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Guren salió del auto para recibir a Shinya.

No esperó que para su cita Shinya llevara su uniforme médico el cual parecía una pijama de color azul.

―Pasaremos a mi casa antes ¿no? ― Fue la respuesta del peligris que anticipó la duda reflejada en los obres violetas.

―No, tendrás que ir al restaurante vistiendo así.

―Llamaré mucho la atención ¿seguro que quieres que me vean así? ― Preguntó en tono cantarín el de ojos azules mientras abría la puerta del auto y entraba en el lado del copiloto.
Shinya no vio cuando ocurrió, pero Guren no se perdió detalle.
Sus ojos no se apartaron del cuerpo que salía disparado, el cuerpo del castaño al cual podía reconocer hasta que cayó contra la acera, inerte; como si se tratara de un muñeco frágil y no de un ser humano.

El grito desgarrador de Shinoa seguido por el chirrido de llantas contra el asfalto sacó a Shinya del auto de Guren.

―Yoichi― Dijo sin aliento casi al mismo tiempo en que otras voces gritaron el nombre.

Los ojos de Guren grabaron la información del auto que había causado tan accidente, sus placas y la persona que lo conducía.

―Guren...― Comenzó Shinya dando pasos en dirección de la víctima.

―Ve. ―Cortó el azabache antes de echarse a correr para atrapar al culpable antes de que sus sentidos de humano en plena supervivencia lo incitaran a huir.





"Fue un movimiento el que percibió por el rabillo de sus ojos azules lo que le hizo desviar su atención de su mochila.

Yuichiro corría descuidado y directamente hacia la calle, sin esperar a escuchar si venía algún carro o no, sin detenerse para cerciorarse si era seguro, sin ser acompañado por nadie, y como cereza sobre un pastel: Estaba sonriendo y gritando "Yo me encargo".

Mikaela palideció al ver el auto que conducía a gran velocidad directamente hacia su amigo.

La mochila de Mikaela cayó al suelo y las cosas dentro se esparcieron por todos lados, pero el rubio ya no estaba allí.

Con un subidón de adrenalina corrió lo más rápido que pudo hacia el idiota que se estaba agachando para levantar su pelota.

―¡¡YUU-CHAN!! ―Gritó presa del pánico, y solo hasta ese momento, el nombrado pareció percibir lo que ocurría. El auto pitó enloquecido bajando la velocidad, pero llevaba tanto vuelo que no alcanzaría a frenar a tiempo.

―¡¡YUU!! ―Gritó una tercera voz más aguda.

El auto no pudo hacer nada, desviarse ligeramente fue el único movimiento que su velocidad le permitió si es que no quería volcarse.

Y pasó.

El viento despeinó y tiró violentamente de la ropa de ambos niños cuando pasó junto a ellos, terriblemente cerca.

―M-Mika... ― Ambos niños respiraban agitados, pero quien en verdad tenía los latidos completamente desbocados era el rubio. Apretaba con fuerza a su amigo contra su pecho, Yuu solo temblaba ligeramente adivinando lo que podría haber pasado. ―M-Mika... mi pelota...

―¡IDIOTA! ¡¿CÓMO PUEDES PENSAR EN ESO?! ―Gritó el rubio completamente fuera de si. Había tenido tanto miedo. Tanto miedo de no haber llegado a tiempo.

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