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Brillaba.  Los ojos de Yuu parpadeaban con pesadez a pocos centímetros de los suyos. A pesar de que no tenían un punto fijo para ver, parecían saber exactamente el lugar al que deseaban observar. Mika no dejó de admirarlos.

Eran una de las varias cosas que le gustaba de Yuu. Aquellos ojos no cumplían su función, pero no pasaría mucho tiempo para que eso cambiara. Aquellos ojos que encajaban perfectos en él. Su verde no lo tenía nadie mas en el mundo; era un verde de Yuichiro, que solo pertenecía a él.

―Mika...―  Su voz se alzó ronca, como un susurro. Dejando evidencia que a no le quedaba fuerza alguna para darle vueltas al asunto, a ninguno de los dos en realidad. ―...no puedo dormir.

La habitación de Mikaela estaba en completa oscuridad, con la simple iluminación que les regalaba la luna y las pocas estrellas en el cielo. 
No se escuchaban ruidos en el pasillo, ningún sonido lo que significaba que sus padres ya estaban dormidos. 

―Yo tampoco― Admitió con el mismo tono bajo. Se sentía cansado y ganas de dormir le sobraban, pero su cuerpo seguía despierto. Tal vez eran esas tantas emociones que impedían que su cerebro se apagara.

Querer dormir y no poder hacerlo era desgastante. Sobre todo en una situación así.

Mika suspiró y acarició los nudillos de Yuu con delicadeza.

Las cortinas abiertas a los lados de su ventana, ondeaban con suavidad al ritmo del aire fresco que entraba a la habitación. No era una noche fría, si se detenían a apreciarla, el clima podía ser realmente relajante.

―¿Te has calmado ya? ― Podía verlo, pero la expresión pensativa de Yuu no le dejaba tranquilo. Sobre todo porque Yuichiro eran de los que hablaban más antes de pensar. De los que podían leerse tan abierta y fácilmente con tan solo ver las expresiones de su rostro.

―Quiero una foto tuya― Sus parpados caían cansados, apagando con cada parpadeo el azul claro de sus ojos; costándole un gran esfuerzo mantenerlos arriba. Algo que en Yuu parecía indiferente al no tener problema, no se veía soñoliento, solo cansado.

―...No salgo bien en las fotos, Yuu-chan― Bostezó el rubio alzándose un poco más el borde de su sábana para cubrirse hasta el cuello, cubriendo al mismo tiempo el cuerpo de Yuu.

No era la primera vez que dormían juntos, que estaban en una misma cama, ni que se quedaban despiertos hasta tarde. Pero se sentía diferente. Y no por el toque de labios que no volvió a mencionarse hasta el momento. 

¿Fue algún método por la desesperación? Yuu no lo sabía, y se sentía suficientemente avergonzado ante el tema como para preguntarle a Mika sobre qué había sido eso.

―No importa, le pediré una a tu mamá― Sus manos se apretaron a la par cuando ambos se atrajeron al mismo tiempo, acortando la distancia. Cuando antes Yuu le exigía a Mika que le diera su espacio personal ahora se desesperaba por lo contrario. No quería dejar de sentirlo. ―Mika, no te duermas

Lo removió, agitó sus manos entrelazadas y las levantó para estrellarlas sobre la cabeza del rubio. Mikaela dio un respingo y abrió sus ojos asustado.

―N-No, no... no... ¿no tienes sueño, Yuu-chan? ― Volvió a bostezar y se rodó a un lado para poder esconder más de la mitad de su rostro contra la almohada, sin soltar a Yuu, por supuesto. Con su corazón de doce años disparándose a latidos rápidos por el pequeño susto.

―Mika, voltéate.

Mikaela balbuceó algo contra la almohada.

―¡Mikaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Volteaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaateeeeeeeeeeeeeee! ― Yuu agitó de nuevo sus manos molesto, para remover a Mikaela y que le prestara atención que le estaba ordenando.

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