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―¿Cómo va la mudanza? ―La rubia se paseó por la habitación casi vacía que pertenecía a Krul. La pelirosa estaba impartiendo horas de clases para los grados que iban más bajos que su curso por lo que no se encontraba en el departamento.

Mikaela talló uno de sus ojos cansado, y se acercó a Mitsuba para contemplar la misma imagen que ella.

―Se quedará un par de noches y luego se irá. No le falta llevarse mucho― Algo que Mitsuba y Krul podían compartir en un acuerdo silencioso, era que les gustaba ver a Mikaela siendo tan cálido dentro de lo que llamaba hogar. Con unos pants grises holgados, una camiseta azul desgastada y sin zapatos ni calcetines que cubrieran sus pies, el chico disfrutaba lo más que podía esos pocos descansos que podía tener en la semana.

―¿Ya conseguiste a alguien? ―Mitsuba metió su mano distraídamente al bolsillo de la blusa blanca de su uniforme. ―¿O te quedaras solo con las dos habitaciones?

―No lo sé, no pienso mucho en ello― Con un suspiro Mika ahuyentó un bostezo. Debía cambiarse para poder recibir a Yoichi, no podía dejar que lo viera de esa forma. Tenía que dar una buena imagen.

―Seguro que no duermes por pensar en eso― Sonrió la rubia bajando un poco los extremos cercanos de sus cejas claras.

Una pequeña torre de cajas estaban apiladas junto a la puerta. Dentro del armario solo pocas prendas se veían colgadas. Ya no estaba el escritorio de Krul, no estaban sus libros aunque si cuadernos y en la cama solo tenía una almohada color morado. Era lo que quedaba de ella.

No quería que la preocupación que sentía por el rubio fuera notoria, así que intentó suavizar el tono de su voz para que Mika no se percatara de eso.

―Ne, Mikaela― Estar ante su presencia la inquietaba un poco. Sobre todo porque conocía la tormenta que azotaba tras esa máscara de tranquilidad y cansancio, la conocía mejor que nadie; pero no sabía cómo enfrentarla. Era algo que no podía dejar de pensar cada vez que lo veía a pesar de haber pasado tanto tiempo. Y ahora también se sentía culpable por haber rechazado la oferta de esa misma habitación cuando Mika le ofreció que se quedara con él. ―¿Qué harás en vacaciones? Casi parece un sueño, pero estamos a dos meses de tenerlas.

―Quedarme en el hospital

―¿No preferirías rentar ahí una habitación? En serio, te la vives ahí― Le restó seriedad al asunto soltando leves risitas y mostrando una media sonrisa.

Mika hizo un gesto que no supo interpretar. 

Sabía que no debía pensar de esa forma pero alguien realmente debía prohibirle al rubio desordenarse sus ondulaciones tan despreocupadamente con su mano derecha. Debía estar prohibido por la ley.

―Quiero seguir viendo a Akane. La verdad es que...― Dejó sus palabras al aire esperando que no hubiera necesidad de explicar el estado crítico de la pequeña castaña.

No necesitó decirlo, la expresión madura de la rubia le mandó el mensaje de que comprendía la situación. Mitsuba había ayudado a hacer el historial clínico de la pequeña en algunas ocasiones. Era un milagro que estuviera viva después de tanto.

―Bien, no te quitaré más tu tiempo. Debo hacer algunas cosas― Ambos rubios caminaron hacia la puerta. ―Si cambias de opinión dímelo, pensaba visitar a mi hermana, sigue viviendo en donde antes nosotros lo hacíamos―Mitsuba se despidió dándole un medio abrazo, rodeando el torso de Mika con su brazo derecho.

«¿Eso es todo lo que puedo hacer por él? Me gustaría que fuera, tal vez lo ayude un poco.»

Se preguntó si no era demasiado pensar en lo mismo de diez años atrás; darle vueltas al asunto de siempre una y otra vez. Mientras caminaba por los pasillos que daban a otros departamentos para salir de ellos y dirigirse a la calle, se perdió en sus pensamientos:

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