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―¿Por qué siempre llevas lentes?

―Para que las personas sepan que no puedo ver.

―¿Y no puedes? ¿No estas mintiendo?

―No, claro que no― Yuichiro resopló fastidiado.

―Cuando no quiero ir al kinder mañana le digo a mi mamá que me duele el corazón, pero en realidad no me duele― Mikaela jugaba con el borde de su pan blanco; no le había dado ni una pequeña mordida a su almuerzo dado a que no dejaba de hablar animadamente, completamente indiferente a la molestia del azabache.

―No estoy mintiendo.

―¿Y por qué no puedes? ¿No puedes abrir los ojos?

―Así nací.

―¿Cómo? ¿Sin abrir los ojos?

Yuu frunció su ceño por enésima vez y volvió a golpear la cabeza del rubio. Ambos niños compartían el rato del recreo mientras comían sus respectivos sándwiches. Mikaela no había dejado de bombardear a Yuu con sus preguntas y Yuu al contrario que al inicio, que comenzó a sentirse incómodo, ahora estaba malhumorado por la molestia que le causaba el contrario.

―¿Nunca te callas? ― Espetó el niño mordiendo su sándwich y palpando el suelo hasta dar con la cajita de su jugo para tomarla. 

―¿Necesitas ayuda para hacer muchas cosas? ¿o solo poquitas?

―Mikaela es nombre de niña― Le gruñó.

―¿Por qué tu hermano no es ciego?

Yuu golpeó su cabeza contra la pared que tenía detrás de él.





Shinya empujó a Kureto contra la pared para separarlo del muchacho de ojos violetas, pero el contrario no parecía hacerle caso y forcejeaba contra el albino para tirarse otra vez sobre él

―Vas a armar un alboroto, ya cálmate o me pondré de víctima y les irá mal a ambos.

Palabras suficientes para que los dos que peleaban miraran atónitos al ojiazul. Con superioridad, Shinya alzó una de sus cejas y esperó, confiando en que aquellas palabras calmarían a su hermanastro y esperando también que surtieran efecto sobre el otro chico y no hiciera algo estúpido.

Kureto dejó de forcejear.

Shinya sumó un punto a su favor.

El peligris se dio la vuelta para encarar al otro chico.

Era terriblemente atractivo, y eso era un problema. Shinya podía regalarle ese punto que acababa de ganar con Kureto... y todos los que quisiera. Medían lo mismo, no era más alto que él, pero ambos eran unos centímetros más bajos que Kureto; llevaba su cabello sobre la frente, era ligeramente largo, casi... casi como el largo que tenía Shinya, pero la gran diferencia estaba en el color. Y no solo eso; parecía que ese muchacho era todo lo contrario al propio albino. 

«¿Qué se hace en estos casos?» Se preguntó ladeando la cabeza, como si encontrara divertida aquella escena.

―¿Eres nuevo y ya tengo que dar la cara por ti?

Su hermanastro se acercó por detrás y Guren se sintió ligeramente incómodo ante la situación, los dos muchachos lo estaban viendo, pero la manera en que lo veía el peligris no era... como la de el cejas graciosas.
Shinya le mostró una sonrisa y después de un rato en silencio, alzó la vista hacia el portón. Por inercia, los otros dos le imitaron.

Al cruzar se había rasgado el uniforme, su pantalón negro tenía un pequeño agujero en la parte trasera de su muslo y su camisa blanca estaba rasgada del borde. No le tomó importancia, el ojiazul tenía el presentimiento de que brincar el portón había sido una buena idea.

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