CAPITULO 28: GOTAS DE AMOR

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Cuando Mikaela despertó aún era de noche. El antebrazo de Yuichiro estaba a mitad de su rostro y tenía sus piernas sobre su cuerpo; eso explicaba la razón del hormigueo en sus pies, lo que no permitía moverse con libertad. El pelinegro formaba una extraña posición donde parecía una "v" invertida, además de que tenía la única sábana de la cama para él solo.
El rubio se incorporó, apartando la mano de Yuu y bostezó. El reloj marcaba las 4 de la mañana. Encontrarse a Yuichiro desnudo, con la única sabana enredada en varias partes de su cuerpo hizo que su mente reviviera escenas de las horas anteriores.

Las relaciones... Yuu... todo en conjunto era demasiado bueno. Si se volvía un adicto a ello nadie podría culparlo. Aún se sentía en la cima, en el cúmulo donde no podía subir más. El punto más alto; todo con ver a su novio dormir.

Sonrió en total silencio y se removió en la cama hasta poder salir. Debía limpiarse y limpiar a Yuu. Además, no olvidaba las palabras de Shinya en el teléfono cuando Yuu mantuvo su llamada: mantenerlo en agua caliente para que sus músculos no sufrieran calambres o dolores. 
Lo menos que deseaba era que su primera experiencia así se llevara recuerdos dolorosos. 

Lo último en lo que podía pensar era en los chicos, debía suponer que a esa hora los otros cuatro ya estarían dormidos en sus habitaciones, así que no se interesó en mandar ni un mensaje para saber sobre ellos. 

Su cuerpo mismo se sentía un poco tenso por la reciente actividad y por el abrupto descanso de la misma. Mientras iba y venía del baño con una toalla húmeda; estiró sus brazos y su espalda. Curiosamente, sentía un ligero ardor en su cadera, justo en los costados.
Tras limpiarse él y desechar el condón utilizado, desenvolvió el cuerpo de Yuu de la sábana para poder limpiar su abdomen. Las caricias con la toalla fueron sutiles, cariñosas, esperando que ellas no lo despertaran. Sin embargo no podía concentrarse del todo; el rostro tan tranquilo de su novio era precioso, su mirada no podía apartarse de él.

Verlo le hacía feliz. Saber que... habían hecho el amor, por los dioses que si, lo habían hecho; le hacía rebosar de felicidad, de cariño, de gratitud.

No tenía idea de si había sido bueno, probablemente debió investigar más sobre juegos previos o algo por el estilo, pero algo si lo tenía convencido: Lo había hecho con amor, y eso era más que suficiente.
Yuu también, de esa forma sintió cada movimiento, cada gesto... esa conexión tan íntima, tan madura... existía algo mágico ahí, justo entre los dos. Estaba convencido de ello.

―...Pareces un perdido enamorado― comentó Yuu con voz ronca, entreabriendo sus ojos con dificultad. Mikaela dejó la pequeña toalla a un costado para poder inclinarse y recostarse junto a su novio.

―¿Cómo crees? Estás soñando, sigues dormido. ― respondió el rubio. Besó los labios de su novio una sola vez, un contacto suave para saludarlo.

Yuu tallo sus ojos para poder desperezarse. No tenía noción del tiempo, tampoco le interesaba; mientras siguiera oscuro significaba que podría seguir durmiendo.

Su pecho se llenó y suspiró profundamente... ahora sonreía.

Recordaba. Su mente era una cinta que repetía y repetía, que revivía y... si, solo sí.
Cuando volvió a mirar a Mikaela supo de inmediato que él también pensaba en lo mismo, en lo que significaba para ambos.
El pelinegro estiro sus brazos para alcanzar el cuello de Mika y con el contrario, abrazar su espalda. Mikaela lo cubrió con su cuerpo en un abrazo y ambos volvieron a unirse; enredaron sus piernas desnudas, pegaron sus torsos desnudos, se sujetaron con fuerza. 

Mika besó el hombro de Yuu.

―¿Cómo te encuentras? ― preguntó con voz suave.

―No lo se... no creí que fuera tan bueno― admitió Yuu.

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