―CAPITULO 3: NOS VOLVEMOS MÁS LISTOS.

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―¿De dónde saliste?

―Siempre voy detrás de ti por supuesto. Si no, ¿Cómo podría cuidar tu trasero? ― No importaba hacia donde se dirigiera, si era a la biblioteca, al patio, a cualquier salón de clase o incluso al baño; Shinya no dejaba de seguirlo. Guren no se decidía si maldecir el momento en el que le preguntó si podía compartir la mesa de trabajo con él, o cuando los genes le decidieron nacer hombre. En serio, era incómodo ir al baño en pareja.

No tenía sentido molestarse por eso y le resultaba curioso pensar que, a pesar de que el chico era molesto no se sentía irritado con la compañía del ojiazul. Lo observó de reojo; con la misma pose relajada que parecía tener siempre, y ese aura de brillos que decía "Soy genial" que lo cubría, Shinya Hiragi mordía una tostada untada con mermelada de fresa mientras leía el libro que sostenía entre sus piernas cruzadas.

―Puedo defenderme solo― Le replicó refunfuñando.

―Claro, entonces será que me agradas bastante... aunque vayas todo despeinado siempre― Los obres azules se elevaron de las páginas de su libro hacia el rostro del ojivioleta quien se ocupaba de terminarse el sándwich que él mismo se había preparado esa mañana antes de llevar a su hermano y al rubio a la escuela.

―No molestes, Shinya― Le respondió con tranquilidad. Al parecer, era imposible salir de sus casillas teniéndolo a un lado. Guren se decidió a nunca admitirle al albino que le agradaba, podía con esa sonrisita que se cargaba siempre, no quería darle otro motivo para regodearse.

El timbre de la escuela indicó el término del descanso y el inicio de la hora siguiente de clases, ninguno de los dos muchachos se movió del lugar, ni se apresuraron por llegar a su salón de clases; ese día les tocaba deportes los cuales debían ser practicados en las canchas, justo donde ellos se encontraban.

―¿Jugarás esta vez?

―No, estoy bien así― Shinya cruzó una de sus piernas sobre la otra y le dio vuelta a la página del libro que seguía leyendo. No era la primera vez que evitaba los deportes, y no porque no le gustaran, el peliplateado era bueno en ellos y tenía una buena condición física; simplemente no le agradaba terminar todo pegajoso al final, lleno de sudor.

Toda y cada una de las veces en las que tenían esa clase, el ojiazul fingía jugar solo cuando el profesor miraba, después se escabullía para continuar con sus lecturas. A veces Guren lo ayudaba a taparlo, lo que no era muy difícil puesto que el profesor siempre se iba y dejaba a los alumnos jugar durante lo que restaba de clase.

Ese día fue la primera excepción a la regla.

Se acercaba la época de los torneos escolares, en donde se enfrentaban todos los grados contra todos los grupos hasta que uno salía ganador. Si bien, los deportes solían rotarse, este año se había decidido que el basquetbol sería el protagonista, por tanto los equipos fueron creados y el profesor no se movió de la cancha para observar a cada alumno jugar, tanto mujeres como hombres.

―¡Vamos Shinya! ¡Mueve el trasero! ―Desobedeciendo completamente a los gritos de Kureto mientras botaba el balón, el albino se mantuvo frente al profesor con una mueca de incredulidad e irritación al mismo tiempo.

―No voy a jugar.

―Si lo harás, es obligatorio en la clase

―Estoy lastimado ―El hombre levantó una de sus cejas y buscó con su mirada la mencionada herida.

―Yo te veo bastante bien

―Estas bien, Shinya― Por primera vez en su vida, Guren sintió lo que era la intimidación cuando el ojiazul se giró echando llamas de fuego directamente hacia él. Como respuesta, desvió su mirada incómodo hacia los equipos ya formados que los esperaban.
«Es solo un juego, ¿Por qué le molesta tanto?»

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