CAPÍTULO 20: EL CAMINO QUE FLORECE

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Yuu podría haberse esperado que Shinya estuviera en el departamento de Guren, por muy extraño que eso sonara. Después de haberlo visto en urgenicas, no le sorprendía imaginarse que se encontraría con su hermano.
No podía juzgar eso, él mismo había pasado la noche con Mikaela.

Y eso sonaba aún más raro.

Cuando pasó el umbral de la entrada, se encontró en medio de una extraña discusión. Lo extraño era porque Guren parecía irritado y Shinya se encontraba de lo más divertido. Tal parecía que era una discusión unilateral.

Probablemente no era el mejor momento para decirle que se mudaría con su mejor amigo de la infancia que recién había encontrado.

Pero Yuu no era un chico que pensara mucho las cosas.

—¡Eh, Guren! — Saludó el pelinegro mientras avanzaba hacia la cocina para hurgar algo de alimento. —Hola Shinya

—Hay curry en el microondas, Yuu— avisó Shinya al darse cuenta de lo que el menor buscaba. Sin contar la situación en la sala de urgencias, esa era la primera vez que veía a Yuu.  Sintió un calor maternal en su pecho cuando el chico le devolvió la mirada sorprendida.

—¿En serio? ¿Curry? Guren nunca hace curry— La mención de su plato favorito sirvió para abrir el hueco en su estómago y para hacer salivar su paladar.

—Que extraño. — Shinya volteó hacia el pelinegro mayor el cual trataba de esconderse tras una enorme hoja de periódico.  No parecía que Yuichiro estuviera molesto con él; más que eso, parecía que ya había olvidado todo. —Había una caja entera con cubitos nuevos.

—Ajam— Yuu no se había contenido tras sacar el plato mencionado del microondas, ya tenía la segunda cucharada dentro de sus mejillas. No importaba si el curry estaba frío, seguía siendo delicioso.

—Yuu, calienta eso— le reprendió Shinya frunciendo sus cejas claras. No esperó a que el menor acatara sus ordenes, fue directo a él para quitarle el plato y lo metió al horno para calentarlo.

—¡Hump! — Yuu tragó y frunció su ceño cual infante regañado. Recibió a cambio un pulgar humedecido con saliva que le limpió los restos de curry que estaban sobre su barbilla. —¡Ahhh, Shinya!

El pelinegro se quejó sacudiendo ligeramente su cabeza y cedió ante las atenciones del peligris. No tenían nada de malo al fin de cuentas.

—¿Y bien? ¿Cómo salió todo? — Preguntó Shinya bajando el tono de su voz para que solo el menor lo escuchara. Yuu se alertó y sus pensamientos se fueron directo a Mikaela.  Seguramente se refería a él.

—¡Oh, cierto! — recordó de pronto. Al estar en la cocina, Yuu tuvo que caminar a la barra que separaba la cocina de la sala y se recargó sobre ella para ver a Guren. —Ne, Guren. Ya encontré un lugar para mudarme.

—Ya era hora— Masculló Guren al bajar el periódico a su regazo para prestar total atención a su hermano menor. De segundo, se preguntaba el porqué shinya aún no se iba a su casa. —¿En donde es?

El peligris tenía un presentimiento. Sexto sentido tal vez. Pero la situación se podía prever por la sonrisa que Yuu mostraba en su rostro el ligero bochorno en sus mejillas, como si le entusiasmara mucho mudarse.

—En el departamento de Mika— Yuu levantó sus brazos, como si acabara de dar una sorpresa.

En parte así era; porque Guren se atragantó con su propia saliva.

—¿Quién? — Shinya tuvo que cubrir sus labios para no reírse mientras sacaba el plato de curry caliente, lo llevó después a la barra para que Yuu continuara comiendo.
No tuvo tiempo para pensarlo, pero después de ese encuentro en el hospital tras el accidente de Yoichi, era de esperarse que algo así ocurriría. Probablemente no de esa forma y a tan corto tiempo, pero algo parecido.

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