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Tras varias discusiones, dos peleas, tres amenazas de cortar su amistad para siempre y risas interminables, ambos llegaron a la cima.
La amplia sonrisa de Mikaela resplandecía como... todo en él. En cambio Yuu, no dejaba de temblar.

―Mika, esto no me gusta...

―¡Debes acomodarte bien, Yuu-chan! Pero tranquilo no puedes caerte, hay espacios pequeños y grandes y tú estás en los pequeños. Mira, acuéstate

Yuichiro palideció cuando el rubio le dio un ligero empujón.

―¡Estás loco! ¡N-No!

―Yuu-chan...― Habló el rubio con la voz cansada arrastrando cada vocal de su nombre. No se había despegado ni un poco de su compañero, se mantenía casi pegado a su brazo para que supiera que ahí estaba, lo cual parecía ayudarle a Yuu, pero el niño no se calmaba ni un poquito. ―Ya se, vamos a voltearnos

―¿¡Qué!? ― El azabache parecía estar a punto de gritarle a su mamá para que fuera a salvarlo. Si no fuera por su infantil orgullo, la habría llamado un rato atrás.

―Haz lo que yo, tienes que confiar en mi como si fuéramos en una aventura y te cayeras de un barranco y yo te ayudara a subir ¿sí?

―¿Q-Que dices? ¿Un barranco? ¿Estamos en un barranco?

―No, pero ahora somos monos y debemos hacerle como ellos.

―¿Cómo Tarzan?

―Si, como Ta-... ¿conoces a Tarzan? ― La cabeza de Mikaela se ladeó al descubrir algo nuevo de su amigo. 

―¡Claro que si! ―Respondió Yuichiro cruzándose de brazos, completamente indignado. ―Es mi película favorita

El rubio no supo que responder a eso. ¿Yuu podía ver las películas, pero no todo lo demás? Qué raro.

―¿Quieres ir a ver una película en mi casa? ―Ofreció el mismo niño. Al parecer, las películas le gustaban pues la emoción le rebosaba al hablar de ellas. Eso, y quería bajar del pasamanos cuanto antes.
Que misterio para Mika.

―Sí, pero antes debes colgarte― Le insistió el rubio.

―Deja eso Mika.

―Solo debes hacer como yo, ven― Mikaela tomó la mano de Yuu y con cortas instrucciones y palabras de aliento, logró acercarlo a la orilla de uno de los tubos. Ambos se encontraban de espaldas al borde y tenían las piernas entrelazadas a las barras del pasamanos, el único paso que faltaba por darse era ir hacia atrás.

Sin soltar sus manos, Mika sonrió y miró a Yuu.

―¿Listo? ¡Por nada del mundo muevas tus pies, Yuu-chan! Aunque tengas miedo tus pies no deben moverse

―Cállate, Mika, y-yo puedo hacerlo― Dijo Yuichiro tragando saliva con duerza, preguntándose mil veces en su cabeza por qué no esperó a Guren el primer día de clases. Por qué no ignoró a ese niño. Por qué no fingió tener también sordera cuando lo llamó por primera vez. Por qué...

―¡Ahhhhh-ah-ah-aaaaaaahhhh! ― Mikaela soltó un grito chillido, imitación al grito varonil de Tarzan que sobresaltó al azabache. Sorprendentemente, cuando Yuichiro reconoció el tono en que Mika había gritado, lanzó una carcajada bastante estruendosa que logró sobrepasar el volumen del grito del rubio.

―¡No te sale, Mika!

―Yuu-chan es muy malo conmigo. ― Se quejó el ojiazul con una sonrisita en el rostro. Mika había descubierto que Yuu era muy distraído, demasiado, y que si podía distraerlo el niño era capaz de olvidar si tenía miedo, si estaba enojado, o hasta lo que estaba haciendo.

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