CAPITULO 10: SOMBRAS

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La oficina era blanca. Grandes cristales eran cubiertos por filas de cortinas que se encontraban abajo, tapando la vista de lo que ocurría en el interior. Dentro, un gran librero se alzaba para cubrir una de las paredes del lugar, justo detrás de dos pequeños sillones color gris claro.

No existía alfombra que cubriera el lustrado suelo blanco, ni color que saliera de la gama de colores formales. El escritorio era lo único que contrastaba con los claros al ser negro. Sobre él y sobre algunas carpetas con hojas acumuladas, dormía plácidamente recostado entre sus brazos.

El reloj con dígitos blancos se acercaban a la hora marcada para levantarse. Durante la media hora de sueño, nadie lo molestó. Su celular en silencio siguió reportando mensajes de pacientes quienes ya habían sido dados de alta, mensajes de su hermana menor y mensajes de alguna que otra persona que necesitaba consejo médico. Pero Shinya no estaba disponible para nadie.

Sonaron rítmicamente varios "beep", indicando la hora de levantarse.

«...Un momento más...»
Pidió al aparato apretando sus párpados y arrastrando la silla de su escritorio para pegarse más al mismo.

«...¿Tan rápido?...»
Gimió y alzó su cabeza del abrazo de sus extremidades superiores; su cabello gris caía por su frente y los costados de su rostro, resultado de haberse despeinado entre el sueño tan corto que se privilegiaba en tener.

Carraspeó su garganta y apagó la alarma de su reloj con pereza.

Agradeció mentalmente no haber tenido sueños del pasado, agradeció a su mente cansada no haber resaltado recuerdos de años atrás. Ese tipo de descansos podían considerarse como tal: un descanso. Sin nada en su cabeza que pudiera agitarlo, sin pesadillas ni buenos sueños, solo silencio.

Shinya bostezó y se levantó para abrir las cortinas de su oficina, un gesto para que todos los que pasaran por ahí supieran que volvía a estar disponible.

Se acercó a su cafetera para llenar una taza blanca con la bebida caliente mientras revisaba los mensajes en su celular personal.

"De: Makoto
Acabo de ir por las compras. Vi tu nota en el refrigerador y también pasé por tu ropa a la lavandería. Me siento tu esclavo, estúpido Shinya, pero ya me las pagarás. Te toca hacer la cena."

Miró superficialmente los otros mensajes, esperando que no fueran tan importantes y que pudieran esperar. Estuvo por bloquear la pantalla, cuando recordó algo que llevó a sus dedos teclear sobre un nuevo mensaje.


"Para: (Introducir destinatario)
Volvieron a internarla, ayer preguntaba por ti. Cuando regreses trae tu violín."

Con tan sencillas palabras, agregó el contacto a quien lo dirigiría, volvió a bostezar y guardó su celular en el bolsillo de su pantalón de vestir. Olvidándose de ponerle algún endulzante a la bebida, le dio un sorbo. La amargura del café despertó la parte que faltaba de su mente, fue suficiente y necesario para continuar con las siguientes horas de su trabajo.

Tomo su bata blanca y mientras la vestía, salió de su oficina hacia el caos.

Y es que el hospital siempre era un caos.

Algo parecido a los mercados de abastos donde había gritos siempre, donde pasaban y pasaban personas de un lado a otro. Nunca estaba vacío.

―¡Doctor Shinya! ― «Vaya, un record. Di tres pasos fuera de mi oficina» Pensó con una pequeña sonrisa el albino antes de retomar su semblante serio al girarse para ver a la enfermera.

Una chica de cabello negro, recogido solo por un costado de su rostro se acercó.

―¿Paciente? ―Preguntó el ojiazul caminando apresurado por la dirección en la que la chica venía antes, justo donde entraban todos los pacientes de urgencias. No pasaron ni siete segundos durante el camino hasta que llegaron.

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