CAPITULO 23: EL BRILLO DE LAS ESTRELLAS

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La lógica de Mikaela siempre se trató de mantener sus horas ocupadas. Porque una mente ocupada no tenía tiempo de prestar atención a las emociones o a los sentimientos. Y nunca se arrepintió de sus múltiples actividades durante la semana.
Semestre tras semestre las actividades se repetían, pero nunca disminuían. Y Mika estaba bien con eso.

Hasta ahora.

Ahora se sentía agobiado y algo irritado por todas las cosas que tenía que hacer. Lo menos que quería era pasar tiempo fuera del departamento cuando sabía que Yuu estaba ahí.

Con la partida de Akane días atrás, no le quedaban muchas energías para volver con los niños del hospital. Ellos no tenían la culpa, por supuesto, y merecían sus momentos alegres que podía darles. Pero por primera vez, pensó seriamente en las palabras de Krul que siempre le repetía; "mereces un descanso"

Mientras mordisqueaba la punta de su sándwich triangular, sentado en el comedor de la cafetería del hospital, se perdió en sus pensamientos. Debía hacer algo respecto a su tiempo, necesitaba más horas libres.

La situación con Yoichi estaba completamente pausada a pesar de haber despertado un par de días atrás.
El castaño las tenía a su favor, en cuestión de clases y materias solo quedaban un par de meses para acabar todo. Sus calificaciones eran buenas y los profesores, después de enterarse del accidente, accedieron a ser flexibles con los exámenes y proyectos para el chico. Si quería pasar el año, tendría que continuar estudiando a pesar de estar en cama de hospital.

Para Yoichi estaba bien ese trato, solía aburrirse al estar solo viendo televisión. Cada mañana Kimizuki le llevaba su laptop y le avisaba sobre las tareas que debía hacer o los exámenes que estaban por venir. Entonces Yoichi se ponía a investigar y a cumplir con sus deberes.

Dentro de poco podría volver a casa, podría regresar con Kimizuki... en silla de ruedas. Pasarían meses para que pudiera usar muletas y después de eso, con ayuda de muchas rehabilitaciones, podría caminar de nuevo.

El castaño no se quejaba en lo absoluto, se sentía muy afortunado por seguir bien. O al menos, la mayoría de los días.

Sus amigos y su novio sabían suficiente de medicina para saber sobre las secuelas que tendría el menor ante el traumatismo en su cráneo, el cual fue clasificado como "moderado".

Kimizuki no era como aquellos que se dejaban llevar por los sentimientos a flor de piel. No tan fácil.
Por ello, cuando Yoichi no lo reconoció la primera vez que se vieron no se sintió tan mal. El mejor obsequio que pudo tener fue volver a ver sus ojos oliva despiertos y su nariz aleteando al respirar. Conocía los síntomas, pero le fueron recordados cuando el doctor de turno le avisó a la familia Saotome de ellos: Yoichi tendría pérdida de memoria durante lapsos, no sabían hasta qué punto recordaría o qué ignoraría, pero con el paso del tiempo la información se iría aclarando en la mente del castaño hasta volver a la normalidad con la única ausencia de información del accidente.
Sería como enseñarle a un niño pequeño desde el principio; tendrían que repetir las cosas, nombrar los objetos o inclusive los colores, si Yoichi lo necesitaba.

Podría ser irónico pero Yoichi no recordaba cosas comunes, pero la información que había adquirido tras los años de su carrera seguía intacta.
Podía recordar los nombres de todos los músculos, pero no recordaba cual era el nombre del color de su cabello.

Otra cosa que cambió fue su estado de ánimo. Estaba completamente descontrolado.
Una lesión a nivel cerebral desencadenaba múltiples reacciones, entre ellas estaba la estabilidad emocional. El castaño reaccionaba de forma extrema ante situaciones cotidianas; la mayoría de ellas era con llanto. Otras veces, la falta de emoción era alarmante y cuando eso ocurría, Yoichi solía dormir para descansar.

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