CAPITULO 12: UN POCO MÁS

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Mikaela se sentó en la penúltima fila del auditorio. Faltaban quince minutos para que comenzaran sus clases, quince excelentes minutos donde podría recuperar el sueño que necesitaba.

Resbaló su cuerpo para medio recostarse, ladeo su cabeza y cerró sus ojos.
«Hace frío» fue su único pensamiento.
Abrió sus ojos cuando escuchó el movimiento de una mochila caer al suelo. Bostezo y al incorporarse el auditorio estaba casi lleno.

―Si vas a llegar antes para dormir, mejor atrasa tu alarma y llega a tiempo. ―Dijo la dueña de la mochila.

―No me gusta apresurarme.

La corriente de alumnos que entraban llevó a un chico de cabello rosa que iba tres pasos más adelante que otro de cabello violeta.

―Préstame tu hombro― Pidió Krul inclinándose hacia Mika quien hacía lo mismo pero de lado contrario. La clase terminó dos horas más tarde. Para Krul, le fue difícil mantener su cabeza en un solo lugar, sus párpados se cerraban contra su voluntad y cuando empezaba a quedarse dormida, Mikaela se encargaba de golpearla con su bolígrafo.

El rubio participaba solo cuando le preguntaban, y siempre opinando la respuesta correcta. Durante la clase, se limitaba a prestar la mitad de su atención y la otra mitad la usaba para despertar a Krul.

Divisó la cabeza de Lacus; el chico estaba cínicamente recostado sobre el asiento de enfrente y tenía la respiración acompasada. Estaba perdido en sus sueños.

Del otro lado, Kimizuki se esforzaba por prestar atención aunque de vez en cuando sus ojos también se cerraban por más tiempo de lo que debía durar un parpadeo. Las horas extras de sus guardias en el hospital estaban acabando con cada uno de ellos.
La atención de Mikaela regresó a Krul, a quien seguía intentando mantener despierta.

Tenía su expresión seria de siempre, pero la hostilidad que manaba su aura estaba apagada. Su cabello rosa cubría parte de su rostro y ayudaba a disimular que no estaba prestando atención.

«¿Qué será de mi sin ella?»

Dentro de él, su invierno comenzó a nevar.

«Se irá»

Negó con su cabeza y golpeó el muslo de Krul con su bolígrafo de nuevo, a lo que la pelirosa dio un respingo, provocando media sonrisa en Mika.

«No... la seguiré viendo. Krul no se irá, solo... se alejará un poco»

Ella también se alejaba un poco.



Por fuera también era invierno cuando la conoció. Los copos de nieve cubrían las superficies de los árboles secos. A pesar de mostrar un paisaje muerto, la nieve lo hacía ver todo más bonito, un escenario que merecía contemplarse.

Mika se cubría con una bufanda azul hasta la nariz aun estando dentro del salón de clases. Se congelaba; quería volver a su departamento para hacerse chocolate caliente y hundirse en sus pensamientos depresivos a solas, entre mantas calientitas. Nada sonaba más atractivo que eso.

El rubio no se daba cuenta, pero la chica pelirosa de coletas que estaba en su misma clase no apartaba su vista de él cada vez que lo veía. Con la única diferencia de que ella no lo admiraba como lo hacían las demás, no le gustaba su rostro, su cabello rubio ni sus ojos azules que enganchaban a cualquier fémina que viera a Mikaela.

No, Krul lo detestaba.

Sentada a seis bancas detrás de él siendo los únicos dentro del salón de clases, Shindo no le prestaba la menor atención. Ni siquiera parecía notar que no estaba solo. No despegaba la mirada de su libro, subrayaba con su lapicero y como único movimiento extra; en ocasiones alzaba la vista para suspirar y perderse en las gélidas ventanas empañadas.

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