―CAPITULO 5: NO MÁS OSCURIDAD.

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―A puesto a que soy tan bueno en tenis como ellos. ―Yuichiro se metió el puño de palomitas a la boca, por supuesto que no esperó a tragarlas para volver a hablar. El niño no dejaba de manotear cada tres minutos para quejarse o hacer alguno de sus comentarios innecesarios mientras veían la televisión. ―Foe mefof fe efos.

―Yuu-chan, te ahogarás― Le advirtió el rubio desviando su vista del libro que tenía entre sus piernas y le dio un sorbo a su refresco. El niño leía una página, levantaba la vista para ver la tele y terminaba su recorrido de visión con el broche de oro; ver a Yuichiro atragantarse con palomitas.

―Entonces...― El azabache ignoró la advertencia como costumbre, y tragó la comida que tenía en la boca, después chupó sus dedos llenos de mantequilla. ―¿Subió a un 7%?

Mikaela eructó.

―Si, aunque me parece muy poco que sea solo siete. Yo le daría al menos treinta. ― El ojiazul bajó el libro y tomó el control de la televisión para subir el volumen.

―Pero no dejó ninguna prueba, aun no comete ningún error. Hace trampa, se supone que los shinigamis no existen. ¿Cómo se supone que se puede atrapar a algo que no existe? ―Le reprochó el ojiverde. A pesar de que ambos sabían que la posición del personaje era injusta, Yuichiro tomaba a Mikaela como un contrincante. No importaba que estuvieran de acuerdo en algo, Yuu siempre se las arreglaba para que Mika apoyara lo contrario para así poder discutir con él.

―No se, Yuu-chan, supongo que cuando eres detective debes sospechar de todo sin creer algo muy tonto para no-

―Ahhhh, cállate. Ya lo sé, ya lo sé. ― Los dos niños estaban sentados sobre la alfombra de la habitación del azabache, con sus espaldas recargadas en los pies de la cama. El televisor frente a ellos estaba encendido. Para Mika, el viernes era de su día favorito porque se la pasaba con Yuu-chan después de la escuela hasta anochecer e incluso podía quedarse a dormir con él. Increíblemente, ninguno de los dos niños se hartaba del contrario.

El rubio se deslizó por el suelo hasta quedar recostado sobre su estómago y levantó sus piernas para moverlas de un lado a otro mientras dejaba el libro a un lado y el refresco aun más lejos, por si se caía que no mojara su libro. Ese día, no quería adelantarse a la tarea. Se sentía cansado y no quería pasarse la tarde haciendo los deberes. Solo por esa vez, se permitió dejarla para después.

―Pon el que sigue, Mika― Le apuró el azabache palmeando su muslo. El ojiazul se sobresaltó ligeramente pero obedeció a su compañero.

―Ya va, Yuu-chan. ―El rubio se levantó y soltó un suspiro, sin embargo, le sonrió. ―No seas desesperado.

  

  

―¿¡Que mierda!? ¡¿¡Una segunda!?! ―Yuichiro se levantó de un salto y pateó accidentalmente el trasto con las palomitas, sobre su amigo rubio y lo llenó de ellas.

―¡Oye! ¡Ten cuidado, tonto! ― Mikaela se levantó solo para poderse sentar con las piernas cruzadas y comenzó a levantar el desastre que su amigo había hecho. No era de extrañarse que Yuu hiciera desastres, era de extrañarse que no los hiciera.

―¡¿Ah?! ¿¡Cómo me pides eso cuando hay un segundo!? ― Alterado, el azabache pisoteó la pierna de Mikaela y al no soportarse, terminó cayendo sobre su amigo. Al sentir tanto contacto físico Yuichiro se sonrojó violentamente y manoteó su cuerpo para apartarlo. ―¡Quítate Mika!

―¿Eh? Pero si fuiste tú quien se me subió.― Incluso las orejas del azabache se colorearon al escuchar aquello y no tener cómo reprochar eso.

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