CAPITULO 30: UN NUEVO COMIENZO

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"―Por la noche mirarás las estrellas. No te puedo mostrar dónde se encuentra la mía, porque mi casa es muy pequeña. Será mejor así. Mi estrella será para ti una de las estrellas. Entonces te agradará mirar todas las estrellas... Todas serán tus amigas. Y luego te voy a hacer un regalo...

Volvió a reír.

―¡Ah!, hombrecito... hombrecito... ¡Me gusta oír tu risa"

―Precisamente, será mi regalo.

―¿Qué quieres decir?

―Las gentes tienen estrellas que no son las mismas. Para unos, los que viajan, las estrellas son guías. Para otros, no son más que lucecitas. Para los que son sabios, son problemas. Tu tendrás estrellas como nadie las ha tenido.

―Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas. ¡Tú tendrás estrellas que saben reír! Y cuando te hayas consolado (siempre se encuentra consuelo) estarás contento de haberme conocido. Serás siempre mi amigo. Tendrás deseos de reír conmigo. Y abrirás a veces tu ventana, así... por placer... Y tus amigos se asombrarán al verte reír mirando el cielo."






El reloj marcaba la 1:48 de la madrugada y Yuichiro no llegaba al departamento.

Tras terminar el ensayo, Mikaela cumplió su deseo de volver a casa con la intención de dormir un rato. Una llamada, horas después por parte de Shinya, lo despertó. Inició como un caso más dentro del hospital el rubio no comprendió la razón de esa llamada, no era sorprendente aunque sí inusual que una mujer embarazada tuviera cáncer y estuviera en urgencias. Sin embargo, todo cobro sentido tras la mención del nombre de Yuu.

Shinya lo previno muy bien pues Mikaela no logró conciliar el sueño después de cortar la linea.

Pasó la tarde de un lado para otro, haciendo comida que no podía ingerir por la pequeña inquietud que se abría paso dentro de sus pensamientos. No deseaba irse para buscarlo, pues cabía la posibilidad de que Yuu volviera y no lo encontrara en casa.

Pero la noche estaba en su estado más puro y era bastante seguro que el pelinegro no aparecería.

El rubio se levantó del sillón y se dirigió a su habitación para poder ponerse un par de jeans desgastados, tendría la suficiente decencia para no salir de noche en boxers aunque su aspecto fuera lo último en la lista de sus prioridades.

Calzando el par de tenis desgastados de Yuu, tras ser los primeros que encontró -ya que su novio no parecía saber lo que era el orden y estaban abandonados en el suelo- y con su pequeña coleta baja, el rubio salió del departamento para poder buscar a su problemático chico.






La jornada de su guardia había pasado muchas horas atrás y a pesar de que se encontraba cerca del hospital, no estaba dentro de él y por tanto, aquello contaría como una falta que tendría que reponer en los siguientes días.

Yuu frotó uno de sus ojos y pasó la página del libro que tenía sobre la mesa.

Otros chicos se encontraban en la gran biblioteca de la escuela tal como el pelinegro hacía, los demás estudiantes usaban los libros de las largas estanterías y las computadoras disponibles para poder estudiar. Cada persona atenta en sus propios asuntos sin molestar a nadie más.

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