CAPITULO 21: EL AROMA DE LA PRADERA.

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Mitsuba no se quejaba, amaba lo que hacía. A las alturas de su carrera, no era extraño escuchar las propuestas de trabajo en diferentes hospitales, la paga que les daban, las condiciones y los horarios... ¿decían que la universidad era difícil? Pensar en una vida laboral lo era un poquito más.

Había pensado en viajar nuevamente, en buscar un hospital de mayor prestigio para prepararse un poco más, pero ahora no tenía la misma idea.
Shinoa quería quedarse, a diferencia de ella, la pelimorada quería quedarse en los hospitales de menor recurso de la ciudad para aprender de ahí.
Y de ahí radicaba el problema. Mitsuba quería experimentar en instituciones exigentes y rígidas, Shinoa en lugares que necesitaran manos.

Ambas eran muy diferentes, pero se complementaban bien. La aparición de Yuu fue el detonante; gracias a él y al profundo sentimiento de agradecimiento que cegó el orgullo de Mitsuba, todo logró hacer "click" de forma instantánea con Shinoa, como si los engranajes de sus vidas encajaran a la perfección de una buena vez por todas.

Y aunque ahora eran pareja, la rubia no podía evitar seguir molestándose con cada revoloteo de Shinoa. No porque no gustara de sus atenciones, sino porque los hacía en los lugares menos indicados:
Shinoa solía pellizcar de forma discreta el trasero de Mitsuba cuando pasaba junto a ella en los pasillos del hospital, mientras hablaban en el comedor ella le miraba los pechos sin discreción alguna, soltaba frases que la avergonzaban a mitad de un tema serio o le proponía encerrarse en la oficina de su hermano cuando no estaba.

Shinoa acaparaba más atención ahora que cuando era su amiga, apenas dos días anteriores. Exigía la atención y los beneficios (sobre todo los beneficios) de ser su pareja.
Los pensamientos de la rubia giraban en torno a "¿Qué hago con ella?" podía comprender  el entusiasmo por la relación, pero... Mitsuba se sentía abrumada.

«Tal vez si salimos a una cita pueda explicarle que debe contenerse» Pensó la ojivioleta mientras sacaba una botella de suero de uno de los carritos de urgencias.
Tomó una tabla con expedientes de pacientes y avanzó por las camas de los mismos para hacer el chequeo rutinario.

Al haber estado distraída, no esperó encontrarse con Mikaela.

El rubio estaba dando indicaciones a uno de los pacientes que tocaba revisar. Mitsuba se acercó para poder escuchar lo que decía, para apresurarse con sus deberes y por supuesto, para saludar a su amigo de la infancia.

―Buen día, Mika― El nombrado levantó su rostro y con ello, mostró una agradable visión.
Mitsuba se detuvo en seco.
Algo... algo había cambiado.
Mikaela no sonreía pero su rostro se mostraba mucho más amable. Algo estaba en sus ojos que no parecían cuencos vacíos.

«Porsupuesto» Pensó al recordar la noche anterior.

―Buen día― respondió el más alto.

―¿Has descansado bien, eh? ― No pudo evitarlo. Pasar tanto tiempo con Shinoa pegaba sus gestos y tonos de modular la voz. Justo cuando terminó de preguntar, apareció en su mente una imagen de su novia cuando molestaba a los demás.

―¿Eh? ― Los obres azules parpadearon después de constreñirse. Había dado justo en el blanco, pero no mostró más que aquella expresión.―Si, he descansado bien.

―Me imagino― Mitsuba pasó las hojas de su tabla solo para esconder la sonrisita en su rostro.

Era inevitable sentirse feliz por ellos. Muy, muy feliz.

―¿Has visto a Yoichi? ― Preguntó Mikaela una vez que comenzó a alejarse del paciente. Mitsuba le siguió a su lado, anotando algunos datos en las hojas que tenía.

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