CAPITULO 24: PEQUEÑAS COSAS

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―¿Está lista tu maleta? ― El chico de cabello negro cruzó la sala de estar del amplio departamento y dejó que la puerta se cerrara sola detrás de él.

―Está en mi habitación. Solo dejaré una nota― Avisó el contrario. El castaño se inclinaba sobre la barra de la cocina, entre sus manos un papel y un bolígrafo garabateaban palabras de despedida temporal.
Llevaba su cabello suelto, caía sobre sus hombros al no estar recogido en una coleta alta como comúnmente estaba.

―Makoto, creo que llego― El nombrado alzó su cálida mirada a la puerta de la entrada tras escuchar la voz de Shusaku, que provenía de su cuarto. La perilla se movía para ser abierta.

Si Shinya volvía a casa, entonces no tendría caso seguir escribiendo la nota. Arrugó el papel y lo tiró al cesto de basura.

―Hace tiempo que no coinicidía...― Makoto bajo la voz cuando, detrás de Shinya, un azabache de ojos violetas acaparó parte de su campo de visión. ―...mos.

―¡Hola! ― Shinya saludó con alegría, indiferente a la mirada llameante de Guren detrás de él.

―Hola― Respondió el castaño mostrando una sonrisa tímida.

―¿No nos presentas? ―Interrumpió Guren, avanzando los pasos correspondientes para estar a la altura del peligris. Eso, sin apartar la mirada del chico intruso. El mismo chico que recordaba haber visto en fotos del celular de Shinya.

―Que sorpresa, Guren. ― La sonrisa de Shinya desbordó diversión. Comprendía a la perfección aquella situación y el ambiente que los acababa de rodear. ―No sueles ser muy amistoso tan rápido.

―¿Es todo, Makoto? Lo llevaré al auto. ― Shusaku salió de la habitación del castaño, arrastraba una maleta color negro y cargaba una pequeña mochila en su brazo contrario.

A diferencia de los amables ojos castaños de Makoto, los obres azules de Shusaku permanecían en completa quietud, serios y apacibles como siempre.

―Hola Shinya y... desconocido―Saludó el azabache antes de pasarlos de largo; se llevó ambas maletas fuera del departamento y al poco tiempo bajó con ellas.

―Shu-chan―Respondió un tono cantarín.

―Te gusta meter personas a tu departamento ¿eh, Shinya? ― Gruen cruzó sus brazos a la altura de su pecho.

―Por supuesto. Sobre todo hombres―Concordó con ánimo el peligris.

―Shinya-san. ―Le llamó Makoto. ―Estaba por dejar una nota. Me dieron dos semanas de vacaciones en el trabajo y me iré de viaje con Shusaku, quería avisarle.

―Que bien― Shinya sonrió y se adentró a su departamento, ignorando los gruñidos de fondo que Guren hacía. Tomó un vaso de cristal de su cocina y sirvió la mitad de agua fresca. ―Disfrútalas, Mako-chan.

―Nos vemos en dos semanas― Se despidió el castaño. El momento incómodo se prolongo únicamente en el pequeño trayecto que tuvo que hacer para salir del departamento; un camino que Guren interrumpía y se negaba a apartarse.

La puerta del departamento se cerró y el azabache exhaló con profundidad.

―¿Quiénes eran? ―Shinya se recargó en la barra que dividía su cocina y la sala de estar, jugueteaba dándole vueltas al vaso de cristal.

―Mako-chan y yo compartimos el departamento desde hace algunos años. ¿No lo recuerdas? Estuvo con nosotros en la secundaria. ― El ojiazul terminó la bebida incolora después de la pequeña explicación. ―Shu-chan es su pareja. Llevan... media vida juntos.

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