CAPITULO 9: AMANECER.

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 "Estoy afuera del departamento, espero no estés dormido. ¡Recuerda desayunar algo! Llevo veinte minutos esperando pero puedo esperar diez más si comes algo antes de salir."

La vibración de su celular no fue suficiente para despertarlo, ni de lejos para hacerle reaccionar al menos un poco.

Estaba en el suelo, dormido en una mala posición sobre varios libros y una libreta abierta. Tenía la mitad del rostro aplastada contra los resortes de la libreta, pero no parecía molestarle. El marcatextos flojo entre sus dedos tenía horas de haberse secado a falta de su tapón, y los demás plumones, lápices y plumas estaban esparcidos por la alfombra.

El estudio no salió bien.

Gimió removiéndose, haciendo crujir los huesos de su espalda por la mala posición en la que llevaba horas descansando y abrió sus ojos soñoliento.

El departamento parecía estar en orden a excepción de su lugar de estudio. Lo que significaba que seguía solo. Se sentó, apoyando su espalda contra los pies del sillón y estiró sus brazos hacia arriba, al mismo tiempo en que bostezaba. El brillo que emitía su celular indicando un mensaje reciente, llamó su dormilona atención y lo tomó.

―Diablos― Se levantó, acomodando como pudo el desorden que estaba en el suelo, preocupándose primero por los libros y las notas. ―Maldición― Chistó sus dientes corriendo a su habitación para dejar todo en su escritorio. Luego lo acomodaría después.

Tomó su mochila azul oscuro y metió lo necesario para sobrevivir durante las clases que le tocaban ese día. Sacó de su armario una sudadera roja, un par de pantalones de mezclilla y tenis para ir cómodo. A tiempo record, se desvistió sacándose el uniforme del hospital; una playera y unos pantalones de algodón de color negro con algunas líneas verdes, y vistió su ropa cómoda antes de tomar su mochila y salir corriendo.

―Diablos, diablos, diablos― Barrió con su mirada el departamento; el suelo de madera se vía limpio, no tenía manchas ni los restos de comida de la noche anterior. Los sillones grises también se veían limpios, las ventanas estaban abiertas mostrando un bonito día soleado y se veían los árboles moverse a compás del viento. Del refrigerador sacó una botella de yogurt bebible y aprovechó para revisarla; todo en orden.

Levantó su brazo izquierdo y al ver que su reloj negro marcaba las 6:49 am, dio un respingo y volvió a echarse a correr.

Como supuso, el día que apenas comenzaba se veía prometedor: se felicitó mentalmente por haberse vestido con su sudadera, pues el viento era más del que se veía detrás de la ventana. Metió una de sus manos en la bolsa de su prenda y con la otra, sostuvo la botella de yogurt para ir bebiendo de ella durante el camino.

Se sintió un poco culpable al ver la figura de un chico sentado en una banca en el parque que estaba junto a los departamentos en donde vivían. Los mechones ondulados se movían con la misma intensidad que las copas de los árboles y al parecer, el chico estaba teniendo problemas para sostener las hojas de sus libros quienes se pasaban violentamente una tras la otra, haciéndole perder la página que quería. Otra cosa que notó, fue que no llevaba suéter.

―¿Quieres resfriarte, idiota? ―Yuichiro dejó su mochila y el yogurt en la banca para poder quitarse la sudadera y se la dejó a Yoichi sobre su libro.

―Yuu-kun― El castaño parpadeó sorprendido al ver a su amigo aparecer y después tomó la sudadera. ―Y-Yo... la olvidé, estuve en la biblioteca toda la noche y no pude llegar a dormir. No sabía que el clima se enfriaría.

A diferencia de él, Yoichi si llevaba el uniforme del hospital color azul y sus tenis blancos, aun así tomó la prenda de Yuu y se la colocó antes de regresar su libro al interior de su mochila.

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