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"Busco amigos― dijo el principito. ―¿Qué significa "domesticar"?

―Es una cosa demasiado olvidada. ―Dijo el zorro. ―Significa "crear lazos"

―¿Crear lazos?

―Si ―dijo el zorro. ―Para mi no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mi único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...

―Empiezo a comprender ―dijo el principito. ― Hay una flor... Creo que me ha domesticado.

―Es posible ―dijo el zorro ―¡En la Tierra se ve toda clase de cosas...!

―Oh, no es en la Tierra. 

El zorro pareció muy intrigado.

―¿En otro planeta?

―Si.

―¿Hay cazadores en ese planeta?

―No

―¡Es interesante eso! ¿Y gallinas?

―No

―No hay nada perfecto ―suspiró el zorro.

Pero el corro volvió a su idea:

―Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mi el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recueran nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color oro. Cuando me hayas domesticado ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo..."








Shinoa esperaba que la reacción al instante de la rubia fuera de sorpresa; que hiciera un enorme drama, que gritara, que hiciera un escándalo, que se desmayara o... algo. La tomó por desprevenida que se quedara estática, justo como una estatua, con la confusión en su rostro pero sin atreverse a girarse. Parecía estar procesando la voz que la llamaba.

Fue Yuichiro quien avanzó, rodeando la mesa hasta quedar entre ambas chicas. Y los mejores amigos posaron su mirada en la rubia.

La reacción que tanto esperaba Shinoa no ocurrió al instante. Ocurrió tres segundos después.

Cuando Mitsuba miró a Yuu, sus pupilas se constriñeron y sus ojos se llenaron de lágrimas de un parpadeo a otro. El aire que tenía en sus pulmones desapareció y tuvo que dar una rápida inhalada para poder respirar.

Lo había reconocido. Lo recordaba.

Yuu se sintió de pronto tan conmovido que no contuvo la risita nerviosa que salió de sus labios.

Mitsuba lo recordaba.

Y ahora podía verla.

―No eres como te imaginé― Dijo Yuu para romper el silencio, para que la rubia reaccionara.
Y lo hizo: Lo hizo cuando las primeras lágrimas bajaron por sus mejillas.

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