fue correspondido con una mano amiga que se unía a la suya.

―Yuu-chan― La voz ronca de Mikaela pasó desapercibida ante los sentidos del azabache. ―¿Qué ocurre?

Sucio. El marrón oxidado que llenaba por dentro oscureció hasta volverse algo más denso. Mika se sintió aun peor cuando decidió que mentir era lo mejor para Yuu. No para él, pero si ayudaba a Yuu-chan, Mika podía vivir con eso.

―Ven, vamos a mi cuarto― Le ofreció el rubio tirando suavemente de su mano cuando la única respuesta obtenida fueron débiles sollozos.

No se resistió, y Yuu dejó dócilmente ser conducido a un lugar que conocía bastante bien.

Nadie los interrumpió, nadie les preguntó, nadie impidió que ambos niños subieran.

―¿Por qué lloras, Yuu-chan? ― No tenía fuerza suficiente para fingir una real preocupación, sabía por qué y él aun no terminaba de aceptarlo. Hizo lo mejor que pudo mientras acariciaba la mano de Yuichiro, pero era difícil, terriblemente difícil.

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