CAPITULO 29: EL INICIO DEL FINAL

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De vuelta en el hospital, Yoichi podía casi asegurar que vivía en él. Curiosa y afortunadamente, la experiencia de ser paciente le ayudaba mucho a la hora de ejercer su profesión durante las prácticas.
Siempre existían detalles que podía mejorar, palabras de aliento por decir o sonrisas amables por ofrecer.

La desgracia te volvía más humano; una vez que superabas la oscuridad a la que sucumbías.

El hospital tenía menos personal pues muchos de los alumnos que se graduaban debían estar preparando sus últimos ensayos, dando los últimos papeles o estudiando para el examen nacional que decidiría si podrían hacer una especialidad o no.

Ahora, la generación de Yoichi era la última y próxima en salir en poco tiempo. La secuencia continuaba y en menos de un año ellos también estarían pasando por lo mismo.

El castaño bebió de su termo mientras terminaba de llenar un historial tras haber checado a uno de sus pacientes por segunda vez en la mañana.
Estaba cansado y deseaba dormir, pero sabía que su ausencia por el accidente había agregado horas de trabajo a sus amigos y quería corresponderles al ayudarles a terminar sus propias horas. 

Ayudaba en lo que podía, pues aún no podía hacer mucho con su pierna. Sus movimientos eran limitados y pasaba la mayor parte sentado llenando y pasando historiales médicos, revisando pruebas de laboratorio o haciéndolas. Le hacía compañía a los enfermos que permanecían en cama y de vez en cuando usaba una de sus muletas para ir de un lado a otro. Tenía como ventaja poder estudiar o hacer sus tareas finales, pero se perdía de la adrenalina cada que llegaba un caso nuevo que requería el movimiento rápido del personal.

Desde altas horas de la madrugada, muchos de los alumnos en prueba terminaban dormidos en equinas escondidas de salones que nadie usaba. Se hacían sus propios huecos debajo de escritorios o en algún pasillo donde solo el personal pasaba.
Podría ser sorprendente para los pacientes, incluso llegar a ser indignante para algunos, pero al estar del otro lado se comprendía y se sabía que era completamente normal.

Pero la guardia de la noche estaba por terminar, pronto sería su turno de salir para el cambio de personal.

Yoichi se sentía como un zombie.

Yuichiro llegó al escritorio de la recepción de urgencias donde Yoichi se encontraba y le sonrió.

―¿Cómo está todo, Yuu-kun? ― Preguntó el castaño, tallando uno de sus ojos.

―Terriblemente aburrido. ― El azabache suspiró, no estaba ni un poco cansado y decir que detestaba las noches donde no tenían trabajo estaba de más. No hacer nada solo alargaba las horas, el reloj jugaba a avanzar con extrema lentitud.

―¿Mika-kun te ha dicho algo de la especialidad que elegirá? ― Yoichi volvió a tomar de su termo. Yuu recargó sus antebrazos sobre el escritorio y ladeo su cabeza, un gesto común y distraído de su parte.

―Él quería ser oftalmólogo― Yuu señaló uno de sus ojos verdes. ―Por mí. Siempre lo quiso, desde que éramos pequeños. Mika solía repetir que iba a curarme, solo que debía esperarlo...― El pelinegro bostezó. ―Creo que eso habría tardado más.

Yoichi rió por lo bajo.

―Hemos hablado mucho de eso, Mika no sabe qué elegir ahora― continuó Yuichiro. Desde su llegada a la ciudad, con la fecha de la graduación y del examen de especialidad las charlas entre ambos se incrementaron. Antes no solían abordar tantos temas médicos, pero ahora era su día a día, el tema de conversación que siempre tenían. ―Creo que debería elegir algo como pediatría, le gusta mucho ayudar a los niños.

Yoichi asintió. Por el borde de su mirada notó un extraño movimiento frente a las puertas de la sala de urgencias.

―Kimizuki-kun me ha ido que desea dedicarse más a la investigación. Tal vez elija algo de pocos años― El castaño se encogió de hombros, a fin de cuentas sería decisión de su pareja.
El chico se levantó con un poco de dificultad y se apoyó en su muleta para mantener el equilibrio. Tal y como había previsto, al poco tiempo entró una camilla con dos paramédicos que acompañaban a una mujer.

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